22 de agosto 2008 - 00:00

Busca suavizar Néstor una imagen belicosa

• Recibe a díscolos que lo criticaron. • Promueve información para la prensa. • Dice que se debe negociar con el campo y que el acuerdo es la base de la fortuna. • Ya no utiliza términos como "traición". • Nadie sabe cuánto dura esta nueva piel del ex presidente.

Néstor Kirchner se adueñó de Olivos como pariente de la Presidente, que prefiere su despacho para actos institucionales. Ayer recibieron al manso ex tupamaro José Mujica para dar señales de paz hacia adentro y hacia el Uruguay.
Néstor Kirchner se adueñó de Olivos como pariente de la Presidente, que prefiere su despacho para actos institucionales. Ayer recibieron al manso ex tupamaro José Mujica para dar señales de paz hacia adentro y hacia el Uruguay.
«Guerra, guerra, guerra...»Desencajado, Néstor Kirchner terminó a los gritos la conversación con Jorge Busti. Entre la sorpresa y la confusión, el entrerriano no supo reaccionar. Se quedó con el teléfono en la mano. Con el eco, todavía, de un insulto orillero en los oídos.

Eran los días más calientes del conflicto entre el campo y la Casa Rosada, y Busti tuvo la peregrina idea de aportarle sugerencias al ex presidente para acercar posiciones con los chacareros. Le mandó un menú de propuestas que los Kirchner interpretaron como una herejía.

Aquel Kirchner belicoso parece dormido. Los que lo visitaron últimamente celebran su tono calmo y sus pedidos de producir acercamiento con los sectores del campo, autocrítico sobre ese conflicto y promotor de tregua y alianzas poco tiempo atrás insospechadas.

Es, casi, un Kirchner zen. Escucha, pide consejos, anota comentarios. Y, sobre todo, invita a moverse con cautela, de dejar de lado los modos combativos.

Plantea, por ejemplo, producir acercamiento con la dirigencia del campo del interior del país.

«Tenemos que dialogar con todos los sectores, tenemos que recomponer con el campo» adoctrina, el patagónico, a las visitas. «Estamos en democracia y tenemos que entender que puede haber diferencias», lo ilustra en las bondades de la libertad de opinión.

Un dato sintomático: el bisturí que los diputados oficialistas hundieron sobre el proyecto de reestatización de Aerolíneas Argentinas pergeñado por Ricardo Jaime no despertó ningún reproche del ex presidente. En Congreso citaban, no sin intriga, ese fenómeno.

Otro elemento que exponen en Casa Rosada, donde festejan la conversión del ex presidente, es que no estorbó en los procesos de tregua que se iniciaron con peronistas díscolos, como el cordobés Juan Schiaretti. Es más: en persona, sin quejas ni mala cara, se fotografió con Carlos Reutemann.

Los alcaldes bonaerenses que lo visitaron, el miércoles, en Olivos se llevaron esa impresión. Kirchner lo animó a acercarse a la dirigencia rural de sus distritos como parte de una táctica electoral: reforzar al oficialismo para las legislativas de 2009.

Es más: luego de la charla, los llevó al garaje de la quinta de Olivos para mostrarles -lo puso en marcha- el auto en el que, con la enfermedad muy avanzada, Eva Perón hizo su último viaje público, sostenidapor un arnés que la mantenía derecha y de pie.

No todo, claro, es perfecto. Ayer se mudó la cita de Cristina de Kirchner con gobernadores, de Olivos a la Casa Rosada, para no contaminar la cumbre con posibles irrupciones del ex presidente. Balcarce 50 es para ella; la quinta presidencial es dominio de él.

Ayer, sin embargo, compartieron techo con José «Pepe» Mujica, senador uruguayo, ex militar de Tupamaros, y precandidato presidencial del Frente Amplio, aunque se lo imagina como vice de Danilo Astori en una fórmula consensuada para suceder a Tabaré Vázquez.

Campechano y moderado, Mujica es una figura conciliadora en la que este Kirchner inusualmente manso y afable, podría espejarse. El líder del MPP, ala izquierda del Frente Amplio, ha invitado incluso a olvidar la tortura que sufrió porque con recordar «no doy de comer a un niño».

  • Sin ferocidad

    Milagro de la medicina o conversión budista, Kirchner parece haber dejado de lado su ferocidad y no sólo no impide, sino que alienta, la reconciliación con sectores del peronismo que en el conflicto del campo se pararon en la vereda de los chacareros.

    Permitió sin objeciones que el ministro del Interior, Florencio Randazzo, y el gobernador pampeano, Oscar Jorge arrimen a los diputados díscolos, Manuel Baladrón y Adriana García, que junto con el senador de La Pampa, Rubén Marín, votaron en contra de la Resolución 125.

    Lo mismo respecto del acercamiento con Schiaretti. Todo se explica: aunque advierte que comenzó a recuperar la imagen del gobierno y de su esposa, admite que el panorama electoral es complejo y por lo tanto hay que reforzar el esquema de alianzas y acuerdos.
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