Andrés Calamaro reiteró su ritual ante 30.000 fieles

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«Obras incompletas». Andrés Calamaro (voz y guitarra). D. García, G. Avelló y J. Kanievsky (guitarras), T. Dávila (teclados), C. Caramelo (bajo), J. Bruno (batería), C. Sbarbati y D. Suárez (coros). (Club Ciudad de Bs. As.)

Andrés Calamaro reiteró el sábado el ritual que por cuarto año consecutivo realiza cada diciembre en el Club Ciudad para despedir el año y reunirse con un público masivo que lo sigue, sin importarle que no saque discos nuevos mientras aporte versiones reinventadas de su vasta discografía.

Así, este show ofreció un repaso por toda su carrera, que en rigor se trata de su último lanzamiento: el set «Obras incompletas» (un libro, dos DVDs y 6 CDs). Tanto en esa obra como en su recital ofrece covers de los Rolling Stones a Gardel, y los hits de siempre. Pero lo que explica que 30.000 personas se hayan congregado el sábado a verlo, con entradas que se agotaron en pocos días, es el carisma del músico y sus letras y la excelencia de la banda con que se rodea.

El concierto abrió con «Jumpin Jack Flash» de los Rolling, siguió con «El Salmón» y en tercer lugar sonó el himno «Mi enfermedad». Luego llegó la introducción de «Money For Nothing de Dire Straits para combinarla con «Brindo por las mujeres». Siguió con «Mil horas» de los Abuelos de la nada y un esquema de concierto con clara vocación de recopilar y homenajear.

Los recitales de Calamaro alternan buena música con largos discursos del artista: puede recordar detalles simpáticos de las vidas de Juan Carlos Cobián y Enrique Cadícamo como preludio a «Los Mareados», hasta pronunciarse a favor de la pena de muerte para represores porque «no tiene que venir Manu Chao a contarnos qué pasó acá». O quejarse porque los vecinos de Palermo amenazan por los decibeles (tras el Pepsi Music se prohíbe allí más de un show por fin de semana). Esa fue la razón por la que no se pudo agregar una segunda función en ese predio, y ante las entradas agotadas, tocó ayer a la noche pero en el Luna Park.

No faltó el repudio de Calamaro hacia el nuevo ministro de educación porteño, Abel Posse, pero se esperanzó con un «Argentina, vamos a salir de ésta, amo Buenos Aires y a su gente». También hizo catarsis cuando dijo que él sería un rockero con o sin el público, pero «sin ustedes hoy estaría pidiendo empanadas o viendo Dr. House».

Presentó al primer invitado, Adrián Dárgelos, de «Babasónicos» a quien describió como «la inteligencia total», cosa de la que no cabe duda si se repara en su capacidad de vender discos o entradas. Dárgelos fue menos celebrado por el target Calamaro que los músicos que siguieron en la lista de invitados: Fito Paéz, con quien cantó «Crímenes perfectos» y Vicentico, para una canción «inspirada en la música de damas gratis», «Tuyo Siempre».

Los diferentes estilos y climas del show tuvieron un punto alto con el momento tanguero, para el que Calamaro buscó su mate y dedicó a Mercedes Sosa y Violeta Parra, «Gracias a la Vida». Más tarde llegó «Naranjo en Flor», acompañado por «les chansonniers» «Cóndor» Sbarbati y Dany Suárez, de la Bersuit. Pasaron los clásicos «Por mirarte», «Me arde», «Alta suciedad», «Palabras más palabras menos», «Volver» y el cierre con «Flaca». Para los bises regresó Páez y regalaron al público «Paloma», la canción que el público venía coreando a capella, Y como quien no quiere la cosa, simularon una «zapada» espontánea y la mezclaron con «Everything is Gonna Be All Right», de Bob Marley.

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