19 de noviembre 2013 - 01:37

Bachelet ya se ve presidenta, pero teme límites del Congreso

• TENDRÁ UNA AMPLIA MAYORÍA, PERO NO LA CALIFICADA PARA AVANZAR, POR EJEMPLO, CON UNA MODIFICACIÓN CONSTITUCIONAL

Obligada a competir en una segunda vuelta el mes que viene, Michelle Bachelet no se dio respiro y retomó ayer el proselitismo. Para los analistas, la nueva votación será casi una formalidad.
Obligada a competir en una segunda vuelta el mes que viene, Michelle Bachelet no se dio respiro y retomó ayer el proselitismo. Para los analistas, la nueva votación será casi una formalidad.
 Santiago - Aunque el 15 de diciembre se disputará la segunda vuelta, los chilenos amanecieron ayer como si el pleito presidencial ya estuviese resuelto en favor de Michelle Bachelet. Los análisis apuntaban, entonces, a la capacidad legislativa con la que, de no mediar imprevistos, contará la alianza Nueva Mayoría para cumplir con su lista de promesas en un plazo razonable. Para muchos, los anhelos transformadores más osados pueden ser cuesta arriba.

Los asesores de la candidata socialista cuentan en privado que ella ya acusa el agotamiento producto de la demanda proselitista, no obstante lo cual puso ayer nuevamente manos a la obra (ver nota aparte). Pero piensa ya en lo que viene en términos del apoyo que tendrá en el Congreso, donde, pese a disfrutar de la mayoría absoluta, no llegó a cosechar los 22 senadores y 69 diputados necesarios para sacar adelante los cambios en las Leyes Orgánicas Constitucionales.

La expresidenta aprendió la lección durante su gestión (2006-2010), cuando varios de sus proyectos estrella quedaron frenados sin oportunidad de negociación. La Cámara baja con la que espera gobernar estará compuesta por 67 representantes de la Nueva Mayoría y 49 de la conservadora Alianza por Chile, más 4 independientes. Mientras, el Senado contará con 21 miembros de Nueva Mayoría y 16 de la derecha, más un independiente.

Si todo va bien y todos los miembros de la coalición triunfante colaboran, el eventual Gobierno de Bachelet podrá sacar de inmediato una de sus tres principales promesas: la reforma tributaria. Ese paso es crucial para poner en marcha otras discusiones, como la instalación de un sistema educativo gratuito por el que han batallado los movimientos estudiantiles.

Para avanzar en ese sentido, la administración necesitará de cuatro séptimos de los votos legislativos, esto es 69 diputados y 22 senadores. Los dos respaldos faltantes podrían llegar de la mano de los ex dirigentes estudiantiles Giorgio Jackson y Gabriel Boris, independiente y de Izquierda Unida, respectivamente. Mientras que en el Senado, el voto faltante vendría de Carlos Bianchi, también sin partido. Ya en caso de un fracaso en esta instancia negociadora, la Nueva Mayoría tendrá que salir a buscar acuerdos con la Alianza, algo muy complejo.

Todo sin contar, claro, con que no juegue en contra de la unidad deseada el amplísimo espectro del bacheletismo, que va desde la Democracia Cristiana hasta el Partido Comunista, históricos rivales.

Por otra pare, en el caso de la reforma al polémico sistema electoral binominal se necesitan tres quintos de quórum, algo que el eventual oficialismo alcanzaría de la mano de los independientes y un voto de la derecha. Esta reforma, es una de las columnas vertebrales del esquema presentado por Bachelet para atraer el respaldo comunista, y su aprobación no parece tan lejana.

La necesidad de esta reforma quedó plasmada el domingo en el distrito de San Bernardo. Allí, Marisela Santibáñez (de PRO, el partido de Marco Enríquez-Ominami) no logró llegar al Congreso a pesar de que con sus más de 37 mil sufragios fue la candidata más votada. Pero como su lista logró menos votos que los que registró la Alianza, el diputado electo será de la Unión Demócrata Independiente (UDI), Jaime Bellolio.

Ese mecanismo electoral fue elaborado en el atardecer de la dictadura de Pinochet, hacia 1989. Con esa medida se buscó que una mayoría ocasional aniquile a minorías significativas de izquierda, es decir, al calor de los antecedentes, garantizarle a la derecha una amplia presencia en los órganos representativos cuando la transición a la democracia se llevara a cabo.

El sistema entrega dos cargos legislativos por cada distrito, que van a parar al mismo partido (o alianza, con más de un postulante) sólo cuando duplica en votos al segundo. Si no es así, la minoría se queda con una de esas bancas, lo que supone un gran beneficio. Sin embargo, un tercer partido queda completamente excluido.

Por otra parte, la situación más complicada es la del proyecto que contempla una Asamblea Constituyente, que exige dos tercios de aprobación, lo que corresponde a 80 diputados y 25 senadores. En esta instancia, a Bachelet le faltarían 13 diputados y 4 senadores.

Enríquez-Ominami reverdeció ayer sus reyertas con sus antiguos socios de la ex Concertación y se negó a endosar sus votos a Bachelet, pese a que ése será el cauce previsible que tomen. "Mi candidata es la Asamblea Constituyente", dijo, metiendo presión en pos del proyecto.

Todo vuelve ahora a comenzar. Pero a pesar del relativo alivio de la Alianza por acceder a la posibilidad de una segunda vuelta, y de la elevada abstención del 44%, los analistas apuntan a que se trató de una de las mejores elecciones de la coalición de centroizquierda, y que, por el contrario, un balotaje extenderá la agonía de la derecha, sujeta a fuertes internas por su identidad.



*Enviada especial

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