21 de noviembre 2014 - 00:12

Billete de $ 100 vale ya menos que $ 10 de 2001

 Las fuertes devaluaciones que sufrió el peso argentino y la persistente suba de precios que se percibió a lo largo de estos años redujeron drásticamente el poder de compra de la moneda local hasta ubicarlo en una décima parte de la que tenía antes de la caída de la convertibilidad. De acuerdo con esto, un billete de $ 100 permite hoy comprar sólo lo que costaba $ 9,66 a fines de la década de los noventa. Y por la misma razón, la economía debería contar hoy con un billete de $ 1.000 para evitar nuevas dificultades en las transacciones. La estimación surge del último informe de la consultora Ecolatina, que considera la inflación del INDEC hasta 2007 y a partir de entonces la de San Luis y la del Congreso (llega con ambas a conclusiones similares).

Simultáneamente, y por efecto también de la evolución de los precios, el tipo de cambio real se fue apreciando frente a otras monedas y está lejos de mostrarse "competitivo" como había pretendido el Gobierno en su primer Gobierno, según ese estudio.

El billete de mayor denominación pierde aún más capacidad adquisitiva frente a los alimentos, porque en éstos la suba de precios fue mayor: la canasta básica alimentaria (CBA) que, en 1999, requería un pago de apenas $ 60 (es decir, un 60% del billete); cuesta hoy $ 1.070, más de diez billetes de $ 100. Respecto de otros países de la región, la comparación también muestra un fuerte atraso: en Uruguay se necesita sólo 1,3 billete de máxima denominación para adquirir una CBA, en Colombia 1,8 y en Brasil 4.

Los economistas de Ecolatina advierten que el problema supone cargar con una mayor cantidad de billetes para realizar transacciones regulares (pagar impuestos, salidas o las compras del mes en el supermercado) complejizando operaciones ordinarias y generando un costo creciente.

Complicaciones

Y las dificultades no sólo para los particulares, sino también para los bancos: por un lado, las personas deben ir más a los cajeros automáticos, ya que necesitan cada vez más billetes para hacer las mismas transacciones; y por el otro, los bancos afrontan mayores costos que trasladan a sus clientes, para mantener los cajeros y por cuestiones logísticas, por la necesidad de transportar, almacenar y velar por la seguridad de tantos billetes.

"Realizar transacciones cotidianas con billetes de bajo poder de compra dificulta las operaciones y genera costos innecesarios a los ciudadanos. En este marco se hace imperioso crear billetes de mayor denominación que sean consecuentes con las necesidades transaccionales, sean estos de $ 200, $ 500 o incluso $ 1.000. De todas formas si esta decisión no es acompañada por un esfuerzo real por reducir la inflación, estas medidas no serán duraderas y se necesitará nuevamente imprimir un billete de mayor denominación", concluye el informe.

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