«Lo convocaron de Casa de Gobierno», fue la explicación oficial de la ausencia de Miguel Galuccio, presidente de YPF, quien estaba previsto que hablara ayer ante la audiencia de la Conferencia Industrial de la UIA. El anuncio se produjo cinco minutos después del horario previsto para su conferencia (iba a hablar de «Nuevas tecnologías para la extracción de recursos naturales», un tema estrictamente técnico), y un par de minutos antes de que el helicóptero que transportó al ministro Julio De Vido se posara en el helipuerto del «resort» de Los Cardales. Desde Casa de Gobierno se informó que no tenían prevista la presencia de Galuccio en el despacho presidencial (a esa hora Cristina de Kirchner estaba con el titular del AFSCA, Martín Sabbatella). «Off the record», en Gobierno dijeron que Galuccio estuvo allí con ejecutivos de Apache, la petrolera estadounidense, y que probablemente se habría quedado con ellos.
«Atrasa seis décadas», fue el unánime comentario que siguió al discurso del embajador argentino en Francia y exministro de Economía Aldo Ferrer. El veterano economista habló de la «flexibilidad» de las normas que rigen el Mercosur y dijo que lo que está en crisis «no es la globalización sino el neoliberalismo». La presencia del exdesarrollista, luego ministro del Proceso de Reorganización Nacional y ahora ultrakirchnerista fue producto de la «nostalgia frondicista» del titular de la UIA, José Ignacio de Mendiguren, que no abjura de esa afiliación partidario-ideológica.
El titular de la CNI (la «UIA brasileña), Robson Braga, se negó de plano a hablar con el periodismo: recordaba una mala experiencia cuando declaraciones suyas dispararon una durísima réplica del ministro de Economía Hernán Lorenzino, quien le recomendó «menos cócteles y más trabajo». El rol de vocero de las industrias brasileñas lo asumió Carlos Aboujodi, director de la CNI, quien aseguró -en línea con lo que había dicho poco antes Edmundo Klotz, presidente de la industria alimentaria- que había que dejar de exportar commodities para vender productos elaborados. Ante una pregunta de este diario, aseguró que la llegada de Techint como accionista principal del megagrupo Usiminas «no nos hizo ruido. No es posible, no hay forma alguna en el mundo para forzar que una empresa sea 100% nacional. Lo importante es que siga produciendo, que mantenga el empleo y cree nuevos puestos de trabajo, que exporte. La propiedad del paquete accionario no tiene importancia». Cuando se le recordó la histórica resitencia brasileña al ingreso de capital extranjero en sus empresas, dijo que se trataba «de una cuestión de vanidad más que económica».
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