2 de mayo 2014 - 00:00

CAMBIO: Los revolucionarios ahora escuchan

Dicen que están cambiados, y para bien. Que de aquellos jóvenes irascibles de fines de diciembre de 2013 y, sobre todo, enero de 2014, queda poco. Que ya no los citan para admonizarlos y culparlos de todos los males de la economía, sino que ahora los escuchan con atención. Aseguran los empresarios de las principales compañías argentinas de la mayoría de los rubros con ciertas complejidades y problemas coyunturales que desde hace un tiempo pueden hablar y discutir ideas con Axel Kicillof y con Augusto Costa.

Los CEO de varias de las empresas más importantes que operan en el país notaban los cambios cuando se cruzaron esta semana con el ministro de Economía y el secretario de Comercio el lunes pasado, en el almuerzo que compartieron en el Palacio de Hacienda. Eran unos veinte representantes de diferentes rubros los que participaron de esa cita, donde se cumplió la máxima que asegura que "más de tres personas en una reunión son garantía que de ese lugar no saldrá ninguna decisión importante". Efectivamente, nada claro se llevaron los hombres del sector privado de ese encuentro, salvo una coincidencia importante: ahora Kicillof y Costa escuchan, y mucho, lo que los empresarios tienen para decir.

Un alto responsable de una terminal automotriz que participó en la reunión aseguraba a minutos de terminado el encuentro que ahora el ministro "escucha mucho lo que decimos los empresarios", aunque reconoció que "no cede y no quiere hablar del dólar ni de la inflación; y sí insistir sobre la falta de inversión y de las mañas de los empresarios". De todas maneras, alababa el buen talante y las buenas formas que ahora Kicillof sostiene en este tipo de encuentros, donde además, insiste, el ministro se toma mucho tiempo para escuchar las argumentaciones que los hombres de las principales compañías del país tienen para decir. Lo aseguran también algunos empresarios que ya participaron de varios encuentros privados y semisecretos con Kicillof, la mayoría de ellos los sábados por la mañana en el Palacio de Hacienda, donde circularon ya representantes de los principales bancos de capital extranjero, el responsable ejecutivo de la mayor empresa siderúrgica de capitales argentinos, dos CEO de empresas automotrices, un responsable de una de las auditoras contables de mayor peso y más clientes, dos compañías químicas (una norteamericana y una europea) y varios industriales dedicados a los electrodomésticos. Se afirma que en estos encuentros, Kicillof incluso acepta discutir temas "tabú" como la falta de autorizaciones para girar dividendos, las trabas a las importaciones y las políticas de precios. Sostienen además que el ministro no cede en sus posiciones, pero que al menos acepta la discusión. Y que en estos cónclaves de los sábados se abre más que en cualquier otra reunión.

Algo parecido se habla sobre Augusto Costa y sus políticas de controles sobre empresas. "Es verdad, nos controla", afirmaba un alto responsable de una empresa de alimentos presente en el acuerdo Precios Cuidados, "pero descubrimos que lo que pactamos se cumple. Si nosotros cumplimos con nuestra parte, él cumple con la que nos promete". Agrega otro empresario, del rubro de la electrónica, que "es un hombre serio, lo que promete lo cumple y lo que dice que no va a hacer no lo hace. Además, nos demostró que sabe de lo que habla y, si no lo sabe, promete estudiar el caso y lo realiza".

Todos parecen celebrar este cambio de actitud y esta nueva relación que comienza a verse entre el Ministerio de Economía y los principales CEO del país. Muchos se preguntan en estos días el motivo del cambio frente a lo que se vivía al comienzo de su gestión, y las opiniones son diversas. Algunos hablan de un inicio plagado de soberbia y que, al transcurrir el tiempo y los problemas, comenzaron a tomar conciencia del cargo que ocupan. Otros, de una especie de reconversión ideológica dejando de lado posiciones más extremas a otras más realistas. Hay quienes hablan de alguna gestión casi personal de un alto ejecutivo de una de las compañías de capital argentino más importante del país (quizá, la más importante, donde Kicillof participó alguna vez como accionista en nombre de las acciones que el Estado heredó de la nacionalización de las AFJP). Otros, más pragmáticos, relacionan todo con una situación económica complicada y una orden de la presidente Cristina de Kirchner para que "se tranquilicen".

Lo que sea que haya ocurrido, es actualmente celebrado por muchos empresarios. Ahora hablan de un nuevo paso superador para que la relación termine de mejorar: que Kicillof acepte alguna de las sugerencias que le acercan los empresarios y comience a dejar de culparlos por la inflación, la falta de inversión y las "mañas" de los privados. Allí sí, afirman, el ministro habrá comenzado su verdadera revolución. Para bien, según su criterio.

@cburgueno

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