“Aureliano”: delicado fluir de emociones

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«Aureliano» de R. Podolsky, R. Berco y M. Pérez de Villa. Dramaturgia y Dir.: R. Po- dolsky. Int.: R. Berco y M. Pérez de Villa. Vest. y Esc.: A. Polito. Dis. Ilum.: M. Sendón. (Espacio Ecléctico).

Dos disparadores muy poderosos (una mudanza y un amor perdido) favorecen la complicidad del público ante las vicisitudes de una mujer que en su repentina soledad no sabe cómo aquietar los recuerdos.

Todo lo que sucede en escena está teñido de subjetividad, pero a la vez tiene la espesura de la realidad cotidiana. No hay un límite claro entre lo que ocurre en la mente de la protagonista y lo que es acción simple y pura. Aun así, la experiencia coloca al espectador en un lugar de espía espontáneo, de alguien que disfruta observando la ventana del vecino desde su cómodo escondite.

Greta (interpretada por Roxana Berco con suma delicadeza y versatilidad) no se regodea en su dolor, más bien lo observa con curiosidad como buscándole alguna otra utilidad o beneficio. Aunque ya cumplió los cuarenta, conserva la ilusión y el espíritu romántico de una jovencita: juega con sus vestidos (que guardan la memoria de los momentos felices y de otros no tan afortunados), narra pequeñas anécdotas, protesta, ironiza, filosofa. Y cuando siente que la añoranza la captura, entonces baila con frenesí o entona dulcemente una canción japonesa.

Todas estas actividades expresivas le permiten desdoblarse y dialogar consigo misma, ya sea para revisar su pasado o para restaurar su identidad dañada. Pero, como es sabido, la privación alimenta a la nostalgia y ésta genera alucinaciones.

Aureliano (Mariano Pérez de Villa), el gran ausente, el que hizo de las suyas en Paraguay y es hoy una remembranza difícil de doblegar, aparece y desaparece por la ventana tan imprevistamente como el agradable rayo de sol (mérito de Matías Sendon) que se infiltra en la habitación de Greta. Esta presencia fantasmagórica, encarnada en la figura de un pianista, no brinda respuesta alguna; pero su música, al menos, despierta gratas reminiscencias.

El director de Román Podolsky («Guardavidas», «Harina») creó un espectáculo sutil y concentrado en lo esencial. La música, la exquisita ambientación y un austero uso del lenguaje y de los objetos realzan este fluir de emociones huidizas que no se dejan atrapar por la razón. Tal como sucede en la vida.

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