- ámbito
- Edición Impresa
Artillería oral de la Reserva Federal: ¿adónde van las tasas?
Quien quiera hablar que hable. A nadie se le negará la palabra. Ayer, el Consejo de Supervisión de Estabilidad Financiera (una creación de la ley Dodd-Frank como foro de alerta temprana) se reunió para "tener una conversación abierta sobre riesgos (del sistema financiero)" con miembros de la academia y la industria de administración de fondos. Dos miércoles atrás, un informe del consejo puntualizó con sumo detalle el impacto de la política de tasas bajísimas sobre el comportamiento de los inversores. Se dice allí que la búsqueda de rendimientos presiona a los bancos a relajar sus estándares crediticios y a tomar más riesgos, y a las compañías de seguros (y fondos del mercado monetario) a extender la duración de sus carteras. "Dado que la mayoría de los préstamos apalancados son a tasa flotante y los deudores están muy apalancados", una eventual suba de tasas "podría aumentar el riesgo de default de los endeudados e imponer costos sobre los prestamistas". Janet Yellen firma el informe como miembro del consejo, que preside Jack Lew, secretario del Tesoro. Si repitiese estas palabras, Yellen provocaría un sacudón mortífero para el mercado lateral que impera en Wall Street. No es probable. Ya visitó el Congreso, en fecha posterior, y relativizó el asunto. "La caza de rendimientos, le manifestó al Comité Económico Conjunto, es todavía modesta, el apalancamiento del sistema financiero es moderado (textual) y las cotizaciones de la Bolsa están dentro de los patrones normales". O sea, Yellen, como solista, ejecuta y deja oír el CD amigable.
James Bullard, de la Fed de St. Louis, se anticipó al peregrinaje de oradores. La economía se recupera más rápido que lo que el consenso estima, señaló el viernes último, y por ello avizora que la suba de tasas comenzará antes que lo previsto, antes de que finalice marzo de 2015. En otro momento, muy distinto hubiera sido el eco de sus palabras. Vale recordar el revuelo que desató la propia Yellen cuando produjo el incidente de los "seis meses" y la malinterpretación que fechó el primer retoque de tasas en abril próximo, luego desmentido. No es que el derrotero de la política monetaria haya dejado de interesar; todo lo contrario. Pero el mismo mercado, que cerró en diciembre con una tasa de diez años al 3,04% y preveía "con seguridad" un nivel no inferior al 3,50% antes de terminar 2014, ahora merodea el 2,5% y no descarta la posibilidad de horadar ese umbral. Richard Fisher, titular de la Fed de Dallas, reconoció que él pensaba como natural que, a esta altura del proceso de tapering (de reducción de las compras de bonos y desmantelamiento del programa QE3), la tasa larga excedería el 3%. No es así.
Si hay que buscar argumento para la mudanza de opinión, no hubo declaración más influyente que la que se le atribuye al ex chairman, Ben Bernanke, ya retirado (y como tal, en la actualidad, ajeno por completo al accionamiento de los comandos). Palabras que pocos escucharon, porque fueron vertidas en privado. Ayer Bernanke volvió a hablar, pero en público no toca el tema. No obstante, ya se instaló el off the record: la noción de que las tasas de interés, en los años venideros, sólo van a subir sin prisa, con enorme cuidado y, sobre todo, muy poco. La tasa de fed funds no iría mucho más allá del 2%. Contrario sensu, las proyecciones de la Fed subrayan el 4% como tasa de estado estacionario. No importa tanto quién tenga razón, lo que importa es si el "guidance" oficioso perturba (o no) los planes de la Fed. Si así fuera, este largo desfile de oradores será buena ocasión para rectificar los puntos de vista. Y habrá que sonar agresivo para tener éxito. Un ida y vuelta brusco de la tasa larga, para la Bolsa, refrescará el viejo refrán: palo porque bogas, y palo porque no.


Dejá tu comentario