10 de enero 2013 - 00:00

Antes del arribo, maniobra riesgosa en alta mar

Oscar Parrilli
Oscar Parrilli
Escoltada por las corbetas Espora y Granville, la fragata Libertad entró a Mar del Plata en el acto de recibimiento más politizado que se recuerde a partir de 1963, cuando comenzó con los periplos de instrucción de guardiamarinas. En la tarde del martes, los 69 jóvenes oficiales navales que vieron truncado su viaje en Ghana tras la decisión de la Justicia de ese país de hacer lugar a un embargo del fondo especulativo NML-Elliot, embarcaron en el velero escuela luego de ser trasbordados desde la corbeta Granville. La maniobra, que implicó cierto riesgo porque se hizo con ambos buques «amadrinados» en alta mar, a 10 millas de cabo Corrientes, permitió, al menos, cumplir con el rito de culminación del viaje, que es descender del navío con la ansiedad del reencuentro familiar en el puerto.

A las 18 en punto, el velero blanco pasó la primera amarra, un largo de proa, terminología marinera que refiere al cabo que aproxima el navío al muelle a una distancia que facilita lanzar el resto de la cabuyería y completar el atraque. Órdenes dadas con pito marinero, un extraño silbato que con distintos toques movilizaba a la marinería en cubierta, dieron por finalizada la maniobra.

En esos instantes los ojos de los tripulantes estaban fijos en las sillas blancas acomodadas para los familiares dentro del perímetro de alambre que separa la base del espacio público. Hubo quejas porque a algunos los ubicaron en lugares relegados del acto. Detrás era un enjambre de banderas, globos, pancartas y consignas de las agrupaciones políticas afines al kirchnerismo. Marcado contraste entre quienes llegaron para recibir a los marinos del XLIII Viaje de Instrucción tras la odisea ghanesa y quienes fueron convocados a un megaoperativo de apoyo a la política de confrontación de la Casa Rosada con los fondos buitre.

Durante el lapso de la maniobra de ingreso al puerto y posterior atraque la Armada hizo lo que sabe, organizar la recepción con la formalidad castrense: la subida a los palos de los gavieros vestidos con uniforme de época, la banda militar que tocó «Valiente muchachada de la Armada», y también mechó demostraciones de buzos tácticos que se lanzaron en el espejo de agua de la base desde un helicóptero Sea King, matrícula 2H-241. Algunos confundieron vuelos acrobáticos de tres aviones Rans de la escuadrilla Hangar del Cielo del piloto César Falistocco con aparatos de la Fuerza Aérea, que estuvo ausente del festejo militar. Esos aeroplanos formaron parte del armado festivo que pagó el secretario general de la presidencia, Oscar Parrilli, a un costo cercano a los 2.500 dólares por avión.

El titular de la Armada, Daniel Martín, tuvo otra alegría además de la recuperación de la Libertad: la Presidente firmó el Decreto Nº 2.596/2012, publicado ayer en el Boletín Oficial, por el que se dispone el ascenso a la máxima jerarquía, almirante. La Comisión de Acuerdos del Senado había dado su aprobación al pliego de ascenso y el trámite se demoró en Presidencia hasta ayer. Martín fue ascendido con fecha retroactiva al 16 de octubre del año pasado, llegó a la conducción tras la renuncia del almirante Carlos Paz, ocurrida por la crisis de la detención de la fragata en Ghana. Sectores de la Marina que critican la gestión del Gobierno apuntaron que esa demora muestra el interés de la Casa Rosada por las cuestiones castrenses: «Se firmó el decreto de apuro cuando se dieron cuenta de que la fiesta política de la entrada de la fragata se daba con el trámite del ascenso irresuelto», agregaron esas fuentes.

La fragata Libertad permanecerá amarrada en el puerto local hasta la última semana de enero, es la orden que recibió el capitán de navío Pablo Salonio, comandante del buque-escuela. Luego partirá para tareas de mantenimiento y reparaciones menores que se cumplirán en Buenos Aires y en la Base Naval de Puerto Belgrano.

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