- ámbito
- Edición Impresa
Bach por la Sinfónica: una “Pasión” apática
Hoy por hoy, en lo que a ejecución de música barroca se refiere, la discusión sobre la obligatoriedad de usar instrumentos de época (que los fundamentalistas seguirán defendiendo a ultranza) parece ya menos fuerte frente a la de los criterios de interpretación y los vehículos de transmisión de la idea musical. Dice al respecto el músico, investigador y periodista Ramiro Albino en su flamante "Guía para disfrutar más de la música antigua": "Los conjuntos pueden tener (o no) el orgánico supuestamente 'perfecto' para tocar un repertorio y que suene tal como creemos que lo pensó el compositor en su momento, sin embargo jamás deben olvidar la idea que quieren transmitir con la versión, y esto es imprescindible: comprender el mensaje y luego darlo con lo mejor que se tenga a mano, siendo siempre claros y fieles a lo que pretenden decir con la música. El problema es más del concepto que de las herramientas".
Sobran los ejemplos de directores que logran resultados extraordinarios con ensambles modernos en este tipo de repertorios, gracias a un concepto y una voluntad de acción claros e inquebrantables. Lamentablemente no fue lo que sucedió el viernes en La Ballena Azul, con la interpretación de la "Pasión según San Juan" a las órdenes de Pedro Ignacio Calderón. Con maravillosos ensambles y solistas a su disposición, el director no logró insuflar vida, contrastes, inflexiones ni profundidad a una de las obras más ricas del acervo universal, y su tarea pareció limitarse a una simple lectura, dando como resultado una apatía y pesadez exasperantes.
El muy buen material que proporciona el Coro Nacional de Jóvenes, que sonó balanceado, afinadísimo, sin vicios ni rispideces sonoras (y al que se sumó, innecesariamente, el Coro Nacional de Niños para los corales), fue totalmente desaprovechado. Dentro de un muy buen elenco de solistas vocales, tan sólo las intervenciones de Alejandro Meerapfel como Jesús y las arias a cargo de Mariana Rewerski, Carlos Ullán y Víctor Torres, conmovedores, concentrados e impecables, depararon algún tipo de emoción; tanto Philip Salmon (Evangelista) como Soledad de la Rosa (arias de soprano) afrontaron problemas técnicos que deslucieron sus delicadas intervenciones, y en el lado opuesto, Leonardo Estévez tuvo más vocalidad que estilo. En sus breves papeles, Mario De Salvo, Maico Chia-I-Hsiao y Laura Delogu cumplieron con eficiencia. En el plano instrumental, las cuerdas de la Sinfónica sonaron con su calidez y empaste habitual y tuvieron mucho mejor desempeño que las maderas. Dolores Costoyas (archilaúd), Hernán Cuadrado (viola da gamba) y Mario Videla (órgano) aportaron su oficio, en tanto que Jorge Pérez Tedesco (cello) no alcanzó siquiera un nivel aceptable.
Al finalizar el concierto, la ministra de Cultura Teresa Parodi entregó una placa en simultáneo con el anuncio del paso de Calderón a Director Emérito de la Sinfónica, y una ovación prolongada de la sala repleta lo saludó en su despedida del organismo al que estuvo vinculado como titular desde 1994. Un reconocimiento merecido a la trayectoria del director y al mismo tiempo un momento conmovedor, prácticamente el único de la noche.


Dejá tu comentario