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Ante un Kirchner más débil, alcaldes piden más poder
Hugo Curto, Baldomero Alvarez, Julio Pereyra, Francisco Gutiérrez y Darío Pérez Díaz
El engendro lo alumbró en los 90 Eduardo Duhalde pero la máxima expresión se alcanzó en 2007 con el guiño de Néstor Kirchner. Las listas colectoras fueron un factor inmanente al kirchnerismo que lo estrenó en 2005 y lo expandió el año pasado para acrecentar el arrastre de votos de abajo hacia arriba para alejar el riesgo de un ballottage para Cristina de Kirchner. Esa mecánica, que permitió el triunfo de Gutiérrez en Quilmes, Gray en Echeverría y Darío Pérez Díaz en Lanús, entre otros distritos, tiene fecha de vencimiento si los alcaldes imponen su criterio. Hay un argumento: en 2009, el caudal de votos será menor y dividirlo en varias listas, los podría enfrentar a derrotas locales o, más pragmáticos, hará peligrar el dominio de los concejos deliberantes.
A diferencia de Duhalde, que «incluía» figuras propias pero les cedía el diseño final de las boletas, con Kirchner los intendentes perdieron casi plenamente la incidencia en la elaboración de las listas de legisladores provinciales, en las que el ahora jefe del PJ nacional incorporó dirigentes sueltos, piqueteros y antiguos setentistas relegando a los delegados de los intendentes y, además, «desarticulando» los acuerdos seccionales. La anécdota recuerda a un intendente de la Primera Sección que tras pasar por la Casa Rosada, se sentó ante sus pares y mostró toda tachada de rojo y modificada en más del 80%, la «propuesta» que habían negociado entre sí los caciques territoriales. En 2009, los alcaldes quieren volver a la era Duhalde -por momentos añorada- y recuperar la lapicera en el diseño de esas listas.
Sin pretender una influencia definitiva -se asume como «entendible» que el Gobierno nacional tenga decisión sobre quiénes serán sus diputados en el Congreso- también pretenden poder «opinar» sobre la boleta de diputados nacionales que en las últimas dos elecciones fueron hechura absoluta de Kirchner. Respecto de la lista de diputados hay visiones diferentes entre los que apoyan a rajatabla una candidatura del patagónico como primer diputado y los que presumen más oportuno un candidato menos conflictivo. El nombre invocado es el de Sergio Massa.
En paralelo a la recuperación de la facultad para decidir sus listas, los alcaldes consideran que deben retomar un margen de autonomía local para adaptar, según el mercado electoral en el que se muevan, la estrategia política. Abundan, por caso, los pedidos de contar los boletas municipales propias y apartadas de la lista nacional. De ese modo, argumentan, pueden retener votos para los distritos en sectores críticos del Gobierno nacional. Por esa vía, se mantiene la fortaleza de los municipios, sostienen sabedores de que Kirchner no avalará esos movimientos.
El último punto se asemeja, pero en la cuestión operativa, a las demandas ligadas a la determinación política. Los intendentes quieren concentrar el manejo de todos los planes sociales -en los últimos años debieron compartirlos con grupos piqueteros kirchneristas- y también incidir directamente sobre los planes y programas de obra pública, mecánica que coordinaron con José López en otros tiempos, pero que se deterioró en los últimos meses sobre todo a partir que se frenaron los pagos y certificados de obra.
Escenario complejo
Mezcla de deseo y reclamo, los planteos de los alcaldes aparecen en escena ante un escenario electoral en la provincia de Buenos Aires que se proyecta complejo para el oficialismo pero que, a su vez, supone uno de los espacios donde Kirchner ve más cercano un triunfo.
El otro elemento difícil es a través de quién y en qué términos los intendentes le trasmitirán a Kirchner sus pedidos. A pesar que el ex presidente dialoga periódicamente con varios -Curto, Pereyra, Alberto Descalzo, Mario
Ishii, Baldomero «Cacho» Alvarez- evita las juntas masivas donde puedan surgir demandas globales.


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