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Cámara impone denuncia a Rafecas (esperan a fiscales)
Ariel Lijo, Ricardo Lorenzetti y Juan José Galeano
Tanto Rafecas como Lijo se iniciaron en el ámbito de los tribunales pero con una sutil diferencia: mientras el primero expone un pensamiento más corporativo, el segundo siempre se ha mostrado más distante a sus pares e incluso solía enarbolar un discurso crítico, por momentos similar a los que hoy podría escucharse en cualquier encuentro del grupo Justicia Legítima. Ideas que por 2010 la entonces ministra Nilda Garré exteriorizaba en ámbitos reservados con el objetivo de promover a Rafecas hacia la cartera de Justicia, expresión de deseo que nunca llegó a materializarse.
Lijo en cambió, está cómodo en su entorno y tiene trato directo con Ricardo Lorenzetti, quien a su vez también dialoga con Irurzun. Asociaciones que ayer por la tarde dominaban las conversaciones entre los jueces federales casi en un intento por interpretar que un caso explosivo y que nadie desea haya sido girado al juzgado de Rafecas.
El magistrado no es del todo ajeno al caso. Años atrás decidió sobreseer al entonces camarista Gabriel Cavallo por entender que este no había colaborado en el supuesto encubrimiento del caso AMIA que denunciaron los jueces del Tribunal Oral Federal N° 3. A su vez Cavallo fue el que sobreseyó a Juan José Galeano, que ahora busca hacerse fuerte en ese hecho para no ir a juicio oral. Definirá la Corte Suprema.
Igualmente las amistades (o las rivalidades) no son las que convierten al caso AMIA en un lastre que todos buscan evitar, sino la intrínseca conexión que este expediente tiene con los servicios de inteligencia, por ni siquiera mencionar la denuncia que firmó Nisman. La percepción general en Comodoro Py es atribuir las desgracias de los jueces y fiscales que alguna vez intervinieron en el caso a las sucesivas internas del espionaje local.
Ese tipo de entuertos Rafecas los conoció en 2011 cuando procesó al entonces jefe de la Armada, Jorge Godoy, por supuesto espionaje interno. La decisión de Rafecas contra Godoy (que dos días después del procesamiento fue pasado a retiro) llegó justo cuando el nombre del militar sonaba para ocupar la jefatura de Estado Mayor Conjunto. La denuncia, como tantas otras, corrió por cuenta del think-thank que preside el periodista-asesor Horacio Vertbisky.
En 2011 también sucedió un hecho que consta entre los planteos de Rafecas para eludir la denuncia de Nisman: en una conferencia en la Sociedad Hebraica el juez dijo que el activista Luis D'Elía era financiado por Irán. "Seguramente, a cambio de dinero, este señor (D´Elía) empieza a hablar en contra sin tener mucha idea, ni tampoco calibrar la marginación política que sufrió por parte de la clase política, a partir de ese gesto", anotó Rafecas.
D'Elía tiene un rol protagónico en la denuncia de Nisman y es casi seguro que sus abogados recusarán a Rafecas si este habilitara la indagatoria requerida por el fiscal. Sin embargo las recomendaciones para con el juez ayer se orientaban todas hacia el camino más elemental, o sea, direccionar la instrucción hacia la fiscalía que ocupaba Nisman, donde Rafecas podría encontrar algún apoyo si la fiscal Cristina Caamaño fuera una de las elegidas por Alejandra Gils Carbó para dicha oficina donde, por cierto, el subrogante Alberto Gentili aviso que preferiría no continuar.
Rafecas tiene denuncias en el Consejo de la Magistratura pero también un caso resonante contra el jefe del Ejército, el general César Milani, por supuesto enriquecimiento ilícito. Algo para nada despreciable, que interesa a todo el arco opositor y que hasta tiene algún giro de vendetta si se considera que el paradigma que representa Milani en el Gobierno es el que desplazó al que promulgaba Garré, antes de su retiro diplomático, en la lejanía de Nueva York.


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