17 de octubre 2016 - 22:04

Anton Chejov, con la mirada en el pasado argentino

DIÁLOGO CON MARCELO SAVIGNONE, DIRECTOR DE "MIS TRES HERMANAS" - El personal director e intérpete completa una trilogía de adaptaciones del dramaturgo ruso, esta vez con una mirada sobre los dolorosos años setenta.

Savignone. “La acción se inicia donde termina la obra original de Chejov. Las hermanas son interpretadas por dos actrices en distintas épocas”.
Savignone. “La acción se inicia donde termina la obra original de Chejov. Las hermanas son interpretadas por dos actrices en distintas épocas”.
En su personal adaptación de "Tres hermanas", el actor y director Marcelo Savignone trasladó el drama de Anton Chejov a la Argentina de los años 70. Condensó la acción en una hora veinte, pero sin afectar la estructura de la obra. "Mis tres hermanas. Sombra y reflejo" es su tercer espectáculo inspirado en la obra del gran escritor y dramaturgo ruso, después de "Un Vania" y de "Ensayo sobre La Gaviota". "El material está ubicado en nuestro presente", dice Savignone. "Son mujeres ya maduras que recuerdan su juventud asociada a una década oscura y sangrienta en la que se codearon con militares y represores. Por eso, cuando Chejov menciona al Coronel Prozorov, a nosotros se nos abre todo un mundo y una etapa de nuestra historia que no estamos dispuestos a olvidar".

La obra se exhibe en La Carpintería (J. Jaurés 858) los domingos a las 17.30, e integran el elenco Merceditas Elordi y Belén Santos (Irina); Mercedes Carbonella y Sofía González Gil (Masha); Andrea Guerrieri y Marta Rial (Olga) y el propio Savignone en el papel de Andrei, el único hermano varón. Dialogamos con él:

Periodista: Háblenos de su versión.

Marcelo Savignone: La acción se inicia cuando la obra de Chejov termina. Vemos a las hermanas cuarenta años después recordando su juventud a través de flashbacks. Por eso el elenco femenino está duplicado. Ellas aparecen en la actualidad y en el pasado.

P.: ¿Qué lectura hizo de la dictadura militar?

M.S.: Yo tenía tres años cuando se produjo el golpe. Y aunque no tenga memoria directa de lo que sucedió, el tema nunca me fue indiferente. Esto es lo que me apasiona de la creación; se enciende un tema que no viví plenamente pero que nos termina involucrando a todos. Investigué mucho y me empapé del clima de época gracias al testimonio de mis actrices. En los 70, tres de ellas eran veinteañeras como Irina, Olga y Masha. Si bien el texto de Chejov sigue presente, hemos ubicado el acostumbramiento a la infelicidad, la frustración y demás temas en el contexto argentino. También aquí pertenecen a la alta burguesía, a un círculo social perdido en las apariencias y el qué dirán. Siguen en la infatigable tarea de echar culpas y lo único que logran con eso es postergar sus sueños. Recién toman conciencia de su posición cuando se produce un gran incendio en el pueblo durante el tercer acto. Nosotros tomamos ese incendio como metáfora del golpe militar.

P.: ¿Está más acentuado lo social o la intimidad familiar?

M.S.:
Yo anclé la obra en el vínculo entre las hermanas. La acción se desarrolla como en la obra original, pero condensé todas las intervenciones del hermano en los últimos veinte minutos de la puesta. Cuando él aparece para el cumpleaños de Irina sorpresivamente, tiene un soliloquio muy revelador acerca de la dictadura, en donde pregunta: ¿Qué hicimos nosotros durante el incendio? y responde: "Yo tocaba la guitarra y festejaba el Mundial".

P.: Casi en simultáneo a esta trilogía chejoviana, usted creó otra más ligada al humor y al teatro físico...

M.S.:
Así es. Esa trilogía está integrada por "Sincro"; "Vivo" y "Ahora", que reestrenaré en febrero y es mi homenaje a la Comedia del Arte vista desde hoy. Todos los personajes -Arlequino, Pantaleón y demás- tienen identidad latinoamericana. Me acompaña en batería el músico Víctor Malagrino y cada función es diferente porque improvisamos.

P.: Le sigue gustando el vértigo...

M.S.:
Entre 1996 y 2004 hice improvisación con la compañía Sucesos argentinos. Era un grupo de artistas potente y estudioso, lo pasábamos bien en escena. Improvisar es un salto al vacío extraordinario. A mí me hace bien, me balancea, porque la improvisación me conecta con algo más lúdico y espontáneo, sin tanta reflexión, que me ayuda a mantener la vitalidad de mis espectáculos más armados. Y a la vez las obras milimétricamente construidas, como "Mis tres hermanas", me ayudan a darle una estructura a mis obras más de improvisación. Yo hago teatro porque leí a Shakespeare y también porque una vez me puse la máscara de Arlequino. Cuando uno improvisa, hay algo que se activa en el cuerpo y toma la información del momento. Uno entra en una zona de juego que es muy poderosa. Es como ese instante en que Messi en vez de patear por arriba de la barrera patea por abajo, como si pudiera adelantarse un segundo a cualquier decisión pensada. Algo de eso se despierta intuitivamente en el actor. No es casual que cuando se estrena una obra, hay otras rondando el mismo tema.

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