4 de octubre 2011 - 00:00

Beethoven, solemne y vigoroso en La Plata

Impecables la Orquesta y especialmente el Coro del Teatro Argentino durante la ejecución de la «Missa solemnis» de Beethoven.
Impecables la Orquesta y especialmente el Coro del Teatro Argentino durante la ejecución de la «Missa solemnis» de Beethoven.
Ausente de las salas de concierto argentinas desde hace largo tiempo, la monumental «Missa solemnis», cuya composición insumió a Beethoven casi cuatro años, de 1818 a 1822 (no de dedicación exclusiva, se entiende, pero sí de intenso trabajo en ella), pudo volver a escucharse el fin de semana pasado en el Teatro Argentino de La Plata. Es de lamentar que el acontecimiento que constituyó esta producción nacional no haya contado con la sala colmada en ambos conciertos, como correspondería tanto a la magnitud y trascendencia de la obra como a la calidad de la versión.

El opus 123 de Beethoven (al igual que la «Misa en Si menor» de Bach, nunca ejecutado en forma completa en vida de su autor) es al mismo tiempo la expresión más profunda de religiosidad de un hombre en lucha permanente contra la adversidad de su sordera, un homenaje a las tradiciones de la música litúrgica y el grito de un espíritu revolucionario, como muchos pasajes de la «Missa Solemnis» lo manifiestan, en especial el «Gloria in excelsis Deo», de una exultación que recuerda el final de la «Sinfonía Coral» o de la ópera «Fidelio», o el sorprendente «Dona nobis pacem», con sus sonoridades marciales).

Pero por sobre todas las cosas es una obra de una dificultad que -al menos en lo vocal- supera la de cualquier otra de su autor, tanto por la textura contrapuntística empleada por Beethoven como por el extremo al que lleva la tesitura de las voces, literalmente agotadora para cualquier laringe.

Minuciosamente preparado por Miguel Martínez, el Coro Estable del Teatro Argentino salió airoso del desafío, con un sonido contundente, de buen empaste y segurísimo en todas sus intervenciones. Si bien la actuación de este ensamble lírico en las producciones del Argentino es siempre satisfactoria, uno de los aspectos que se deben celebrar más respecto de la elección de esta obra es haber permitido el mayor lucimiento del Coro del Teatro Argentino.

Otro tanto le cabe a la Orquesta, que bajo conducción lúcida y fluida de Alejo Pérez logró dar vida a la dinámica sutil y contrastante de la partitura. En su intervención en el bellísimo «Benedictus» (uno de los momentos más logrados de la versión), el concertino Fernando Favero exhibió bello sonido y musicalidad. Un notable cuarteto (Daniela Tabernig, Gabriela Cipriani Zec, Arnaldo Quiroga y Hernán Iturralde) completó esta versión. Así como al principio se lamentó que la afluencia de espectadores no haya sido tan masiva como los conciertos lo hubieran merecido, es necesario destacar que los espectadores del domingo siguieron la audición en el mayor de los silencios, concentrados, «como en misa», con una devoción digna del milagro musical obrado por Beethoven y revivido en el Argentino.

«Missa Solemnis» de Ludwig van Beethoven. Orquesta y Coro del Teatro Argentino de La Plata. Solistas: D. Tabernig, G. Cipriani Zec, A. Quiroga y H. Iturralde. (Teatro Argentino, 2 de octubre).

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