31 de diciembre 2009 - 00:00

Areco: baja el agua y las familias vuelven a casas

Los vecinos pudieron comenzar a limpiar sus casas cubiertas de lodo producto de las fuertes lluvias que castigaron a San Antonio de Areco desde el jueves pasado.
Los vecinos pudieron comenzar a limpiar sus casas cubiertas de lodo producto de las fuertes lluvias que castigaron a San Antonio de Areco desde el jueves pasado.
Una mezcla de alivio y resignación invadió ayer a los cerca de tres mil afectados por las inundaciones en la localidad bonaerense de San Antonio de Areco, ya que, al tiempo que se registró una marcada baja de las aguas, el deterioro de inmuebles y bienes quedó, en algunos casos, irreparable.

A pesar de los 40 milímetros de agua caídos en pocos minutos durante una fuerte tormenta desatada el martes por la mañana en la región, las aguas siguieron bajando y permitieron a muchos de los evacuados volver a sus casas para iniciar los trabajos tendientes a reparar lo destruido por el agua y a limpiarlas para morigerar los fuertes olores en los que quedaron imbuidas.

El fuerte sol elevó la temperatura, mientras de las casas surgía un fuerte vaho a humedad y a la descomposición, por lo que sus dueños se apresuraban a retirar todo lo que quedó inutilizado, en especial, muebles de madera, libros, ropa, colchones y alimentos que se pudrieron dentro de las heladeras.

Camiones de vialidad y tractores que arrastraban varias bateas recorrieron las calles de barro y superaron pequeñas lagunas que llegaban hasta las casas, para recoger estos residuos, sobre los que comenzaron a formarse nubes de moscas, mientras zumbantes mosquitos surgían de matorrales y recovecos húmedos.

Personal de Gendarmería, por su parte, entregó bidones de agua mineral y también baldes de plástico y cloro, que la gente mezclaba con el agua recogida de los charcos para limpiar pisos, paredes y mesadas.

En la zona céntrica ya no había agua dentro de las viviendas, aunque la humedad marcaba claramente la altura de más de un metro y medio que había alcanzado la inundación, pero en barrios del Norte y del Oeste muchos tenían «piletas» dentro de sus habitaciones.

Algunos vecinos afirmaron que hubo un relevamiento sobre sus pérdidas -que todos calificaban de «totales»- y necesidades, de parte de la municipalidad, pero otros se quejaron de que ninguna autoridad se había acercado a sus casas.

Por su parte, la Policía patrulló las calles transitables para evitar actos de rapiña, y en el barrio Don Pancho, que continuaba anegado, sólo podían hacerlo gendarmes en los gomones de esa fuerza y algún vecino en bote propio.

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