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Bachelet, la promesa silenciosa para superar el atasco chileno
• La exmandataria es la única que podría remar en el empate de impopularidad de centroizquierda y centroderecha
Michelle Bachelet se aburre por ahora como directora ejecutiva del sello ONU Mujer. Reside en la gris Queens, aunque a un paso de Manhattan.
«La clase media se identifica con Bachelet, la quiere y reclama, pero no quiere al aparato político que la rodea», dijo a Ámbito Financiero Patricio Navia, profesor de la New York University y de la chilena Diego Portales.
Marta Lagos, directora de la consultora Latinobarómetro y de la encuestadora Mori, señala otro componente del«Bachelet vuelve». En conversación con este diario, Lagos repasa el impresionante crecimiento económico de los últimos años y se detiene en la franja de los chilenos de bajos ingresos, todavía descastados de ese derrame de bienestar y prosperidad. «Son los que reclaman a Bachelet, porque saben que fue ella quien repartió el superávit», dice en referencia a la base de la pirámide, que para la Concertación es del 15%, para el Gobierno del 13%, y para las mediciones posterremoto llega al 18%.
¿Pero vuelve o no vuelve Bachelet? Dentro de la Concertación (el conglomerado de partidos de centro izquierda que encabezan la Democracia Cristiana y el socialismo), son tajantes. Por lo bajo, argumentan que ella va a estar para las presidenciales del año que viene por tres razones: porque es disciplinada y responde a los mandatos partidarios, porque quiere demostrar a propios y ajenos que puede haber unaMichelle II con una cantidad apabullante de votos y porque se aburre soberanamente en Nueva York.
Un problema
Cruzando del otro lado del pasillo político, el senador de la derechista Unión Demócrata Independiente (UDI), Juan Antonio Coloma, habla de la sombra Bachelet desde la experiencia que le da el haber estado en la conducción de seis campañas presidenciales. «Históricamente, Chile es un país de izquierda», dice a Ámbito Financiero desde su bunker del barrio de Providencia. «Por eso (para nosotros), Bachelet es un problema: si se presenta va a ser muy difícil ganarle», sentencia. Al menos, reflexiona Coloma, la coalición tiene un candidato superador de Sebastián Piñera, definido como un hombre carente de inteligencia emocional alguna. Es Golborne, hasta ahora un black-horse en gateras (hasta que el propio presidente dé el disparo de largada), pero que «es simpático, alegre, emotivo, querido, como es ella», define.
Sin embargo, no todo son flores para Michelle. «La popularidad de Bachelet es un activo de las fuerzas progresistas, pero la adhesión que despierta no puede confundirse con un gran liderazgo», dijo hace pocos días Carlos Ominami, presidente de la Fundación Chile 21, que tiene bajo su égida a gran parte de los movimientos sociales.
Para el economista Ominami, ex senador por el socialismo y que ahora está avocado a la campaña de su hijo Marco Enríquez Ominami (MEO), «en democracia, los liderazgos no se pueden ejercer en solitario». Además de que «un candidato necesita equipos», para Ominami «el silencio puede ser una estrategia para ganar elecciones, pero no lo es para temas de fondo». «Que Bachelet asuma responsabilidades en la ONU, es legítimo; pero me preocupa que utilice eso como estrategia electoral» aseveró, sin ocultar su enojo.
En medio del barro de silencio y de «ni-ni» en continuado de la ex presidenta, y mientras la Concertación avanza en un proceso que no pocos califican de deterioro terminal, afloran a la superficie personeros de Bachelet. Encomenderos que dicen representarla, tener línea directa con su poltrona en Queens. Esas burbujas bachelestistas ocupan el espacio que deja la indefinición de liderazgo, aseguran entre las camadas más jóvenes de estrategas y políticos de la DC. De «precarios administradores y autodesignados voceros» los calificó Jorge Navarrete, una de las promesas políticas de ese espacio.
Aunque el rumor que acompaña a la sombra es que «todos van con Michelle», ya dijeron que no se suben a la comparsa de la ex mandataria dos jóvenes candidatos presidenciales del centroizquierda y progresismo.
Uno es Andrés Velasco, ministro de Hacienda durante la presidencia de Bachelet. «Voy a la primaria de la Concertación a competir, aunque tenga que hacerlo contra la ex presidenta», dijo a esta enviada el economista de 51 años que confía en que haya internas.
El otro es Marco Enríquez Ominami, que en las presidenciales de 2009 sacó el 20% de los votos. Éste, contundente, dijo a Ámbito Financiero: «Bachelet está en Nueva York; yo estoy en Chile, y no escuché de ella hasta ahora un solo planteamiento sobre los temas de hoy, sobre los temas ejecutivos. ¿Sombras?, ¿fantasmas electorales?, aquí está mi respuesta en vivo: yo estoy dando esta entrevista y ella no la va a dar».
«¿Cómo se puede hablar de futuro con una Concertación que lleva a una ex presidenta?», se preguntó. Agregó que vuelve «a chocar con la misma piedra». MEO fue el candidato que en 2009, con 35 años de edad, se cortó solo después de que la Concertación eludiera las primarias e impusiera a dedo la candidatura de Eduardo Frei, otro ex. Y terminó este presidenciable: «De Bachelet prefiero quedarme con el recuerdo de cuando fuimos los dos candidatos, ella a presidente y yo a diputado, y nuestro slogan era «que nadie se repita el plato».


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