9 de enero 2009 - 00:00

Caso Molina: Cristina debe apostar al olvido de Fidel

Fidel Castro
Fidel Castro
Un sigiloso, y quizá injustificado, optimismo rodea el viaje de Cristina de Kirchner a Cuba. El Gobierno se esfuerza por no explicitarlo, pero, en su intimidad, la Presidente está convencida de que saldrá de la isla con un pasajero adicional: Hilda Molina.
El mensaje formal esta vez coincide con el informal: existen contactos en el máximo nivel de la diplomacia entre Buenos Aires y La Habana, pero no hubo, por ahora, indicios del Gobierno de Raúl Castro de voluntad para romper el candado que retiene a la médica.
La Casa Rosada, en parte temerosa de la mirada doméstica sobre un viaje familiar -se previó que viajen su esposo y sus dos hijos, Florencia y Máximo-, en parte sabedora de que la presencia de Néstor Kirchner nada aportaría, decidió bajar al ex presidente de la gira.
Así y todo, ayer seguía todo previsto para que, el sábado, si hay un antojo de última hora, el patagónico se suba a la comitiva oficial que pasará por Cuba y hará escala en Caracas. Ayer, ante un rumor, Kirchner negó que «peligre» el viaje de su esposa.
¿Serán, en las próximas horas, los sofocones por los calores porteños que ayer la alejaron de Florencio Varela argumento para que Cristina de Kirchner suspenda su visita a la isla ante las sospechas de que los cubanos le mezquinan las dos medallas que pretende, liberar a Molina y una foto con Fidel?
Palabras
Un embajador sin cartera, pero con visa gubernamental, Jorge Cardozo, silencioso asesor del canciller Jorge Taiana, es el encargado ad hoc del caso Cuba. Por esa vía se exploran las posibles reacciones del castrismo, cuya diplomacia es difusa e inasible.
Pero a veces lo que se busca en la profundidad está en la superficie. Unos meses atrás, Fidel Castro dio por escrito indicios puntuales de por qué se resiste a dejar partir a Molina de Cuba. No es un mensaje secreto: está en el prólogo del libro «Fidel, Bolivia y algo más».
En junio del año pasado, el volumen -que narra la visita de Castro a La Paz y Santa Cruz en el 93- fue reeditado en Cuba, con prólogo del líder cubano, en el cual dedica un párrafo revelador sobre su negativa a permitir la salida a Molina, asunto siempre teñido de sospechas.
Cristina de Kirchner debería revisar el texto que refleja el pensamiento vivo de Castro sobre la médica que aparece como eje de toda la relación bilateral con Cuba. Sólo un olvido de Fidel o una mutación radical en su criterio podría cambiar el destino de Molina.
Evita llamar a la médica por su nombre. «Cuando cae la URSS, la directora de un centro de rehabilitación, pensando que no podíamos resistir, aspira a convertirse en propietaria de la institución, como hicieron algunos colegas de aquel país; se le descubre y se le destituye», repasa el líder de la revolución cubana.
«Inventa -agrega- la teoría de que ello se debe a su oposición al empleo de células madre de origen humano en las investigaciones. Nunca habló una palabra de eso».
Y profundiza: «Un médico hijo suyo, nada brillante en su expediente profesional, trabajaba con ella en el centro. Viola normas éticas que prohíben el desarrollo de relaciones sexuales con pacientes o acompañantes. Inconsistente moralmente, se marcha al país de origen de la dama, donde se convierte en imprescindible fisioterapeuta de importantes funcionarios».
En dos frases más define su postura. Se refiere al caso Molina como «¡Excelente material para el chantaje imperialista contra Cuba!» y afirma que «se le niega a ella la solicitud de viajar al exterior. No debe cederse ante el chantaje». Completa, terminante: «Fue la decisión».
Frente a una postura tan clara por parte de Fidel, que se apoya casi sobre la categoría de traición de Molina, la alternativa para un festejo argentino se sostiene sobre un deseo: que los gestos aperturistas de Raúl lleguen hasta el expediente Molina.
Sin demasiado alarde, La Habana ha hecho movimientos puntuales y clave: se incorporó a la Cumbre de las Américas y se sumó como miembro pleno del Grupo de Río. Raúl Castro baila, por estas horas, el minué de la seducción que tiene como destinatario a Barack Obama.
En el Gobierno argentino suponen, en ese marco, que podrían beneficiarse casi de manera lateral si el hermano de Fidel quiere mostrar otro cariz.

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