12 de febrero 2013 - 00:00

Benedicto XVI se quedó sin fuerzas

Benedicto XVI se retira tras brindar una misa en San Pedro en 2010. Ayer, en un tono apagado, anunció que el 28 de febrero deja el cargo. El nuevo pontífice podría ser elegido antes de Pascua.
Benedicto XVI se retira tras brindar una misa en San Pedro en 2010. Ayer, en un tono apagado, anunció que el 28 de febrero deja el cargo. El nuevo pontífice podría ser elegido antes de Pascua.
Ciudad del Vaticano - Benedicto XVI, de 85 años, sorprendió ayer al mundo y a la Curia al anunciar, durante un consistorio de cardenales y en latín, que el 28 de febrero dejará el papado por «falta de fuerzas», en una decisión que había sido tomada hace meses y que se mantuvo en reserva absoluta.

Joseph Ratzinger
entregará el papado casi ocho años después ser elegido, el 19 de abril de 2005, como 265º sucesor de San Pedro, tras la muerte de Juan Pablo II. Desde 1294 no sucedía una renuncia al cargo, cuando Celestino V, harto de las pompas y de las intrigas de la corte pontificia, se apartó del cargo cien días después de su elección.

Desconcierto

Los cardenales presentes en el consistorio, según contó el decano del Colegio Cardenalicio, Angelo Sodano, quedaron «desconcertados». «Queridísimos hermanos. Los he convocado a este consistorio, no sólo para las tres causas de canonización, sino también para comunicarles una decisión de gran importancia para la vida de la Iglesia», dijo Ratzinger a los cardenales en latín. Y agregó: «Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino».

Ante el desconcierto de los presentes, Benedicto XVI, «tranquilo, en su línea», según dijo después el vocero vaticano, Federico Lombardi, siguió leyendo: «Soy muy consciente de que este ministerio, por su naturaleza espiritual, debe ser llevado a cabo no únicamente con obras y palabras, sino también y en no menor grado sufriendo y rezando».

«Sin embargo, en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de San Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado», añadió el Papa, mientras aumentaba la sorpresa.

«Por esto, siendo muy consciente de la seriedad de este acto, con plena libertad, declaro que renuncio al ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro, que me fue confiado por medio de los Cardenales el 19 de abril de 2005, de forma que, desde el 28 de febrero de 2013, a las 20, la sede de Roma, la sede de San Pedro, quedará vacante y deberá ser convocado, por medio de quien tiene competencias, el cónclave para la elección del nuevo Sumo Pontífice», agregó.

Benedicto XVI dio las gracias a sus colaboradores y aseguró que en el futuro quiere servir a la Iglesia «con una vida dedicada a la plegaria». Tras conocerse la renuncia, que dio en pocos minutos la vuelta al mundo, el portavoz Lombardi señaló que el Papa tomó la decisión en plenas facultades mentales.

El jesuita recordó que la renuncia de un Papa está prevista en el Código de Derecho Canónico, que establece que para que sea válida es necesario que sea libre y precisa que no puede ser aceptada por nadie.

Lombardi señaló también que el Papa es muy consciente del paso dado y que no influyeron temas como los escándalos de curas pederastas. Al contrario, dijo el vocero, cuando arreciaban estos escándalos ya había señalado que un pastor «nunca huye ante los lobos y deja el rebaño solo».

Retiro

Ninguna enfermedad, agregó, llevó a Benedicto XVI a renunciar al Pontificado, aunque reconoció que en los últimos meses habían disminuido en él las fuerzas físicas, «algo normal en personas con esa edad». Lombardi explicó la decisión del Papa de hacer firme la renuncia a las ocho de la noche del 28 de febrero, «tal vez porque ésa es la hora en la que acaba la jornada de trabajo».

Hasta ese día, Benedicto XVI realizará su labor «como siempre». Después se trasladará hasta la residencia de Castel Gandolfo, a una treintena de kilómetros al sur de Roma. Allí permanecerá durante la Sede Vacante, el tiempo que transcurre desde que un papa fallece, o renuncia, como es su caso, y hasta que se elige al sucesor. Después se retirará a un monasterio de monjas de clausura dentro del Vaticano, según anunció Lombardi. Durante el tiempo de Sede Vacante se realizarán obras de acondicionamiento del apartamento papal. El cónclave que elegirá al sucesor de Benedicto XVI será convocado una vez que sea firme la renuncia, y Lombardi no descartó que ya para la Semana Santa haya un papa nuevo. Y antes del 28 de febrero, el Vaticano dará una despedida a Benedicto XVI, a la que espera de que asistan fieles de todo el mundo «y autoridades de muchos países», según anunció el cardenal Sodano.

«La decisión del Pontífice fue tomada hace muchos meses, luego del viaje a México y Cuba, en una reserva que nadie pudo quebrantar, y habiendo repetidamente examinado su conciencia ante Dios, a causa del avance de la edad», escribió el director del Osservatore Romano, Gian Maria Vian.

La reserva absoluta se mantuvo hasta último minuto. Los integrantes de la orden laica Memores Dominis, de Comunión y Liberación, y las religiosas que asisten a Ratzinger en su departamento pontificio ya estaban al tanto de la renuncia. Además, lo sabían el presidente italiano, Giorgio Napolitano, y su secretario, el monseñor Georg Gaenswein.

Agencias EFE, AFP, Reuters, ANSA y DPA; y Ámbito Financiero

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