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Bienvenidos al mundo de la tasa cero
A esta altura, la expectativa por la reunión del Comité de Mercado Abierto es, si bien se mira, sólo un acto reflejo; un gesto atávico heredado de los tiempos en los que la política monetaria cocinaba allí, con metódica regularidad, su decisión más trascendente. Esa tradición
-la Fed migró del control de los agregados monetarios a fijar la tasa de interés como guía en la década de los 80- se hizo trizas. En consecuencia, el impacto principal de la política monetaria ya no deriva del manejo de tasas. Y el propio mercado interbancario define su equilibrio ajeno a las preferencias que exprese la Fed. En octubre, el organismo rector dispuso dos reducciones que llevaron el tipo de fed funds del 2% al 1%. Sin embargo, la tasa promedio que rigió durante todo noviembre fue apenas del 0,39%. La decisión de remunerar las reservas bancarias al 1% -tomada para garantizar la existencia de un piso en dicho nivel- tampoco logró su cometido. Así, ayer la Fed, lejos de modificar la realidad imperante, le concedió un reconocimiento. Los mercados se instalaron en la franja entre el 0% y el 0,50% -el rango bendecido por el comunicado oficial- desde mucho antes. Basta consignar que la tasa de fed funds fluctuó entre el 0,11% y el 0,15% durante toda la semana pasada. Bienvenidos, pues, al mundo de la tasa cero.
La poda extrema no es circunstancial: el comunicado oficial, en un desvío respecto a su habitual laconismo, considera que estos niveles «excepcionalmente bajos» de tasas de interés van a perdurar «por algún tiempo». La frase arrima una notable semejanza con la redacción de los mensajes de la Fed en el semestre final de 2003 cuando se prometía la estabilidad de las tasas de corto plazo por «un tiempo considerable». Entonces, con una economía en proceso de mejoría, el propósito era evitar la liquidación de posiciones de bonos y la consecuente suba de las tasas largas hasta que la recuperación echara sólidas raíces. En la actualidad, con una economía en caída libre, la lectura es otra: he aquí un guiño oficial que sugiere que las tasas largas no han hecho piso todavía y pueden seguir cayendo.
No hacía falta aclararlo pero no viene mal tampoco que la Fed lo diga abiertamente: la entidad está dispuesta «a emplear todas las herramientas disponibles» para alcanzar sus objetivos. En ese marco, el giro hacia la creación lisa y llana de liquidez primaria, el llamado «enfoque de relajación cuantitativa» que ensayara Japón entre 2001 y 2006 en un entorno similar de tasa cero, es claro. En los hechos es un proceso que ya comenzó hace rato. Desde que sucumbió Lehman Brothers, los pasivos de la Fed se multiplicaron por 2,5. Y el banco central, lo señala ayer en forma expresa, no va a trepidar en tomar medidas que «sostengan el tamaño de su hoja de balance en alto nivel». Léase como una ratificación de lo actuado y un anticipo de lo que vendrá.
En el mismo comunicado que se consagra el arribo de la tasa cero es lógico que se pase revista a la munición (no convencional) disponible. La santabárbara no está vacía. El banco central no yace inerme. Así, el guiño ya citado a la baja de las tasas largas se completa con dos programas de acción. Uno, ya anunciado y comenzado a ejecutar, apunta a la adquisición de deuda de las agencias hipotecarias (obligaciones directas y pass throughs). La Fed ya se comprometió a comprar 600 mil millones de dólares (aproximadamente un quinto del total en circulación), pero ayer adelantó que «está dispuesta a expandir las adquisiciones si las condiciones así lo demandan».
A la par, el comunicado revela que está bajo estudio la conveniencia de sumar compras de bonos del Tesoro (una vertiente ya anticipada por Ben Bernanke). La Fed, además, se estrenará como underwriter de crédito de consumo a principios del año próximo. Y «continuará considerando formas de usar su hoja de balance para apuntalar aun más los mercados de crédito y la actividad económica».
No es, pues, el nivel de la tasa de interés sino la magnitud de todas estas iniciativas las que determinarán el voltaje de la política monetaria. Las tasas nominales chocan contra una barrera natural: no pueden ser (muy) inferiores a cero. La imaginación, en cambio, no tiene límites. Y, por cierto, a la Fed no le falta voluntad ni determinación para desplazar agresivamente las fronteras.


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