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ATOMIZADOS: División sindical, otro hito de Menem
Entre 1983 y 1989, años radicales de Raúl Alfonsín, la CGT se mostró unificada bajo el ala de Saúl Ubaldini tras la división exhibida durante la dictadura. Tiempos en los que se convirtió en el principal factor opositor, con 13 paros generales, de mayor o menor éxito real. Casi seis años completos contra los radicales fueron la música que mantuvo unido al movimiento sindical contra el enemigo venido desde Chascomús. Semejante fenómeno nunca más volvió a vivirse en la democracia moderna argentina.
El triunfo de Carlos Menem en las presidenciales 1989 fue el detonante que terminó por atomizar, para siempre hasta hoy, al movimiento obrero. Fueron cuatro las agrupaciones que surgieron en los tiempos menemistas: una más cercana al Gobierno liderada por Luis Barrionuevo, otra representada por los gordos; la liderada por Hugo Moyano y otra de izquierda que comenzaba a formarse alrededor de los sindicatos de empleados públicos y docentes.
Hacia 1997, el Movimiento de los Trabajadores Argentinos (MTA) reunió al sindicalismo ortodoxo peronista alejado de los gordos y de Barrionuevo, y opuestos a la política del menemismo. También se formalizó la creación de la CTA primaria. Al MTA lo integraron los camioneros de Hugo Moyano con los Judiciales de Julio Piumato y algunos gremios docentes y una parte de los empleados públicos. Luego el MTA también se dividiría, por diferencias entre Moyano y el secretario general de la UOMA (molineros) Carlos Barbeito, que luego formaría el Movimiento de Acción Social Argentino (MASA) y que finalmente se uniría a Antonio Caló en los últimos años.
Durante la campaña electoral de 1999, el enfrentamiento entre la Alianza y el peronismo representado por la candidatura de Eduardo Duhalde hizo que se produjeran atomizaciones de las atomizaciones. La CGT de los gordos y Barrionuevo se mantuvo cerca de Duhalde. Algunos radicales y peronistas de izquierda se fueron con De la Rúa y sus candidatos, con lo que el MTA terminó partido en otras dos vertientes.
Por otro lado, la CGT oficial se dividió en marzo de 2000 entre oficial y disidente. Una conducida por Rodolfo Daer y la segunda, por Moyano. A la primera, luego, se unieron los gordos. En esos días, la CTA, con Víctor de Gennaro, incorporó a sus filas a movimientos piqueteros.
En 2002, luego de la caída de Fernando de la Rúa y con Duhalde en la presidencia, hubo un ensayo de reunificación de la CGT con un triunvirato integrado por Moyano, Susana Rueda (Sanidad) y José Luis Lingeri (Obras Sanitarias). El experimento duró poco y, un año después, Moyano asumió la conducción de una GCT unificada, con una CTA paralela.
Fue hasta 2010 cuando se mantuvo este status quo. Ese año hubo un intento fallido de elección interna dentro de la CTA, que hasta ese momento había transitado entre un kirchnerismo explícito y un kirchnerismo crítico. Se enfrentaron el oficialista Hugo Yasky y el opositor Pablo Micheli. Hubo impugnaciones en diez provincias y la central terminó, por primera vez en su historia, partida en dos. Así continúa hasta hoy.
En 2011, luego de las elecciones presidenciales de octubre, fue el turno de la separación del oficialismo de Moyano, que formó su CGT rebelde (que curiosamente heredó el edificio oficial de la CGT de la calle Azopardo), separación que dura hasta hoy. Antes, y como adelantado de las peleas contra el kirchnerismo, en 2009 el que había creado su CGT Azul y Blanca, había sido Barrionuevo.
En conclusión, de treinta años de democracia, la conducción sindical pasó 28 años dividida. Nada indica que la cosa mejore. Mientras tanto, hay un concepto más lejos que nunca: la democracia sindical.
@cburgueno


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