11 de enero 2013 - 00:00

Antes que drama histórico, un retrato de rivalidad conyugal

Leonor Manso es quien mejor entendió la multiplicidad de registros actorales de su rol de reina de la barbarie, y Daniel Fanego es un adecuado partener como un Enrique II tramposo y voluble.
Leonor Manso es quien mejor entendió la multiplicidad de registros actorales de su rol de reina de la barbarie, y Daniel Fanego es un adecuado partener como un Enrique II tramposo y voluble.
«El león en invierno» de J.Goldman. Dir.: P. AudiInt.: L. Manso, D. Fanego y elenco. Esc.: A. Audivert. Vest.: J. Suárez. Luces: L. Rodrí(Teatro Regina).

Aunque la acción transcurra en la Edad Media y sus protagonistas hayan hecho Historia, esta pieza de los años60 describe, ante todo, el feroz enfrentamiento de un matrimonio que se debate entre el amor y la rivalidad.

La pieza podría haberse titulado «¿Quién le teme a Leonor de Aquitania?», como bien señaló un crítico norteamericano en alusión a la pieza más famosa de Edward Albee («¿Quién le teme a «Virginia Wolf»?).

Es una pareja apasionada, disfuncional y ajena a toda moral, casi un producto de la rebeldía sesentista. Aunque su caso tampoco desentonaría en un reality de hoy.

Al iniciarse la acción, Enrique II de Inglaterra y Leonor de Aquitania llevan varias décadas de matrimonio. Pero desde hace diez, ella está en «prisión domiciliaria» por haberse levantado en armas contra su esposo.

Ya en el plano de la ficción, Enrique la invita a reunirse con él y con sus tres hijos varones para decidir quién lo sucederá en el trono y negociar también la entrega de Aquitania, evitando así la división de su imperio. Pero, una vez más no logran ponerse de acuerdo: Leonor apoya a su hijo mayor, el belicoso Ricardo «Corazón de León», mientras que Enrique prefiere a Juan, el más joven y torpe de sus hijos. Y hay otros personajes medrando por sus intereses: Godofredo, el típico hijo del medio que acusa el síndrome de no ser tenido en cuenta por nadie; el jovencísimo rey de Francia, Felipe II y su hermana Alix (amante de Enrique II y candidata a casarse con el próximo heredero al trono).

La red de maquinaciones e intrigas que sostiene a la obra sirve de marco para lo que realmente importa: el peligroso juego de poder y seducción que subyuga a la pareja real.

«El león en invierno» es una comedia ácida, donde las traiciones, la crueldad y el desamor de los que quieren perpetuarse en el poder -utilizando a sus hijos como piezas de un tablero- llegan a escena con humor e ironía.

La puesta de Pompeyo Audivert resulta algo literal en su reconstrucción de época y no profundiza en el divertido juego de anacronismos que propone el autor, con sus citas burlonas (Enrique se compara con «Rey Lear», alguien denuncia un complot a lo Hamlet) y la idea de que todos están representando una escena. Ya que nadie se priva de engañar a sus contricantes y aliados con recursos de índole teatral.

La falta de aplomo de los intérpretes más jóvenes dificulta el juego escénico (a excepción de Sergio Surraco que es un actor experimentado).

Quien mejor ha entendido esta multiplicidad de registros actorales es Leonor Manso que luce atrevida, alocada e «inimputable» en su rol de reina de la barbarie. Cuesta creer que esa misma mujer haya favorecido la música y la poesía en su Corte de Poitiers, pero ésa ya es otra historia.

Daniel Fanego es un adecuado partener y anima con simpatía a este rey tramposo y voluble. Ambos actores son los dos pilares de esta versión.

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