- ámbito
- Edición Impresa
Brillante recital de Dejan Lazic
Aún estaba fresca en la memoria del público y de los abonados del Mozarteum la actuación del croata Dejan Lazic hace exactamente dos años. En aquella oportunidad en que había sido solista junto a la Orquesta del Festival de Budapest y el gran director Ivan Fischer, el pianista había deslumbrado por la variedad de sus colores y la sensible soltura de su toque en la "Pieza de concierto" de Carl Maria von Weber. La temporada 2013 de esta institución trajo la oportunidad de escucharlo en soledad, y Lazic desembarcó con un programa brillante desde su mismo concepto: un diálogo entre los siglos XVIII y XX que podría haberse quedado en un mero planteo intelectual, pero al que él logró dar vida.
Con una postura física que no deja de recordar la del mítico Glenn Gould (el cuerpo alejado del piano y el torso completamente inclinado sobre las teclas), vestimenta informal y una capacidad de concentración fuera de serie, Lazic inició la primera parte con obras de Carl Philipp Emanuel Bach: la "Fantasía en re mayor" (género en que el más original de los hijos de Johann Sebastian Bach sobresalió), la pieza de carácter "La Bohemer" la "Sonata en re menor", ejecutadas sin solución de continuidad y con una sobriedad y precisión absolutas, no exentas de gesto y expresividad.
El salto cronológico a la bella suite "Holiday diary" ("Diario de vacaciones") de Benjamin Britten permitió no sólo poner de manifiesto la intención de Lazic al evidenciar que no son universos distintos sino disfrutar de su interpretación más inspirada en el lapso de la noche, desde los devaneos de "Early morning bathe" hasta la indecible transparencia final de "Nocturno".
A Domenico Scarlatti le tocó en manos de Lazic interactuar con Bela Bartok, y aquí también la conjunción fue feliz. La técnica del croata lo faculta para desgranar las sonatas scarlattianas (en dos bloques de tres cada uno) sin vacilaciones, con una ornamentación perfecta y el perfume clavecinístico imprescindible.
Al final de cada bloque, y sin interrupción, las tres obras de Bartok ("Seis danzas en ritmos búlgaros" del Mokrokosmos VI, la "Marcha fúnebre" del poema sinfónico "Kossuth" y los "Tres rondó sobre temas folklóricos eslovacos") fueron un complemento perfecto.
La ausencia de bises reclamados por el caluroso público del Colón no fue un gesto mezquino ni una muestra de cansancio por parte de Lazic sino una confirmación de su inteligencia: cualquier agregado hubiera hecho tambalear irremisiblemente la perfecta arquitectura que con sus manos acababa de erigir.


Dejá tu comentario