8 de mayo 2015 - 00:00

Bogani viste a Donizetti

Así lucirá la versión de “L’elisir d’amore” según la régie de Sergio Renán, con vestuario de Gino Bogani.
Así lucirá la versión de “L’elisir d’amore” según la régie de Sergio Renán, con vestuario de Gino Bogani.
 Vuelve esta noche al Teatro Colón "L'elisir d'amore", de Gaetano Donizetti. La producción tendrá el sello de Sergio Renán, secundado por el diseñador Gino Bogani en el vestuario, y el escenógrafo Emilio Basaldúa. La dirección musical corresponde a Francesco Ivan Ciampa. El elenco de las funciones de hoy, el domingo, el martes 12 y el jueves 14 estará compuesto por Adriana Kucerova (Adina), Ivan Magri (Nemorino), Giorgio Caoduro (Belcore), Simón Ofila (Dulcamara) y Jaquelina Livieri (Giannetta). En la función de mañana cantarán Paula Almerares, Santiago Bürgi, Omar Carrión, Lucas Debevec Mayer y Victoria Gaeta. Participan el Coro Estable dirigido por Miguel Martínez y la Orquesta Estable. Dialogamos con Bogani:

Periodista: ¿Qué característica estética tendrá esta producción?

Gino Bogani:
La ambientación de la ópera se modernizó: Adina en vez de ser una aldeana rica es la dueña de una fábrica de jugo de naranja a principios de los años 50. Las campesinas en esa época no estaban vestidas según el último grito de la moda, de manera que las vestí como realmente era: se adaptaban según los vestidos que tenían, de antes o después de la Guerra. Para darle un marco más vistoso al personaje, Adina está vestida con un toque más de los años 50. Indudablemente me adapto a las exigencias de Sergio Renán, con algunos personajes que tengan características atemporales y según el criterio de cómo los ve él. Están los carabinieri, que son la policía, y los bersaglieri, soldados italianos, para darle un poco de gracia, y que no sea todo tan monótono. Al ambientarlo en los años 50 se le quita un poco el colorido de lo que podrían ser los comienzos del 1800. Hay algunos personajes que no cantan pero deben tener determinadas características, eso ayuda a darle colorido tanto visual como actoral.

P.: Se intuye su adaptación a lo que sería un vestuario social.

G.B.:
Estos últimos años hice "Cenerentola" y "Cascanueces". Había tenido oportunidad de hacer vestuario de cine y teatro con materiales parecidos, pero en la ópera hay cosas a las que hay que adaptarse, por ejemplo a las luces que son muy fuertes, o a las dimensiones del Colón. Debe lograrse el efecto en combinación con los de iluminación, sobre todo en los últimos tiempos en los que este rubro ha cambiado muchísimo, está todo computarizado. Todo es estimulante.

P.: Es habitual verlo en el Colón. ¿Desde cuándo data su relación con el género lírico?

G.B.:
Cuando vinimos a vivir a Buenos Aires papá sacó abono en el Colón, y desde hace décadas tengo Gran Abono. Es una relación casi familiar, me siento como en casa.

P.: ¿Cómo es el trabajo con la gente del teatro?

G.B.:
Cómodo. Cuando voy a trabajar estoy entusiasta y en buen clima, desde los jefes y el personal de sastrería, talabartería, zapatería, pelucas, sombreros hasta los lacayos, que me saludan y me conocen de tantos años. Se aprende siempre, uno se nutre mucho, amplía el espectro del trabajo, todo lo que se hace es un aprendizaje y nunca se termina de aprender. Cada vestido es una experiencia nueva: una persona, una tela, una ocasión; ha evolucionado la industria textil. Siempre fui vanguardista en ese sentido, y en el teatro también hay que adaptarse.

Entrevista de Margarita Pollini

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