Las acciones de las cotizantes más pequeñas suele negociarse en mercados no demasiado líquidos. Por ello podrían subir o bajar más rápidamente que sus pares más grandes en los períodos alcistas o bajistas, por lo que algunos inversores las utilizan como señales de lo que está por venir. Así, el cierre de ayer del Russell 2000 marcando un máximo histórico en 1.083 puntos, es visto como una muy buena señal por los que siguen esta "regla". Lo cierto es si miramos los otros grandes índices, el S&P 500 quedó un 1,9% debajo de su máximo histórico del 18 de septiembre (1.725,52 puntos), el Dow de la mano del 0,41% que recuperó al cerrar en 15.191,7 puntos quedó un 0,3% debajo de su propio récord (18 de septiembre en 15.676,94 puntos) y el Nasdaq marcó un nuevo máximo para los últimos 13 años. Es interesante que el argumento más esgrimido para justificar la suba fue: "el cierre del Gobierno será por poco tiempo". Quien esto escribe no tiene la menor idea si será así o no, pero aun cuando esto no ocurra y sean ciertas las estimaciones que hablan de una caída del PBI de u$s 17.000 millones por semana de cierre, es evidente que los inversores no están demasiado preocupados. Es que si bien el "closeout" del ejecutivo es extremadamente negativo para el cerca de un millón de personas cuyo empleo sería afectado, para los actores del sistema financiero es una "bendición". Mientras dure la pelea en el Congreso, se retira el mayor tomador de dinero del mercado, lo que aseguraría dinero "fácil", en tanto el "achique" del PBI, mayor al frustrado "tapering" de la Fed haría lo propio con una baja inflación. La próxima escaramuza, por la ampliación al límite del endeudamiento federal, tal vez cambie el escenario.
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