31 de marzo 2014 - 00:23

Altas y bajas, una versión del darwinismo peronista

• La espada del cupo.
• Un mal cierre siempre termina mal.
• El tiempo, en contra

Raúl Othacehé, Fernando Espinoza y Juan Manuel Abal Medina
Raúl Othacehé, Fernando Espinoza y Juan Manuel Abal Medina
La traición y el despoder, como variables en una biología del poder, sostienen el darwinismo peronista. Un fugado oportuno, Raúl Othacehé, y un expulsado opaco, Juan Manuel Abal Medina, facilitaron el reordenamiento natural que, sin esos componentes, un PJ sin jefe difícilmente pudo haber encaminado.

El cupo femenino, formato que el peronismo impulsó y usufructuó -el álbum de esposas, hijas y afectos es infinito- ronda, hace tiempo, como una acechanza. En 2008. Alberto Balestrini hizo malabares para sofocar una rebelión de mujeres, entre las que estaba Marcela Durrieu, suegra de Sergio Massa, que reclamaban que se respete el tercio de damas en la cúpula partidaria.

Balestrini entregó una matemática brumosa, pero que satisfizo al juez Manuel Humberto Blanco quien no objetó entonces, lo que ahora le objeta a Fernando Espinoza. El matancero hereditario debe, muy dentro suyo, agradecer el salto de Othacehé hacia el massismo y la salida silenciosa de Abal Medina del gabinete cristinista porque eso le permitió hacer los huecos para incorporar damas y cumplir con el tercio femenino.

Ecos

El problema latía desde el año pasado. Durante el cierre de listas de noviembre, Espinoza se vio forzado a prometer que ampliaría de cuatro a seis el número de consejeros titulares para que los acuerdos seccionales cierren sin sangre. Para la cuenta femenina, hizo el mismo ensayo de simulación. En el Congreso del PJ, en diciembre pasado, no avanzó con aquella promesa trasnochada de ampliar el número de consejeros -algo que le facturarán- pero Blanco, que lee papeles y no promesas, le faxeó una advertencia que si no era acatada podría derivar en la suspensión de las internas de fines del año pasado.

Sin la salida de Othacehé -que fue borrado y en su lugar subió Stella Maris Giroldi, de Campana, filomassista- y el despoder de Abal Medina -en su casillero entró Fabiana Bertino, neocamporista ligada a Fernando Gray-, Espinoza quizá no hubiese podido ajustar las piezas para contentar a Blanco y ponerse en línea con la ley del cupo.

Por la Segunda subió Marina Moretti en lugar de Aldo Carossi, que ya en noviembre había ofrecido su lugar para facilitar un pacto entre las dos porciones seccionales de la Segunda que todavía siguen en guerra santa -fue la única región que no se reunió con Julio De Vido- y se sacrificó a una dama gremial, sin domicilio bonaerense, que se compensa con la inclusión de Andrea García, diputada y juliandominguista. La quinta mujer la pagó el neocamporismo: César Valicenti, diputado de la Séptima sección, cayó al fondo de la boleta para que suba Gloria Argañaraz, una dirigente clásicamente peronista.

El episodio del cupo, que sirvió aplicó el darwinismo peronista, anticipa otra tirantez. Espinoza es la única autoridad del Consejo del PJ porque los demás cargos, otros 47, todavía no se completaron.

Más se demora ese proceso, más complejo se vuelve. Secretamente, al juzgado de Blanco se llevó la lista de congresales nacionales que a mano alzada se votó en el Congreso de diciembre pasado -la encabeza Scioli, le dieron un premio consuelo a Abal Medina y la integran, entre otros, Florencio Randazzo, Julián Domínguez, Diego Bossio, Mario Oporto, Carlos Kunkel, entre otros- que participará del buró peronista del PJ nacional el próximo 9 de mayo.

El peronismo bonaerense se ramifica en candidatos y tribus -alumbraron Los Okutbres, el G30, bulle la riña entre Mariotto e Insaurralde, sigue Randazzo y Domínguez, el sciolismo con sus propios planes, Bossio y su plan 2015- lo que hará, a futuro, cada vez más complicado lograr equilibrios y convivir con los celos y los estrellatos.

Espinoza, como jefe a cargo, es quien debe además administrar las cargas. Operó como árbitro entre los caciques territoriales y La Cámpora aunque, al final, la agrupación juvenil cobró más de lo que todos suponían. Los intendentes esperan ahora otro rol del matancero.

Dejá tu comentario