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Aumento de precios, otro frente para crisis española
La inflación española superó incluso el límite del 2% fijado por el Banco Central Europeo para una economía cuyo mayor riesgo hasta hace poco era el de entrar en deflación. Por eso, desde el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero salieron en seguida a enfatizar la «moderación» de la suba del IPC y a resaltar que estas cifras mejoraban la competitividad española.
El secretario de Estado de Economía, José Manuel Campa, puso paños fríos a las cifras publicadas por el INE y atribuyó el incremento principalmente a dos factores: la absorción de la suba del IVA que el Gobierno dispuso en julio pasado (del 16% al 18% en bienes que no son de necesidad primaria y del 7% al 8% en el IVA «reducido», que se aplica a sectores como el turismo y la hotelería) y el aumento del precio de bienes energéticos. El combustible, por ejemplo, en la comparación interanual se incrementó en septiembre un 11,1 por ciento.
Pero estas explicaciones muestran también que el aumento del IPC en un onceavo mes consecutivo no se debe tanto a la presión que puede estar ejerciendo el crecimiento de la economía española o al aumento de la capacidad de compra de sus habitantes, sino más bien a un intento de mejorar las finanzas públicas, se supone con el objetivo de tranquilizar a los mercados financieros. Este dato también fue registrado por los sindicatos, que, apenas conocidas las cifras, exigieron que se gestionara un nuevo pacto entre el empresariado y los gremios para establecer cláusulas de garantías salariales. Hasta el momento, la suba negociada a principio de año entre ambos sectores fue de un incremento salarial del 1,31% y del 1,09% para firmas nuevas.
Así, el secretario de Acción Sindical de Comisiones Obreras, Ramón Górriz, no dudó en interpretar que la suba récord del IPC resaltaba que la «dinamización de las negociaciones colectivas» era «obstruida» por los empresarios. En el polo opuesto, el presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) y ex titular de Marsans, Gerardo Díaz Ferrán, rechazó de plano los reclamos sindicales para revisar los convenios colectivos y lanzó una frase que sacudió a la prensa ibérica durante días: «Solamente se puede salir de la crisis de una manera, que es trabajando más y desgraciadamente ganando menos». El dirigente empresarial recalcó también que la suba del IPC «no es para estar eufórico», ya que respondía al aumento de los impuestos y del combustible, y no al crecimiento de la economía española.
La presión que el aumento del IPC puede generar sobre los salarios y las pensiones (congeladas por decreto por Rodríguez Zapatero en mayo pasado para todo 2011) es, después de todo, un dato menor frente a problemas que no dejan de sacudir la economía española, como el desempleo y la caída de la actividad en sectores básicos como el de la construcción. En este sentido, por el momento, el Gobierno intenta calmar las aguas porque sabe que aumentar los salarios y las pensiones en estas circunstancias puede terminen agravando esos problemas, pero no tiene otro remedio que asegurar que no van a haber grandes cambios en los índices de inflación, al menos hasta el próximo diciembre.
Es que en el futuro inmediato, además, hay batallas más espinosas y centrales en la agenda presidencial que arbitrar entre los sindicatos y los empresarios por el reajuste de los salarios. La aprobación final esta semana del presupuesto español para 2011 en el Parlamento y la reforma del sistema de pensiones son puntos centrales para alguien como el presidente español, a quien se le piden además gestos contundentes para demostrar a los mercados internacionales que España hace todo lo posible por salir de la crisis.
* Corresponsal en España


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