A la Unión Industrial Argentina (UIA) le preocupa tanto el discurso de la presidente Cristina de Kirchner como la gripe porcina. Ayer, la reunión de su junta directiva de la central fabril (su órgano más numeroso) se dividió casi en partes iguales entre el análisis de la nueva realidad política y la descorazonante reacción del Gobierno ante ella, y las medidas que deberán tomar los empresarios para tratar de evitar la catástrofe económica que provocaría una epidemia extendida en el tiempo y en el número de afectados.
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La postura -que algún miembro de la UIA calificó de «desafiante»- asumida por la primera mandataria en su contacto del lunes con la prensa causó «incertidumbre y preocupación», pero otros pidieron esperar algunos días para evaluar cómo avanzará la relación del Gobierno con la sociedad y -en especial- con el sector privado.
La asamblea no contó con la presencia de dos figuras clave de la entidad, su presidente Héctor Méndez y su vice Luis Betnaza (Techint), por lo que la conducción quedó en manos del secretario José Ignacio de Mendiguren.
Tal como adelantó este diario ayer, la desazón por el contenido de la conferencia de prensa de la Presidente campeó entre los más de 60 industriales presentes. «Se perdió otra oportunidad de cambiar el rumbo en cosas que se están haciendo mal», dijo el representante de una provincia del Norte. El delegado de una industria en la que las pymes son mayoría le respondió: «Vamos a darle algunos días para que absorban el golpe; no se les puede pedir que al día siguiente hagan todo perfecto, porque el golpe que recibieron fue durísimo...».
Alguien remarcó, sin embargo, la diferencia entre la oposición y el Gobierno: la primera buscó atemperar el efecto de la derrota, proponiendo incluso cooperar con la actual gestión; les respondieron desde Olivos con un «business as usual» que no parece condecir con el paisaje que pintó la ciudadanía el domingo pasado.
Lo cierto es que hubo consenso en que nadie sabe cómo evolucionará la situación política en lo inmediato. «Esperemos que llamen al diálogo; nosotros estamos esperando ese llamado», le dijo De Mendiguren a este diario. «De todos modos, según dice el comunicado que enviamos, vamos a tratar de conversar con todos los sectores, incluyendo el Parlamento, las otras entidades empresariales, obviamente el Grupo de los 7 -del que formamos parte- para tratar de que escuchen nuestras propuestas», agregó el dirigente.
Curiosamente, en un encuentro que convocó a más de medio centenar de personas en un ámbito cerrado como el auditorio del edificio de la UIA, se habló de prevenir la gripe porcina. Con informes de infectólogos en la mano, Mendiguren propuso elaborar un instructivo y remitirlo a todos los asociados a la entidad «para que la prevención se haga ya desde la fábrica».
Varios empresarios confirmaron que el sistema sindical de sanatorios está colapsado, por lo que intentarán que sus trabajadores no concurran a los establecimientos de salud -que es donde muchos podrían contagiarse-, sino que pidan médico a sus casas. Quizás ignoran que también el sistema de atención domiciliaria está tan colapsado como el sanatorial.
Cifras reales
Hubo consenso en que las cifras reales de casos y fallecimientos son mucho más altas que las que divulgó el Gobierno hasta el sábado -por obvias razones electoralistas-, pero también en que el ausentismo todavía no es grave.
Sin embargo, la posibilidad de que se replique aquí la experiencia mexicana es una pesadilla que nadie se anima a imaginar. Ese país cerró todo (comercio, producción, educación, esparcimiento) durante diez días. Y si bien el verano morigeró hasta casi hacer desaparecer el brote de gripe porcina, los efectos sobre la economía fueron devastadores y todavía perduran: no sólo el turismo aún no regresó (se estima que cayó un 50% en relación con épocas normales), sino que la gente todavía no sale del pánico y se resiste a volver a lugares públicos, como cines, comercios, restoranes y shopping centers.
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