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Anton Chejov, con la mirada en el pasado argentino
DIÁLOGO CON MARCELO SAVIGNONE, DIRECTOR DE "MIS TRES HERMANAS" - El personal director e intérpete completa una trilogía de adaptaciones del dramaturgo ruso, esta vez con una mirada sobre los dolorosos años setenta.
Savignone. “La acción se inicia donde termina la obra original de Chejov. Las hermanas son interpretadas por dos actrices en distintas épocas”.
P.: ¿Está más acentuado lo social o la intimidad familiar?
M.S.: Yo anclé la obra en el vínculo entre las hermanas. La acción se desarrolla como en la obra original, pero condensé todas las intervenciones del hermano en los últimos veinte minutos de la puesta. Cuando él aparece para el cumpleaños de Irina sorpresivamente, tiene un soliloquio muy revelador acerca de la dictadura, en donde pregunta: ¿Qué hicimos nosotros durante el incendio? y responde: "Yo tocaba la guitarra y festejaba el Mundial".
P.: Casi en simultáneo a esta trilogía chejoviana, usted creó otra más ligada al humor y al teatro físico...
M.S.: Así es. Esa trilogía está integrada por "Sincro"; "Vivo" y "Ahora", que reestrenaré en febrero y es mi homenaje a la Comedia del Arte vista desde hoy. Todos los personajes -Arlequino, Pantaleón y demás- tienen identidad latinoamericana. Me acompaña en batería el músico Víctor Malagrino y cada función es diferente porque improvisamos.
P.: Le sigue gustando el vértigo...
M.S.: Entre 1996 y 2004 hice improvisación con la compañía Sucesos argentinos. Era un grupo de artistas potente y estudioso, lo pasábamos bien en escena. Improvisar es un salto al vacío extraordinario. A mí me hace bien, me balancea, porque la improvisación me conecta con algo más lúdico y espontáneo, sin tanta reflexión, que me ayuda a mantener la vitalidad de mis espectáculos más armados. Y a la vez las obras milimétricamente construidas, como "Mis tres hermanas", me ayudan a darle una estructura a mis obras más de improvisación. Yo hago teatro porque leí a Shakespeare y también porque una vez me puse la máscara de Arlequino. Cuando uno improvisa, hay algo que se activa en el cuerpo y toma la información del momento. Uno entra en una zona de juego que es muy poderosa. Es como ese instante en que Messi en vez de patear por arriba de la barrera patea por abajo, como si pudiera adelantarse un segundo a cualquier decisión pensada. Algo de eso se despierta intuitivamente en el actor. No es casual que cuando se estrena una obra, hay otras rondando el mismo tema.


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