18 de noviembre 2011 - 00:00

Buró peronista entronizó a Cristina como “jefa natural”

Postales de la cita sureña. José Luis Gioja, Juan Manuel Urtubey, Florencio Randazzo y Daniel Scioli, junto a la estatua del expresidente. Máximo Kirchner y, juntos, dos gobernadores reincidentes por asumir: Eduardo Fellner y José Manuel de la Sota.
Postales de la cita sureña. José Luis Gioja, Juan Manuel Urtubey, Florencio Randazzo y Daniel Scioli, junto a la estatua del expresidente. Máximo Kirchner y, juntos, dos gobernadores reincidentes por asumir: Eduardo Fellner y José Manuel de la Sota.
En ausencia, Cristina de Kirchner fue coronada «jefa natural» del peronismo. El trámite fue tan informal como inevitable: un malón de gobernadores, ministros y caciques puso en palabras lo que, de facto, se expresó en julio pasado en el cierre de lista del FpV.

Fue el demorado traspaso de mandos de Néstor Kirchner a su esposa. La ofrenda adicional la dio el escenario y el momento: en Río Gallegos, en el homenaje a un año de la muerte del expresidente y en la más setentista de las festividades del peronismo.

Cristina tenía, in situ, dos delegados personales: Carlos Zannini, su ministro plenipotenciario, y su hijo Máximo Kirchner -siempre junto a su pareja, Rocío-, que custodia el descanso de su padre y siguió, desde un costado, la ceremonia que encabezó el cura «Lito» Álvarez.

El staff ministerial se completó con Florencio Randazzo, Juan Manuel Abal Medina y Diego Bossio. ¿Pistas sobre lo que viene? Ninguna: los funcionarios, en particular aquellos con expectativas, aprendieron la lección de la alta cotización del silencio en el planeta K.

De ese pelotón surgieron, aplicadas, las voces más cristinistas. A dúo, Abal Medina y Randazzo hablaron no sólo de Cristina como «jefa natural», sino que dijeron, además, que no es necesario que la Presidente asuma la jefatura del PJ: igual -afirmaron- ella será la «conductora» del partido.

«Es innegable que ella conduce el proyecto y el movimiento más allá de quién esté al frente del partido como dirigente», sostuvo el ministro del Interior.

«No se trató la presidencia porque está claro que la conducción está en manos de Cristina Fernández de Kirchner, no sólo lo dicen los dirigentes, sino también la sociedad, con el contundente apoyo brindado (en las elecciones) el 23 de octubre», completó Abal Medina.

Es una señal, posiblemente de adivinación, pero una señal. Ayer, en Río Gallegos, nadie se atrevió a plantear las incógnitas sobre el futuro mediato del partido. Es más: es posible que la cita partidaria de ayer sea la última en varios meses.

Ese horizonte incierto podría superar, incluso, la frontera de mayo: ese mes vencen los mandatos de la actual cúpula del PJ, electa en 2008, pelotón que presidió Kirchner, butaca que tras su muerte quedó en manos del gobernador bonaerense.

Por lo pronto, con letra aportada de Jorge Capitanich -el chaqueño es el amanuense oficial del partido-, los gobernadores y dirigentes firmaron la nota de apoyo a la Presidente: un menú de generalidades como si no hubiese, en estos días, asuntos citables como el dólar y los subsidios.

El texto, titulado «Con el respaldo de los votos», recordó el «contundente triunfo electoral», agradeció «al pueblo por garantizar la continuidad del proyecto económico y social» y elogió los «logros» de los ocho años de gobierno kirchnerista.

En esa línea, el documento plantea que en ese tiempo se «recuperó la autoestima, la confianza en nosotros mismos y el orgullo de ser argentino para devolver la esperanza». Al final, además de ratificar su apoyo a la Presidente, plantea que la «respaldará» para que disponga medidas para «aumentar la creación de nuevos empleos, principalmente jóvenes, e incluir a los que aún hoy se encuentran excluidos».

Brevarios

Lo mismo, en sus breves discursos, dijeron Capitanich, Daniel Scioli y Daniel Peralta -gobernador de Santa Cruz, que ofició de anfitrión-, que se turnaron en la palabra durante el almuerzo en la sede de Gobierno local.

Repartidos en mesas, la centralidad se diluyó: algunos terminaron hablando de la elección de Boca: la pasión por esa disputa es un espejo de cómo los dirigentes, limitados en otros territorios, ante la centralidad cristinista, se entretienen en otros asuntos.

Otros especulaban con que antes de fin de año sólo se resolverán las comisiones imprescindibles en el Congreso y que lo demás quedará para marzo. No se esperan cambios: a Agustín Rossi, allí presente, y a Miguel Pichetto se los da como ratificados en sus respectivas jefaturas de los bloques.

También hubo interrogatorios a los únicos dos gremialistas presentes: Andrés Rodríguez y José Luis Lingieri, sobre el ánimo de Hugo Moyano, que faltó a la cita, pero se disculpó por teléfono.

Para otros, el viaje fue toda una aventura: el mendocino Francisco «Paco» Pérez, sucesor de Celso Jaque, aprovechó la reunión como una especie de presentación en sociedad, lo mismo que Lucía Corpacci, que llegó a Río Gallegos junto con su vice, Dalmacio Mera.

El club de los que todavía no asumieron se completó con José Manuel de la Sota, el jujeño Eduardo Fellner -que compartió vuelo con Walter Barrionuevo- y Martín Buzzi, el chubutense que dejó de ser el delfín dasnevista para sumarse al cardúmen de los ultrakirchneristas.

La hilera de comensales se completó con Carlos Kunkel; José María Díaz Bancalari; el apoderado Jorge Landau; el jefe del Movimiento Evita, Emilio Pérsico; el intendente Julio Pereyra, y el todavía titular del Senado, pero futuro director del Banco Provincia, José Pampuro, entre otros.

También se trepó al Tango 01 el secretario general de la presidencia, Oscar Parrilli.

El scrum de gobernadores se completó con José Luis Gioja (San Juan); Gildo Insfrán (Formosa), Juan Manuel Urtubey (Salta); Sergio Urribarri (Entre Ríos) y Oscar Mario Jorge (La Pampa). Gioja, Insfrán y Jorge tuvieron lugares preferenciales en la mesa que comandó Zannini.

Fuera de radar, pero partícipe del evento, estuvo el empresario Lázaro Báez, financista del mausoleo, que fue un activo organizador de la visita de los gobernadores. Todo un dato: Báez fantasea con un desembarco en la política de Santa Cruz.

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