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Cambian gobiernos, cambia el Mercosur

Esto modificaría la matriz esencial del Mercosur, que ha previsto desde su nacimiento la inexistencia de aranceles para el comercio dentro del bloque, pero la existencia de una política arancelaria común hacia terceros. Esta reforma incluiría en el Mercosur elementos de una mera zona de libre comercio (en las que los miembros acuerdan reducciones o eliminaciones de aranceles "intrazona", pero permiten a sus miembros tener políticas arancelarias propias hacia terceros), lo que concede mayor flexibilidad (el Mercosur requiere de consensos para tomar decisiones, lo que ha impedido avances internacionales por diferencias entre sus miembros). Pero, a la vez, si se generan acuerdos individuales, esto pondría a empresas argentinas ante la pérdida de la exclusiva preferencia arancelaria en los demás socios (especialmente en Brasil, adonde Argentina dirige casi la mitad de todas sus exportaciones industriales tradicionales y donde debería comenzar a competir con quienes hasta ahora pagaban aranceles de ingreso).
En verdad, los miembros del Mercosur no tienen hasta ahora -en principio- restricciones para generar acuerdos en cuestiones no arancelarias (de hecho, la Argentina los ha generado, por ejemplo con China) y los acuerdos no arancelarios (que logran confluencias regulatorias internacionales en normas técnicas, estándares, marcos jurídicos y administrativos sobre el ejercicio de los negocios) son ya en el mundo mucho más relevantes que los acuerdos arancelarios; pero aquellos no se logran sin éstos.
La propuesta de reforma tiene antecedentes comerciales: en 2015 las exportaciones de los países del bloque (incluyendo Venezuela) cayeron en conjunto casi un 20%. Ese descenso fue mayor que el descenso promedio de las exportaciones de toda América Latina y el Caribe (que cayeron 14%), aunque cercano al descenso de exportaciones de toda Sudamérica (caída del 21%), en la que los descensos de los países Bolivia, Colombia, Ecuador y Venezuela (exportadores de commodities energéticos y metalíferos, afectados por caídas de precios de mayor intensidad que la de los commodities agroalimenticios) generaron peores resultados. Pero el descenso en el Mercosur en 2015 no fue un hecho aislado en el tiempo: ya en 2014 las exportaciones del Mercosur cayeron 9,6%; y también se habían reducido en 2013 (-1%) y en 2012 (-2,2%).
Por ello, desde hace tiempo en los países del bloque se viene reclamando más apertura. Es que acuerdos con terceros facilitarían exportaciones, especialmente de pymes. Obsérvese que mientras el 62% de las empresas exportadoras argentinas llegan al Mercosur (donde tienen preferencias arancelarias) y el 44% de los exportadores de nuestro país llega a los demás países de la región con quienes hay celebrados acuerdos comerciales; apenas el 20% llega a EE.UU. o Europa, y son menos del 5% las que llegan a China. Del mismo modo, Argentina exporta el doble de ítems a los países del Mercosur (donde disfruta de las citadas preferencias arancelarias acordadas) que al resto de los países de la región. Así, más acuerdos internacionales implica mejores condiciones de competitividad de ingreso a mercados.
En caso de que la propuesta de Brasil prosperase, la dificultad estructural de obtener consensos en el bloque para avanzar en acuerdos con terceros (que ha impedido al bloque tener mayor integración hacia afuera) se reduciría fuertemente (aunque a costa de que algunos de sus miembros generen acuerdos a los que otros no adhieran). Pero (en el modelo actual) el Mercosur ha llegado a ser un bloque de muy débil vinculación internacional y el mundo marcha en otra dirección. Nuestros vecinos de la Alianza del Pacífico son un ejemplo de ello: mientras los países del Mercosur han generado acuerdos comerciales con países que sumados representan el 4% del producto bruto mundial, Chile tiene tratados con economías que sumadas representan el 81% del PB mundial, Perú con quienes generan el 77% del PB mundial, México con quienes producen el 59% y Colombia el 26% del producto global.
El mundo marcha en una tendencia de acuerdos internacionales comerciales y de inversión. La OMC registra notificados ya 625 acuerdos comerciales regionales en el mundo (eran 267 en el año 2000). Esto, porque además de los países, los propios bloques han comenzado a generar acuerdos entre sí. Por eso están avanzando en el mundo tratados como el TPP, que integra el 45% del Producto bruto mundial; o el RCEP en Asia, que integraría a la mitad de la población del mundo.
Esta posible reforma del Mercosur (que requeriría una profunda modificación del marco normativo) podría, así, volver a poner a nuestros países en mesas de negociaciones internaciones donde hace un tiempo participan de manera muy marginal.
(*) Director de la consultora DNI - Especialista en negocios internacionales


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