1 de octubre 2014 - 00:00

Brillante orquesta alemana en el Colón

Enoch zu Guttenberg regresó al país con la Orchester der KlangVerwaltung München, y brindó un concierto memorable.
Enoch zu Guttenberg regresó al país con la Orchester der KlangVerwaltung München, y brindó un concierto memorable.
Orchester der Klang-Verwaltung München. Director: Enoch zu Guttenberg. Solista: Stefan Stroissnig (piano). Obras de L. van Beethoven y A. Bruckner (Nuova Harmonia, Teatro Colón, 29 de septiembre).

Desde su mismo nombre (traducible como "orquesta de la administración del sonido"), la agrupación bávara, que nos visitó hace dos años también para Nuova Harmonia en compañía de su titular, Enoch zu Guttenberg, parece tener una preocupación especial por la materia sonora. Su actuación de anteanoche volvió a confirmarlo, en un repertorio compacto que le permitió el lucimiento de esa característica.

El comienzo no podría haber sido mejor: la obertura "Leonora" n° 3 de Beethoven, la más difícil de las puertas de entrada a su única ópera. El clima que Guttenberg y sus músicos crearon desde aquí fue una constante a lo largo de todo el concierto, y se logró el difícil equilibrio de infundir un brío renovado a la partitura beethoveniana sin incurrir en desbordes extemporáneos. A la precisión y calidez del conjunto se le sumó el "coup de théâtre" que dio el director al ubicar la trompeta indicada como interna en el palco de autoridades, a la vista del público.

Stefan Stroissnig se sumó para interpretar el concierto "Emperador" de Beethoven. La performance del joven pianista austríaco junto al ensamble alemán fue más contenida que espontánea; tal vez le faltó al instrumentista un toque de chispa y también una mayor conexión con la orquesta; por otra parte, el uso que Stroissnig dio al pedal le restó claridad a numerosos pasajes. Como bis, uno de los "Impromptu" de Schubert (opus 90 número 4) sonó en sus manos sutil e inspirado.

Ocupó la segunda parte la Sinfonía número 4 en Mi bemol mayor, "Romántica", de Anton Bruckner, y su audición constituyó una apasionante travesía, desde el notable solo de corno inicial. La gestualidad de Guttenberg, agitada y no demasiado precisa, es comprendida a la perfección por sus músicos, y su riqueza de ideas se traduce en una paleta y dinámica de matices extraordinarias. La ODKM es un instrumento grandioso; parafraseando su nombre, si el sonido es la cualidad más sobresaliente de la orquesta, su director es el mejor administrador.

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