5 de mayo 2010 - 00:00

Banco del Sur y amenazas de golpe en Paraguay, al tope de la agenda

Artillados, los custodios de los presidentes de la UNASUR impidieron que un grupo de ambientalistas protestase frente al hotel en donde se hizo la cumbre. Usaron un método pacífico que el Gobierno no aplica cuando los cortes perjudican al público.
Artillados, los custodios de los presidentes de la UNASUR impidieron que un grupo de ambientalistas protestase frente al hotel en donde se hizo la cumbre. Usaron un método pacífico que el Gobierno no aplica cuando los cortes perjudican al público.
Néstor Kirchner comenzó a armar su agenda como secretario de la UNASUR, un sello que por ahora muestra poca identidad propia y no puede superar aún el de internismo latinoamericano. La idea de Kirchner es que esta liga de estados tenga un perfil eminentemente político en lugar de una raíz económica, a diferencia del Mercosur, que ha querido ser un intento de bloque de libre comercio. Para eso ya prepara sus dos cruzadas para evitar la imagen de que quiere usar el cargo como una plataforma en su intento de regresar a la Casa Rosada como jefe de Estado.

El primer proyecto será, tal como adelantó este diario, el enésimo relanzamiento del Banco del Sur. La intención es que antes de un año la entidad esté funcionando, con sus prometidos u$s 20.000 millones en sus cuentas. Para esto tendrá que convencer a Luiz Inácio Lula da Silva de que libere su billetera con los dólares necesarios para el lanzamiento, que en teoría deberían salir de las reservas de los estados miembros de la región. Nada se habla, por ahora, del momento en que para satisfacer este proyecto, Kirchner deba pedirle a Cristina de Kirchner que libere unos u$s 3.000 millones de las cuentas del Banco Central. El ex presidente quiere además abordar la condena a los intentos de golpe en la región. Para eso tomará como propia la causa Paraguay, donde Fernando Lugo vive un conflicto serio con su vicepresidente Federico Franco. Según Kirchner, la situación del ex obispo es muy similar a la del hondureño Manuel Zelaya; y está a punto de sufrir un golpe para quitarle la presidencia. Obviamente busca en la situación de Lugo, donde un vicepresidente se dedica a atormentar al jefe de Estado con el que compartió fórmula, hacer una proyección del caso paraguayo al de las relaciones entre su esposa y Julio Cobos.

Cree Kirchner que este tipo de posiciones políticas latinoamericanistas, lo mantendrán en el primer plano regional y, eventualmente, mundial. Sus asesores, especialmente los que desde la quinta diseñan la campaña electoral de 2011, ven en este puesto de la UNASUR un marco inmejorable para mostrar a un Kirchner internacional con fotos con los principales líderes de la región, abstrayéndose plenamente de los ataques opositores y de las derrotas legislativas de la Cámara de Diputados.

Las andanzas de Kirchner como secretario de la UNASUR tendrán sus enemigos más o menos ocultos. No sólo Tabaré Vázquez y la oposición uruguaya atormentará cualquier decisión que el patagónico intente desarrollar mientras el puente San Martín, de Gualeguaychú, continúe cortado. Otro funcionario amenaza con ponerle palos en la rueda a los intentos K dentro de este bloque. Se trata del ministro de Relaciones Exteriores colombiano, Jaime Bermúdez, delegado de Alvaro Uribe en estos eventos a los que el jefe de Estado huye, y viejo conocido del país. Bermúdez fue durante mucho tiempo embajador colombiano en la Argentina; y, entre otras perlas, tiene en su currículum de relaciones curiosas con los K, el haber sido el agente diplomático en los días en que Néstor Kirchner tenía su aventura en la selva colombiana organizada por Hugo Chávez en diciembre de 2007 para rescatar a rehenes de las FARC que nunca aparecieron. En esos días, Kirchner y Uribe se dieron cuenta mutuamente que nada tienen en común y sí mucho que los separe. Desde Olivos se señala a Bermúdez, como una persona que, sin embargo, podría tender puentes hacia Bogotá, en donde habrá cambio de gobierno a fin de mes.

También el Gobierno uruguayo mantiene sus reservas ante el patagónico como cabeza del bloque sudamericano. Ayer, en los pasillos del Sofitel, funcionarios de la Cancillería del país vecino explicaban las negociaciones internas del Frente Amplio, para que se le autorizara a Mujica levantar el veto que le había impuesto Tabaré Vázquez a Kirchner para que llegue a la secretaría general. Según el ex tupamaro, su país cuenta con un as en la manga para utilizar ante la eventualidad que el puente de Gualeguaychú-Fray Bentos no termine levantándose en el mediano-largo plazo.

El canciller uruguayo, Luis Almagro (cercano a Vázquez, como el vicepresidente Danilo Astori), dijo que el Congreso de su país aún no aprobó el estatuto de la UNASUR, con lo cual cualquier decisión que tome Kirchner y que intente lograr el acompañamiento de Uruguay dependerá de la velocidad en que el Legislativo vecino lo apruebe. Para Mujica, ésta será la llave para que la gestión K tenga sentido o sea bloqueada por Uruguay. El propio Mujica dejó en claro esta posición al hablar ante sus pares en el momento de justificar el levantamiento oficial del veto de Vázquez para la llegada de Kirchner a la secretaría general. El uruguayo dijo que todos sus próximos pasos estarán supeditados a lo que dicte su Parlamento ya que «ningún presidente de mi país puede pasar por delante de sus prerrogativas». En otras palabras, si no gusta la presencia de Kirchner en el cargo, o si continúa el corte del puente de manera indeterminada, el Congreso uruguayo no tendría mayores apuros en aprobar el estatuto de la UNASUR, lo que le dará contenido abstracto a la gestión K.

Queda ahora para resolver en la intimidad de Olivos los próximos pasos kirchneristas en relación con su banca a diputados. Ayer, en los lobbys del Sofitel y lejos de los debates sobre el futuro de la UNASUR y su agenda mediata, espadas K hacían las primeras especulaciones sobre las decisiones futuras del jefe. Se descartaba que en poco tiempo dejará de ser legislador. La duda es cómo efectivizará la decisión. La especulación primaria es que directamente renunciará dentro de unos meses, absorbido por la gestión latinoamericanista que le espera. Ingresaría así Dante Dovena para que el oficialismo no pierda un voto. La posibilidad de la licencia era descartada por una dura realidad: para que esta sea efectivizada se necesitaría la autorización de los diputados en sesión. Los números en el recinto son más que difíciles para el oficialismo, lo que imposibilitaría que el ex presidente consiga la autorización de sus pares. Quedan dos caminos entonces: la renuncia y el escarmiento público por abandonar la banca o someterse a que la oposición apruebe o rechace sus intenciones latinoamericanistas.

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