Anuncia hoy Obama el inicio de la retirada de Afganistán

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Washington - Barack Obama dará hoy el primer paso para una retirada militar de Afganistán, que incluirá el regreso de 30.000 efectivos antes del fin del año próximo, anticipó ayer la cadena CNN citando fuentes de la Casa Blanca. Actualmente hay apostados unos 100.000 militares norteamericanos en ese país, y el mandatario necesita comenzar a cumplir su promesa de sacar a Estados Unidos del conflicto para fortalecer sus posibilidades en la carrera por su reelección, que se jugará en noviembre del año que viene.

A fines de 2009, Obama envió 30.000 soldados más a Afganistán para hacer frente a la creciente violencia de los rebeldes ultraislamistas talibanes, pero, para mitigar el impacto de la escalada en una guerra que ya en su campaña electoral se había comprometido a cerrar, prometió que a partir de julio de 2011 «nuestros soldados comenzarán a regresar a casa».

Ahora este mismo número se reducirá gradualmente hasta fines del año próximo, de acuerdo con la CNN.

Según la información, antes de fin de año saldrán de Afganistán 10.000 soldados (5.000 de ellos incluso el mes que viene) y antes del cierre de 2012 la cifra se elevará a 30.000.

El portavoz de la Casa Blanca, Jay Carney, explicó el lunes que el mandatario aún no había tomado ninguna decisión definitiva sobre reducciones de tropas, pero que se encontraba en la fase final de su análisis. Ayer, con todo, se informó que Obama dará hoy a las 20 hora local un esperado discurso con definiciones sobre la cuestión, casi diez años después del comienzo de la guerra desatada por los atentados del 11 de septiembre de 2001, para esbozar una estrategia de salida. Algo fundamental para contrapesar la persistencia de las dificultades económicas del país y la falta de empleo, factores que, de no mejorar, pueden jugarle en contra en la cita electoral.

El Wall Street Journal afirmó el viernes que el Pentágono había pedido al mandatario demócrata mantener la presencia de los 100.000 soldados, sin retiradas, hasta el otoño boreal de 2012. Pero eso implicaría un costo político para el presidente.

Obama se ha reunido regularmente con su equipo de seguridad nacional, y recibió el miércoles de la semana pasada en la Casa Blanca a su comandante militar en el terreno, el general David Petraeus.

La decisión de Obama deberá resolver una ecuación compleja: no comprometer los progresos «frágiles y precarios» registrados en el terreno, según la propia confesión del Gobierno, pero también tomar en consideración la opinión pública.

Obama debe convencer a los norteamericanos de que la guerra afgana no será eterna. La cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) realizada en Lisboa a fines del año pasado ya había ratificado el principio de una transferencia de las responsabilidades de seguridad a las fuerzas locales en 2014 (ver nota aparte).

Los efectivos del Ejército estadounidense en Afganistán se han casi triplicado desde la llegada de Obama al poder, en enero de 2009. El presidente ha insistido en la necesidad de impedir que Al Qaeda haga nuevamente pie en el país para usarlo de base a fin de atacar otra vez suelo estadounidense.

Pero más y más voces se levantan en el Congreso para exigir el fin de las operaciones, cuyo costo se evalúa en unos 10.000 millones de dólares por año, en particular desde la muerte del líder de Al Qaeda (La Base), Osama bin Laden, durante un operativo comando norteamericano el 2 de mayo en el vecino Pakistán.

Como durante la elaboración de su estrategia en Afganistán, anunciada a fines de 2009 tras casi tres meses de consultas, Obama deberá tomar en consideración las relaciones entre Washington e Islamabad, que la Casa Blanca califica de «esenciales, pero complicadas».

Al menos una parte de los miembros de los poderosos servicios de inteligencia paquistaníes son sospechosos de colusión con extremistas islámicos, que utilizan las regiones tribales del noroeste de Pakistán, fronterizas con Afganistán, como bases de retaguardia de la insurrección.

El esperado anuncio de Obama tendrá lugar asimismo con el fondo de crecientes tensiones con el presidente afgano, Hamid Karzai, que no ha ahorrado palabras recientemente contra las fuerzas extranjeras, obteniendo una réplica tan rara como firme del embajador norteamericano saliente, Karl Eikenberry.

En paralelo, Washington trilla también la vía diplomática para salir del pantano de Afganistán. En ese sentido, el jefe del Pentágono, Robert Gates, dijo que podrían pasar meses antes de que los esfuerzos por mediar un acuerdo de paz entre el Gobierno afgano y los talibanes arrojen resultados.

Gates, quien dejará su cargo a fines de mes, admitió que hubo contactos entre Estados Unidos y los talibanes en las últimas semanas, dirigidos por el Departamento de Estado.

Agencias DPA, EFE, AFP y Reuters, y Ámbito Financiero

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