16 de marzo 2012 - 00:00

Bruselas y el heroísmo infantil

El Mannekin Pis, curiosa estatua que es símbolo de la capital belga.
El Mannekin Pis, curiosa estatua que es símbolo de la capital belga.
Lo primero que conoce un turista que llega a Bruselas, la ecléctica capital de Bélgica, es que su principal atracción no es la imponente plaza central, que se remonta a la Edad Media y es Patrimonio de la Humanidad desde 1988, ni el majestuoso Palacio Real de finales del siglo XVIII, ni el moderno barrio que aloja las principales instituciones de la Unión Europea, sino la réplica de una estatua de bronce de 61 centímetros de un niño haciendo pis. Por más extraño que suene a los visitantes que llegan a Europa para ver grandes esculturas clásicas y renacentistas, el Mannekin Pis ha logrado convertirse en el alma de Bruselas.

La pequeña estatua ubicada en la esquina de la peatonal Rue de lÉtuve y la Rue du Chêne es una especie de patrono ad hoc de la ciudad (el verdadero es San Miguel) que, según cuentan, originalmente era de piedra y cuyo origen se remonta a 1388. Más tarde, en 1619, fue reemplazada por una réplica de bronce realizada por el escultor barroco Jérôme Duquesnoy. Ésa es la imagen actual de Mannekin Pis, si bien la estatua emplazada en la calle es una copia, ya que el original fue robado y devuelto en 1960 y los belgas decidieron exponer una copia para no correr más riesgos con uno de sus baluartes más preciados.

Leyenda

Existen varias versiones sobre las razones que generaron este extraño símbolo en la capital belga. Las leyendas de su origen siempre se remontan a la Edad Media y se centran en un niño que salva a la ciudad, ya sea orinando sobre los soldados del duque Godofredo III de Lovaina que en 1142 intentaron un ataque frustrado a la ciudad o realizando la misma acción sobre una mecha de cargas explosivas que pretendían derribar las murallas que protegían Bruselas.

El origen incierto de la leyenda sólo alimentó la fábula de heroísmo infantil que actualmente hace de la estatua una de las vedettes de la ciudad, a la que incluso disfrazan en ocasiones especiales con trajes navideños, por ejemplo, o utilizan para fiestas populares cambiando el agua de la fuente por cerveza o vino, como dispusieron las autoridades de Bruselas en las fiestas de la ciudad en 1890. El fanatismo por el Mannekin Pis, símbolo del espíritu independiente de la ciudad según sus propios habitantes afirman, llegó a tal punto en los últimos años que las calles que lo rodean están repletas de réplicas dudosamente tentadoras de chocolate y waffles, manjares típicos de la zona. En los últimos años incluso se ha pretendido crear una verdadera mitología familiar con el emplazamiento de una hermana (Jeanneke Pis) y un perro (Zinneke Pis) en otros puntos de la ciudad.

Flashes

Así, es muy común ver a los visitantes de Bruselas disparando su cámara obsesivamente sobre la pequeña estatua y disfrutar de los waffles y chocolates de la ciudad, sin aventurarse demasiado hacia otras zonas que ofrecen tanto o mucho más interés, como el Barrio Europeo o la del Palacio Real. A los habitantes de Bruselas, sin embargo, este hecho no les molesta: adoran su pequeña estatua y aprovechan su atractivo comercial cada vez que pueden.

Toda una incógnita del mundo del turismo, si se tiene en cuenta que la ciudad cuenta con dos edificios que son Patrimonio de la Humanidad (el Hotel de la Ville en la plaza central y el Palacio Stoclet), el Parlamento Europeo, un Arco del triunfo propio, y numerosos edificios art nouveau, neobarrocos y medievales que no son tan visitados por los turistas. Pero claro, la mayoría de ellos están alejados del pequeño héroe.

Dejá tu comentario