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Brizuela o Cristina, rivalidad que define duelo catamarqueño
• Marca el inicio del calendario electoral 2011.
• El Frente Cívico Radical busca retener el poder
Cristina de Kirchner estuvo en la provincia para dar su respaldo a Lucía Corpacci (izquierda), exvicegobernadora de Brizuela del Moral (detrás de la Presidente).
La excepción -única sobre veintiún comicios, computando cargos para el Congreso como gobernador y legisladores locales, desde el retorno democrático- se remonta a la batalla por diputados nacionales del 23 de octubre de 2005, cuando la lista K se impuso por mínimos 3.640 votos a la oferta radical.
Aquella elección, en la que el peronismo catamarqueño se repartió en dos boletas -una kirchnerista; otra patrocinada por Luis Barrionuevo, que logró una banca como diputado-, coincidió con el debut de Cristina de Kirchner como candidata extra Santa Cruz: ese día, venció a Chiche Duhalde en Buenos Aires.
La mística K, que tiene rostro de necesidad o suplicio, se abraza a ese episodio electoral para soñar con una victoria y desafiar un karma local: la única vez que, en tres décadas, el poder cambió de manos fue tras el crimen de María Soledad, que forzó una intervención federal y allanó la entronización de la UCR.
Simple y puntual: jamás un gobernador perdió una elección y tuvo que entregar el mando.
Eduardo Brizuela del Moral, instalado en la cima del Gobierno de Catamarca desde el 10 de diciembre de 2003 -lo heredó de Oscar Castillo, que lo recibió de su padre, Arnoldo-, buscará este domingo su segunda reelección confiado en que no se altere la secuencia histórica de victorias oficialistas.
Enfrente, el kirchnerismo fantasea con lo contrario. O, al menos, confía en otra superstición: la que, desde la muerte de Néstor Kirchner, disparó los indicadores positivos de Cristina de Kirchner a niveles antes inimaginados y ahora, en esta provincia, empujan hasta a considerar accesible un triunfo kirchnerista.
La apuesta, no casualmente, tiene cara de mujer: Lucía Corpacci, alguna vez vicegobernadora de Brizuela (producto de aquella alquimia espasmódica que se bautizó Concertación y llevó a Julio Cobos a la vicepresidencia), que se quedó con la candidatura K por la bendición exclusiva de la Presidente.
Enfoques
Pero el duelo de fondo se corporiza en otro antagonismo. Esta batalla provincial, primer escalón electoral hacia la presidencial del 23 de octubre, encarna un antiguo dilema: lo nacional versus lo local.
Las encuestas, que en estas horas abundan, difieren en los resultados, pero coinciden en un punto: la Presidente y Brizuela tienen altos niveles de imagen positiva. Rondan, los dos, entre el 50 y el 60%. El dilema, entonces, se centra en qué priorizarán los votantes a la hora de enfrentar las urnas.
Las estrategias del Frente Cívico y Social de Brizuela (FCS) y del Frente para la Victoria (FPV) de Corpacci son, en ese sentido, bien distintas: el gobernador venera las virtudes de la autonomía provincial y dispara implacable contra los Kirchner, con quienes consiguió, en 2007, la reelección.
El kirchnerismo, que logró absorber al PJ, repite un salmo habitual: el destino catamarqueño no puede, advierten, quedar al margen del «proyecto nacional». Venden, desde ahí, la promesa de que con un gobernador alineado con el Gobierno, la fortuna de la provincia será mejor a si sigue en manos de un opositor a la Casa Rosada.
Los gestos de cada uno coinciden con ese libreto: la ilusión de los K tomó impulso tras la visita, el 23 de febrero, de Cristina de Kirchner a la provincia. Días después, las encuestas detectaron un crecimiento exponencial de Corpacci.
A dos semanas de aquella presencia, la intención de voto de la senadora evolucionó casi el triple de lo que se consolidó el respaldo a Brizuela (ver recuadro). Se especula, por estas horas, con un nuevo desembarco de la Presidente que sirva como último empujón antes de la elección del domingo.
Ayer, sin embargo, desde el búnker del Frente para la Victoria (FpV) aseguraban que no está previsto otro viaje de Cristina de Kirchner. Otros funcionarios, como Gabriel Mariotto, pasaron por la provincia a respaldar a Corpacci y repetir un título: «Lucía es Cristina». Esa fue, confió ayer un encuestador que mide para la Casa Rosada, la clave del repunte de la candidata K.
Brizuela, en tanto, cerró la provincia y no permitió la presencia de referentes nacionales. A pesar de su empatía que lo une a Julio Cobos, el gobernador no se mostró con el vice en la campaña local. Tampoco convocó -se afirma, incluso, que sugirió que no concurran- a otros referentes nacionales de la UCR.


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