27 de agosto 2012 - 00:00

Bernanke sólo va a mover un peón (se guarda alfil)

¿Qué creer? ¿Lo que dicen las minutas de la última reunión de la Fed? ¿O lo que callan con prolijidad? Cada uno es libre de escoger. Los bonos del Tesoro, las monedas, el oro y el batallón de las materias primas le tomaron la palabra a la promesa de pronta intervención. Las Bolsas, que avanzaron cuando cundía la desconfianza, prefieren la duda. Aunque no muy metódica. El viernes se difundió la respuesta de Ben Bernanke, el titular de la Fed, a la carta de un legislador, y allí se reproduce el mismo mensaje. «Hay margen para mayor acción», sostiene Bernanke en su misiva fechada el miércoles pasado. El Dow Jones tomó envión con la noticia. Pero ello no impidió el cierre semanal en rojo luego de haber trazado, el martes y antes de conocer las minutas, los máximos desde fines de 2007.

Crease o no, habrá que concurrir a Jackson Hole, donde todos los años a fines de agosto se reúne la flor y nata de los banqueros centrales y economistas especializados en asuntos monetarios, para despejar (otra vez allí) la incógnita. El viernes, por la mañana, Ben Bernanke empuñará el micrófono, y entonces se sabrá si el pronóstico de acción se mantiene en pie o si se hace añicos en las Montañas Rocosas. ¿Concederá el visto bueno a la compra masiva de bonos de largo plazo, el llamado QE3? Su predecesor, la versión 2, recibió el guiño oficial, dos años atrás, de parte del mismo Bernanke y desde el mismo remoto confín de Wyoming. El sábado, hablará Mario Draghi, el hombre fuerte del BCE, pero tan lejos de casa (y tan cansino en su proceder) Bernanke le robará todas las cámaras. Draghi, muy agradecido.

La Fed asentó en las minutas que «muchos» de sus miembros «juzgaron que una mayor acomodación monetaria estaría probablemente garantizada relativamente pronto salvo que la información venidera apunte a un fortalecimiento sustancial y sostenible en el ritmo de la recuperación económica». Un «número» de miembros indicó que de esa manera se podría estimular «una mejoría más rápida de las condiciones del mercado de trabajo en un ambiente en el que las presiones de precios se mantendrán probablemente contenidas». Las minutas reflejan tres realidades incontrastables: una débil recuperación económica, la persistencia de serios problemas laborales, y la paralela ausencia de amenazas inflacionarias. El banco central está en posición «offside» cuando su mandato es propender al pleno empleo, la tasa de desocupación oscila en el 8,2%, y la brecha no muestra indicio alguno de poder cerrarse con premura. ¿Qué significa que «muchos» de sus miembros favorecen aumentar el relax monetario? Cabe interpretar que se trata de una mayoría. Pero la «acomodación monetaria» de mentas no tiene una traducción inequívoca: hay una batería de medidas que califican bajo ese mote. El QE3 es sólo una de ellas, la más potente. Pero la Fed podría cumplir al pie de la letra su vaticinio de activismo y no recurrir a esa receta específica. Es más: es difícil pensar que la Fed pretende, después del mensaje vertido, no hacer nada. Lo más sencillo: extender la expectativa de que las tasas de corto plazo se preservarán a ras del suelo más allá del límite actual de fines de 2014.

Como la Fed formula una promesa condicionada, vale preguntarse qué pasó desde que se confeccionaron las minutas. La lista de novedades no es corta. Precisamente, la generación de empleo se recompuso en julio y registró el mayor aumento desde febrero. Las ventas minoristas repuntaron -luego de tres lecturas negativas- con el salto más importante también desde febrero. La expansión industrial mantuvo presencia (la actividad manufacturera se aceleró a un ritmo de más del 6% anualizado en junio-julio). ¿La economía voló? No. Todavía da pena. Pero sopla una mejora. Por cierto, la situación lucía más complicada en junio (cuando se decidió extender la operación twist y se desechó la alternativa del QE3). Y no hay que olvidarse de computar las promesas de Draghi y la pujanza de los mercados.

Después de Jackson Hole, pero antes del próximo mitin del 12 y 13 de septiembre, se conocerá el informe laboral de agosto. El consenso espera que el sector privado repita la creación de los 172 mil puestos netos de trabajo del mes pasado, o una cifra similar. Si así fuese el promedio julio-agosto sería el doble del antecedente bimestral a la hora de dictar las minutas. ¿Obraría constancia, entonces, de «un fortalecimiento sustancial y sostenible en el ritmo de la recuperación económica»? Desde ya que no. Pero bien podría ser un atisbo. En cuyo caso, la Fed puede mover un peón, dejar correr el tiempo para comprobarlo, y no apurarse por desplazar el alfil.

Sabemos lo que las minutas dicen, pero ¿qué es lo que callan? La Fed nombra media docena de elefantes, y hay uno que no menciona, que oculta detrás de ellos, pero que también influye. Las razones son obvias: la política monetaria debe ser independiente, y el obstáculo que entorpece transitoriamente su camino, es el ardor de la campaña presidencial. El principal motivo para no creer en la inminencia del QE3 es la definición en curso de la puja electoral. La Fed tiene que ser independiente de las banderías políticas (no importa que Bernanke sea un afiliado republicano) pero además debe parecerlo. Si no hay urgencias, que no las hay, por qué no posponer una intervención que generaría severo escozor político. Postergar el QE3 no causará mella en el cabal desempeño de sus funciones. En rigor, el estímulo monetario comienza a ejercer su influjo cuando se instala en las expectativas. Y eso la Fed ya lo hizo. Admirablemente. Ya sabemos que, si la situación no cambia (y mucho), habrá QE3. No este año quizás. Pero sí en 2013. Lo sabemos (o creemos saberlo) gracias a las minutas. El arma de la comunicación ya se gatilló. Las decisiones privadas se moverán en consecuencia. Sin que la Fed tenga que gastar ahora una sola moneda. Casi como si no tuviese nada que ver. 

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