Cuarenta ocho años en la historia de nuestro rugby es mucho tiempo. De un rugby chico, casi de entrecasa, que empezaba a partir de 1965 a codearse con el rugby internacional, a la realidad que hoy disfrutamos, con unos Pumas insertos en el más alto nivel mundial y con un crecimiento imparable, es mucho lo que pasó en casi cinco décadas. Desde que compartió el título con CUBA en 1968 que Belgrano Athletic no festejaba un campeonato. Lejos de quitarle mérito a aquellos torneos de menos equipos, simpatizantes y hasta presión, la forma en que creció el deporte lleva a que el actual torneo de Buenos Aires sea un gran evento.
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La final jugada en un Club Atlético San Isidro repleto, con cobertura televisiva en directo para toda la región sudamericana, y con dos ruidosas parcialidades, es clara muestra de cuánto ha cambiado el rugby. No es por esto que uno sea mas o menos campeón, pero la fiesta de los campeones del '68 no fue ni cerca la celebración que empezó el sábado y que para algunos todavía continúa en el club fundado en 1896. Belgrano pudo cortar una racha de casi cinco décadas sin encontrarle la vuelta a un torneo que se fue poniendo cada vez mas difícil y de alto rendimiento.
Hubo momentos de zozobra y hasta de segunda división para la institución con, seguramente, una de las sedes más bonitas y emblemáticas de nuestro deporte. Hace poco mas de una década, cansados de no encontrarle la vuelta, convocaron a Alejandro Conti, un hombre del SIC, para que los acomodara. Estuvo poco menos de una década, hasta principios del año pasado y en ese tiempo creció el club desde el juego y el convencimiento de lo que querían. Se unieron todos detrás del objetivo: rugby.
El ciclo de Conti llegó naturalmente a su fin, habiendo conseguido una de las premisas con que había empezado. Había formado entrenadores. Gradín, el apellido de los entrenadores, tiene un sesgo histórico porque en aquel equipo del '68 el medioscrum era Lucho -el sábado, como presidente de la URBA, entregó las medallas, porque la Copa la tomaron llenos de ansiedad- y el hooker el ya fallecido Pancho. Luchito, hijo del primero, y Panchito y Diego (el "Mono"), hijos del segundo, lideraron a un equipo compacto, de forwards de enorme nivel, con backs prolijos, que supieron ganarle con enorme prestigio, una final al multi-campeón Hindú.
El gran cerebro detrás de todo esto es otro histórico en un club de enorme historia. Willy Tramezzani jugó 20 años en el primer equipo de Belgrano, los primeros diez como centro y luego se reinventó como ala por otros diez. El head coach fue el estratega de todo mientras los Gradín quienes bajaban, al campo, el mensaje. Su record de 350 partidos en el primer equipo podría caer. Eso es si el Oso Galli decide, tras ser el campeón mas feliz de todos, jugar en su temporada número 21 con el equipo de marrón chocolate y oro.
Fue una fiesta de Belgrano pero celebró el rugby. Porque Belgrano es un club de buena gente, porque en la final hubo dos grandes equipos, por que las hinchadas convivieron codo a codo sin ningún incidente, por la nobleza del perdedor que esperó al campeón para felicitarlo. Y por tener un nuevo, merecido campeón. ¡Salud Belgrano Athletic!
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