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Arrestó Alemania al notorio nazi Demjanjuk
John Demjanjuk fue trasladado en ambulancia desde el aeropuerto de Múnich hacia un hospital en esa ciudad. El ex guardia nazi argumenta que su estado de salud le impide afrontar un juicio.
Blatt esta semana recordaba en Der Spiegel la extrema crueldad de los «trawniki» ucranianos, que de presos pasaron a ser los peores torturadores del campo. El propio testigo ha admitido que no podrá identificar a Demjanjuk, puesto que, según su abogado, tras tanto tiempo no reconocería ni la cara de su padre.
La llegada a Múnich de Demjanjuk, en la lista de los últimos diez ex nazis más buscados del Centro Simon Wiesenthal, significa la derrota en la batalla de su familia por evitarle un nuevo proceso.
A mediados de abril, Demjanjuk pasó por el trance de ser sacado de su casa de Cleveland en silla de ruedas y trasladado al aeropuerto por agentes de Inmigración y Aduanas (ICE), entre medio de un revuelo mediático. Horas después regresó a su casa, tras ser cancelada la orden por un tribunal federal ante un nuevo recurso de su hijo.
Ahora, los argumentos de la supuesta tortura no le sirvieron de nada a este presunto criminal nazi, quien ha afirmado siempre haber sido víctima y no brazo ejecutor del nazismo.
La fiscalía alemana no le imputa ya haber sido el «Iván el Terrible» que actuó en Treblinka, caso en el que se centró el proceso abierto en Israel, sino haber trabajado como guardián en Sobibor, donde fueron asesinados unos 250.000 judíos polacos, alemanes, franceses, checos, eslovacos y holandeses.
Ahí llegó Demjanjuk en 1942 y ahí empezó su cooperación con los nazis, en lo que se fundamenta la acusación de complicidad en la muerte de al menos 29.000 judíos. De Sobibor pasó a Flossenbürg, en Baviera, en 1943, con el mismo cometido.
Demjanjuk sostuvo siempre que fue reclutado por el Ejército soviético en 1941, que los alemanes lo capturaron un año después y que lo tuvieron prisionero hasta 1944.
Tras la II Guerra Mundial fue reconocido como «Displaced Person» -»DS», siglas para ex confinados y esclavos del nazismo- y pidió que se le autorizara emigrar a la Argentina, primero, y a EE.UU., después.
Hasta que emigró a EE.UU. en 1952, pasó por unos diez campos de refugiados y alegó, sobre su estancia en Sobibor, haber trabajado como chofer por 40 zlotis polacos al mes.
Demjanjuk vivió tranquilamente como emigrado en EE.UU. hasta que a finales de los 70 se reveló su implicación en el Holocausto. En 1981 se le retiró la nacionalidad estadounidense y en 1986 fue extraditado a Israel, como presunto «Iván el Terrible» de Treblinka.
Fue condenado a muerte en 1988 por complicidad en el asesinato de 800.000 judíos tras ser reconocido por supervivientes como el verdugo de ese campo de exterminio, asimismo en la Polonia ocupada.
Pero la Corte Suprema israelí anuló la condena en 1993 al presentar sus abogados documentos procedentes de la Unión Soviética, según los cuales no quedaba suficientemente probado que su identidad correspondiera a la de «Iván el Terrible».
Demjanjuk regresó a EE.UU. y vivió estos años como apátrida con su familia, sacudido por nuevas amenazas de proceso -las últimas, procedentes de Ucrania, sin éxito- y nuevos dramáticos recursos alegando que una extradición a su edad equivalía a una tortura.
Un argumento con abundantes precedentes, sean ex criminales nazis o ex dictadores. A Rudolf Hess, lugarteniente de Hitler, no le valió para que se lo autorizara a salir del penal de Spandau, de donde se convirtió en último preso y donde se suicidó con 93 años.
Agencia EFE


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