Elisa Carrió se reunió ayer en un bar de Barrio Norte con Enrique Olivera, Ricardo Alfonsín, Alfonso Prat Gay y Ricardo Gil Lavedra. El objetivo: relanzar críticas contra Francisco de Narváez y Mauricio Macri.
Elisa Carrió y Gerardo Morales bajaron la orden sin posibilidad de apelación: el conflicto entre el Acuerdo Cívico y Social y Julio Cobos por la reunión de este último con Francisco de Narváez está terminado. El primero en acatar ayer fue Alfonso Prat Gay, quien públicamente dio por concluido ese conflicto, y Ricardo Alfonsín, que desde el primer día intentó quitarle dramatismo, lo acompañó.
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Así, quedó claro que tanto el radicalismo como la Coalición Cívica razonaron que la pelea con Cobos por su apoyo a De Narváez frente a la causa en el juzgado de Federico Faggionato Márquez había ido demasiado lejos perjudicando a toda la fuerza. Por el contrario, la nueva estrategia se armó sobre la base de no golpear más al vicepresidente, pero cargando nuevamente sobre el candidato del PJ disidente: «Las llamadas son de 2006, y más allá de alguna manipulación, existieron, no son inventadas. Que De Narváez explique las llamadas al rey de efedrina», dijo ayer Carrió.
De hecho, el día anterior, Morales había redefinido la alianza con Cobos y el futuro que ésta podría tener: «Nosotros no queremos llegar al Gobierno en 2011 para fracasar. Vamos a hacer las cosas bien, y los que estén en el medio del camino quedarán afuera», dijo.
Así, volvió a expresar su bronca contra Cobos, pero bajando el tono y dejando la factura al vicepresidente para el futuro. Al final, hasta le renovó la convocatoria a mantenerse en el acuerdo y reafiliarse formalmente a la UCR en 2011, cuando abandone la vicepresidencia: «Cobos forma parte de este espacio y ha sido convocado a partir de su decisión de incorporarse al radicalismo; dependerá de él si quiere formar parte de este espacio, que está por encima de las cuestiones personales».
En esta pelea Elisa Carrió siempre llevó la delantera a la hora de atacar a Cobos. El vicepresidente no es una figura aceptable para la jefa de la Coalición Cívica y de ahí que siempre dejara la relación con él en manos del radicalismo.
Pero Morales tiene otros intereses en el acuerdo con Cobos. Nadie puede olvidar que el acercamiento final del vicepresidente al radicalismo comenzó después de haber cerrado un acuerdo para la lista de senadores y diputados en Mendoza. No extrañó, entonces, que Morales razonara: «La participación de Cobos en este espacio brindó la posibilidad de reunificar la UCR en todo el país, en distritos claves como Mendoza».
Y aunque considera que «falta mucha tela que cortar» para la vuelta del vicepresidente a la UCR, Morales sabe que el cobismo tiene activa participación en listas de varias provincias que podrían complicarle la elección si la situación de tensión se sigue profundizando.
Ayer, el eje de ataque en la campaña del Acuerdo Cívico y Social se inclinó hacia los dos peronismos y la posibilidad de una reunificación después de las elecciones: «Scioli nos dio la razón. Están juntando el voto, se van alinear el 29», dijo Ricardo Alfonsín sobre las supuestas intenciones del PJ tanto en la provincia de Buenos Aires como en Capital Federal, Santa Fe y Córdoba.
Carrió siguió el mismo camino: «La trampa del PJ va a quedar clara en dos semanas. Es el mismo método más eficaz», dijo y recordó las estrategias de las elecciones de 2003, 2005 y 2007 con la duplicación de las candidaturas del peronismo.
Tal era la euforia de Carrió que por primera vez hasta atacó a Carlos Reutemann, a quien siempre defiende a pesar de estar en bando contrario: «De Narváez en Buenos Aires o Reutemann en Santa Fe son lo mismo... Macri, igual en Capital. Estoy convencida de que el nivel de disputa es por quién unifica el PJ».
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