Las expectativas de la reducción de impuestos a las ganancias impulsaron la fantástica valorización de las empresas de EE.UU., desde la elección del presidente Trump, en octubre de 2016. La tasa impositiva federal para las corporaciones bajó del 35% nominal anterior al 21%. Con esa expectativa, y otras favorables, las acciones aumentaron más de 30%, desde la elección presidencial.
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La fuerte reducción de impuestos mejoraría contundentemente los balances empresarios. Y, por eso, la mayor valorización bursátil es entendible, en una primera mirada.
Pero la economía de EE.UU. está muy cercana al pleno empleo del trabajo y uso de la capacidad productiva. En esta situación, los menores impuestos a las ganancias impactarán negativamente en la recaudación del gobierno. Sin otros cambios, el déficit fiscal, cercano al 3,5% del PBI, antes de la baja impositiva, aumentará marcadamente. Y serán otros agentes privados los que deban aportar el faltante de la recaudación.
Actualmente, la deuda federal que está en el mercado se aproxima al 80% del PBI. De la cual, 42% la tienen gobiernos foráneos y otras entidades extranjeras; algo más del 16% la Fed, y el otro 42% distintos particulares. Conviene recordar, la Fed ha iniciado un programa de no reinvertir parte ligera pero creciente de los vencimientos de bonos federales, hasta eventualmente volver a tener en cartera los montos anteriores a la crisis del 2009, en un largo lapso de tiempo.
De este modo, las mayores ganancias de los balances deberán ser compensadas con mayores compras de bonos del tesoro por parte de entidades financieras, empresas y particulares. Por el mismo monto. Al final de las cuentas, si los estadounidenses compraran los nuevos aumentos de la deuda para atender el mayor déficit, podría no conseguirse aumentos de ingresos para la población general.
Por supuesto, algunos sostienen que las menores tasas impositivas alentarán mayor producción y empleo. A pesar de que la economía está cercana a la ocupación plena.
También cabe esperar que parte del mayor agujero fiscal la financien residentes del exterior. En ese caso, podría verificarse un aumento de la demanda global de EE.UU. Similar al incremento en el déficit de cuenta corriente con el exterior. Consecuencia contraria a la deseada por el presidente Trump y proclamada desde su gobierno. De tal modo, el mayor déficit fiscal sería financiado, una parte por compras de bonos de norteamericanos. Y la otra por extranjeros. Lo cual, en consecuencia, expandiría el déficit externo de EEUU.
De todos modos, la ley y código impositivo resultante son bastante complejos, con distintos horizontes de vigencia e incidencias en los presupuestos de los estados, municipios y particulares. Descontamos que las autoridades de EE.UU. seguirán muy de cerca la evolución de las cifras, pudiendo efectuar correcciones si los desvíos fuesen mucho más pronunciados que los previstos. Esta nota quiere señalar el peligro de mirar parcialmente la realidad, desatendiendo las cuentas completas.
Las alzas recientes de los rendimientos de los bonos del tesoro también podrían reflejar la incertidumbre del futuro.
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