Boudou: ajustes a la espera del guiño final de Cristina

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«El espacio mide». Es decir: Cristina de Kirchner mide. Por abajo, todos los candidatos se nutren de esa cosecha genérica. Unos más, otros menos. Pero el voto K es, esencialmente, hacia la Presidente. El diagnóstico, a horas de que Mauricio Macri fije el 10 de julio como fecha para la elección porteña, dominó la cumbre que ayer, al mediodía, montó Amado Boudou para evaluar el primer tramo de su campaña y definir el spring clave para decantar como candidato K.

¿Cuándo ocurrirá eso? En esa cita hablaban de un mes. En Gobierno, anoche, sugerían que podría ocurrir en no más de 15 días. De facto, los allí reunidos, coincidían en descartar la opción de colectoras para jefe de Gobierno.

El ministro armó, en un alarde de ecumenismo ideológico, una mesa concurrida y diversa: del municipal y jefe de las 62 porteñas Alejandro Amor a la humanista Lía Méndez; de Débora Giorgi a Edgardo Depetri, de Diego Bossio al judicial Julio Piumato.

Se repartieron, en las sillas, Abel Fatala -montado a la campaña boudouísta-, Eduardo Feletti y Juan Zabaleta de Economía, Juan Pablo Schiavi (Transporte), Jorge Coscia, Fernando Gril, Luciano Di Césare (PAMI), Eduardo Valdez y, entre otros, el socialista Oscar González.

Todos, atentos, a escuchar cifras dulces para soñar despiertos: Artemio López, Analía Del Franco y Carlos Fara desgajaron estadísticas, escenarios y proyecciones que dieron motivo a las sonrisas de la sobremesa.

Los tres consultores compartieron números: hablaron, unos en el orden del 17%; otros en 23%, de un «empate técnico» entre Boudou y Daniel Filmus, un eufemismo para evitar decir que el ministro de Economía está, con los datos de ayer, debajo de Daniel Filmus.

Por idéntica razón, el libreto perfecto invoca que la intención de voto de los candidatos K tiene, como gran paraguas, a Cristina de Kirchner. De ahí que, entre sí, dándose ánimo, afirmen que «el que mide es el espacio». En criollo: con su dedo, la Presidente puede derramar su bonanza sobre quien quiera.

«Arrancamos con 5 puntos y miren donde estamos» dijo Boudou, eufórico, confiado de que la varita mágica de Olivos tocará su frente y lo convertirá en el postulante oficial para enfrentar, en julio, al macrismo. Suponen, en Gobierno, que será Gabriela Michetti: no descartan que sea, igual, Macri.

Escultor de escenarios a pedido, Artemio López susurró otros datos. Uno interesó en particular a los presentes: la Capital, dijo el consultor, dejó de estar regida por un electorado exclusivamente de clase media para estar segmentado y con bolsones conurbanizados.

Según esa óptica, el encanto de Filmus como candidato para sectores medios, se debilita. Las encuestas -al menos las que le presentan a Boudou- muestran, en ese sentido, que el senador no crece mientras que el ministro viene, desde diciembre, en alza.

Hay una explicación callejera: Filmus es, hace años, candidato en la Capital. Boudou irrumpió hace 4 meses.

¿Qué priorizará, en el tramo final, Cristina de Kirchner? Ayer, en el almuerzo, los gritos se superponían arguyendo que la Presidente elegirá a alguien propio, un «cristinista puro» en el dialecto de los comensales.

Es decir: tras el triunfo en Catamarca y la elección, reñida, en Chubut, la Presidente se embaló con derrotar al macrismo en la Ciudad y quiere, afirman en el boudouismo, hacerlo con un referente de su riñón.

La diversidad, se elogiaban mutuamente los convocados, se invocada como indicio de que el kirchnerismo en sus más insólitos matices y dobleces aparece, mayoritariamente, encolumnado detrás de Boudou.

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