Candidato busca su espacio en Bs. As.

Edición Impresa

Puede, como paradoja, ser una despedida: la gira de 7 días por España que Francisco de Narváez inició el último martes, hábito de quienes ensayan una instalación presidencial, huele a efecto residual de una aventura política que aparece condenada a extinguirse.

A su regreso, la semana que viene, el diputado retomará una mecánica que tenía abandonada: recorrer, con traje de candidato a gobernador, la provincia de Buenos Aires. Un regreso forzado por un cóctel de desorden interno, baja expectativa legal y daños colaterales.

El lunes próximo, en su búnker de Las Cañitas, De Narváez tendrá un borrador sobre los lugares que sus operadores bonaerenses pretenden que recorra en mayo. Cada destino estará justificado con un porqué y, sobre todo, determinado con el «con quiénes».

La secuencia de visitas asoma como un intento por evitar la dispersión que la alternativa presidencial que agitó De Narváez produjo en su infantería. En vez de seducir con un destino en Casa Rosada, el punterismo del PJ que tributa a De Narváez entró en pánico.

Fue uno de los elementos -no el único- que indujo al diputado a revisar sus pasos. Aunque, en lo inmediato, no desactivará el operativo judicial para pedir una declaración de certeza, esa hoja de ruta perdió el protagonismo que tenía apenas tres semanas atrás.

Por eso, según prometió antes de subir al avión, De Narváez volverá de España con la promesa de dedicar los días que faltan hasta el mundial a recorrer la provincia, otra vez convertido en candidato a gobernador. El eje será el conurbano, aunque hará escalas por el interior.

La agenda la confeccionó la mesa provincial de denarvaísmo, donde se sientan el petrolero Alberto Roberti, Gustavo Ferri, Alfredo Meckievi, Jorge Donofrio, Edgardo Srodek, Ramiro Gutiérrez y, entre otros, Osvaldo Mércuri. Luego, De Narváez hará el peinado último.

En otro círculo -casi en otra constelación- opera Emilio Monzó, sin butaca en el club pejotista, pero con vínculo directo con De Narváez. Ese cortocircuito no es el único: los delegados de la Tercera tienen, entre sí, un trato talibanizado.

Aunque no dejará de recorrer las provincias, el diputado se concentrará en Buenos Aires y volverá a escudriñar los escenarios posibles para 2011 para el cual, todavía, carece de candidato presidencial. La espera por Carlos Reutemann no puede ser eterna.

Lo persigue, además, otro karma. Los datos que lee en su búnker porteño del barrio de Las Cañitas no confirman su percepción y sus pronósticos sobre el derrumbe de Mauricio Macri. El porteño no aparece, todavía, dañado por el escándalo de las escuchas. Es más: Macri cayó menos que el propio De Narváez.

De gira por la India, el jefe de Gobierno pondrá en marcha el operativo beatificación: castigará a los Kirchner para, luego, tener argumentos para sostener la teoría de que la causa judicial tiene un trasfondo persecutorio.

La esperanza es que se repite el fenómeno que potenció a De Narváez cuando el ex juez Federico Faggionato Márquez lo involucró en la causa de la efedrina. En paralelo, más allá de las pasiones que lo alejan de Macri, el diputado empezó a revisar su relación con el porteño.

Con Lole en la nebulosa, el jefe de Gobierno aparece, por descarte, como la única alternativa porque De Narváez insiste en descartar cualquier acercamiento con Eduardo Duhalde a pesar de que a su lado le sugieren contemplar un dispositivo que incluya al lomense.

El atajo que le susurran para Duhalde es tentarlo con ser candidato a senador nacional por Buenos Aires. Los que exploran esa opción ven al ex presidente como garante de fiscales, punteros y contención peronista. Pero De Narváez cuando mira al lomense sólo ve a un dirigente «del pasado» que tiene 50% de imagen negativa.

Dejá tu comentario