Alemania, inflexible; exige que los bancos también pierdan algo

Edición Impresa

Bruselas - La cuenta atrás es inclemente, ya que Grecia irá a la bancarrota si no recibe las ayudas de los países de la eurozona. Pero mientras la crisis se agudiza, Europa se enfrasca cada vez más en una pugna alimentada por las exigencias de Alemania.

Se trata de los detalles del nuevo paquete de ayudas por hasta 120.000 millones de euros (172.000 millones de dólares) para Atenas y de la pretendida participación de bancos y aseguradoras en los costes. El paquete es una condición necesaria para el pago del siguiente tramo de créditos a Grecia a finales de junio.

La posición de Alemania fomentó la discordia en un encuentro de los ministros de Finanzas de la eurozona en Bruselas la noche del martes. «En la sala hubo duros enfrentamientos», señaló una fuente diplomática. Tanto el titular de Finanzas germano, Wolfgang SchTMuble, como el presidente del Banco Central de Luxemburgo, se mostraron inflexibles en sus posiciones.

Medios como la conocida revista alemana Der Spiegel hablaron de una «guerra fría» entre el Gobierno de Berlín y el Banco Central Europeo (BCE). La situación escaló tanto que los ministros no fueron capaces siquiera de acordar una declaración de solidaridad con Atenas.

La solución podrá ser alcanzada quizá sólo en el encuentro de alto rango en Berlín entre la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés Nicolas Sarkozy. Los ministros de Finanzas comunitarios volverán a hablar asimismo del tema el próximo domingo 19.

En esencia, los países de la zona euro están de acuerdo en que acreedores privados deben asumir desde ahora una parte de los costes, una medida popular para aliviar al erario público. Hasta ahora sigue sin estar claro cómo se pondrá en marcha el plan.

SchTMuble quiere implicar «sustancialmente» a bancos y aseguradoras, que cambiarían así sus viejos bonos griegos por nuevos títulos con un plazo más largo de siete años. Ello descargaría a Grecia con un monto de 30.000 millones de euros y le daría más tiempo al Gobierno de Atenas para sanear sus cuentas.

Pero países como Francia no quieren sin embargo una «reestructuración suave» de la deuda griega como la que propone Alemania. El BCE no quiere además aceptar imposiciones y apuesta por una implicación voluntaria de los inversores, según las declaraciones del designado presidente de la entidad, Mario Draghi, ante la Eurocámara.

El BCE teme que el posible impago de créditos cause una reacción en cadena en los mercados financieros, así como pérdidas de valor en sus propias cuentas, ya que la entidad tiene bonos griegos por un alto valor.

Posiciones

Además de Alemania, los partidarios de una línea más dura son Holanda, Finlandia y países pequeños como Eslovaquia y Eslovenia. El ultraderechista holandés Geert Wilders fomenta en su país el rechazo a la UE, mientras el Gobierno finlandés intenta no soliviantar a los euroescépticos de los Auténticos Finlandeses tras las últimas elecciones. Eslovaquia, por su parte, argumenta con la situación de su propia economía: «No puede ser que nosotros como país pobre tengamos que apoyar a los griegos, que son más ricos».

Los países del euro, sin embargo, se tendrán que poner de acuerdo en los próximos días. El miedo a un posible efecto dominó es especialmente grande. Y grandes turbulencias en los mercados podrían arrastrar a países como Portugal e Irlanda.

Perspectiva

Es probable por ello que, pese a todos los conflictos, pronto haya un compromiso sobre la mesa. El ministro de Finanzas luxemburgués, Luc Frieden, señaló que sólo faltan por aclarar «algunos aspectos técnicos».

También Alemania ha dejado entrever que apoyaría una solución sobre una base voluntaria, según palabras del secretario de Estado de Finanzas, Steffen Kampeter. Su gobierno no hará nada que «esté en contra de la recomendación expresa del Banco Central Europeo», señaló.

Todo parece apuntar por ello a un plan similar a la llamada «Iniciativa de Viena», por la cual varios bancos se declararon en 2009 dispuestos a prolongar los plazos de pago de créditos en países del este de Europa.

El comisario de Asuntos Económicos y Monetarios, Olli Rehn, indicó que la Comisión Europea trabaja ya en un plan de ese tipo. «No estamos tan lejos de una solución como algunos creen», subrayó.

Agencia DPA

Dejá tu comentario