No, no es una novela. Pero entretiene tanto como una novela. Y habría que preguntarse qué es. ¿Una destartalada colección de aforismos, datos, citas, anécdotas, nombres? ¿Anotaciones para una enciclopedia? ¿El borrador del potencial texto de un erudito? ¿Un librito que obliga a ser leído de cualquier manera? ¿Una sinfonía de guiños para la farándula libresca? ¿Un test intelectual? ¿Un diario apresuradamente telegráfico de un lector enjundioso?
¿Quizás el breviario de un fluir de la conciencia de un apasionado de la cultura y los deportes? ¿Un catálogo de lo que apenas quedará en el futuro: algunos nombres, acaso ya sin significación, algunos datos, algunas frases sapienciales, algunas ridículamente sentenciosas, algunas absolutamente memorables? ¿Una libreta como la que llevaba James Joyce antes de morir repleta de proyectos que sólo el entendería? ¿Una obra hecha de salpicaduras cerebrales como los cuadros de Jackson Pollock? ¿Es una broma al Wittgenstein que decía que;? ¿O de cuando decía que "los problemas filosóficos surgen cuando el lenguaje se va de vacaciones" (y este libro es la vacación de otros libros)?¿Es un reflexión existencial que cada tanto se vuelve un obituario? ¿La continuación melancólica de su maravilloso libro "La soledad del lector"? ¿Una simple e imperdible diversión? Es todo eso, y algunas cosas más.
Cada tanto Markson explica (reflexiona), entre otras cosas, que: le gustaría idear "una novela sin ningún indicio de argumento". Sin trama, Sin personajes. Sin escenario. Que sin embargo introduzca al lector a seguir pasando las páginas. Sin acción, es decir sin sucesión de ventos. Es decir, sin que se indique el paso del tiempo. Y que así y todo se llegue a algún lado. Incluso con un dejo de tristeza al final. En definitiva, una obra de arte sin tema siquiera. Markson busca pulsar en la mente del lector.
Dispara citas recortes de citas poéticamente iluminadoras, por ejemplo: "Estaba cansado y enfermo. Me quedé mirando el fiordo a través de la ventana. El sol se ponía. Las nubes estaban rojas. Como sangre. Sentí como si un grito atravesara la naturaleza. Edvard Munch". Anota datos útiles e inútiles, texto que parecen del margen de las revistas. "Calderón de la Barca fue arrestado por acosar monjas".
De pronto el lector cree descubrir que hay entre las frases esos inesperados vasos comunicantes explorados por André Breton. Y los hay. Y esa es una nueva diversión. Tan divertida como la que lleva al ¿Qué habrá querido decir?, que uno descarta para seguir entretenidamente hacia adelante, saltando como lo impone Markson de tema en temas, yendo y volviendo sobre lel amor, el desamor, la muerte, lo obvio, lo insólito, el humor pegado a la densa seriedad, y viceversa. Una posibilidad, de éste libro de las mil posibilidades, es que se trate de una autobiografía secreta y pudorosa. O es la voluntad de llevar al lector al centro de la escena, y plantee como proponía Cortázar dejarse llevar pasivamente o transformarse en un lector activo que interviene la obra escrita por Markson.
David Markson, que nació y murió en New York estudió Letras, y publicó una tesis doctoral sobre su amigo Malcom Lowry, fue operiodista y vivió la bohemia en el ecuador del siglo pasado junto a Dylan Thomas y Jack Kerouac. Escribió a pedido novelas policiales de alta calidad. Entre sus libros están "Wittgenstein's Mistress". "Springer's Progress", y la serie que comienza con "La soledad del lector" la continuó con este delicioso libro.
| M.S. |



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