El Gobierno nacional cerró ayer la campaña antártica 2008-2009 en un acto a bordo del buque museo corbeta Uruguay. El histórico navío de la Armada está amarrado en el dique 4, de Puerto Madero. La ceremonia fue organizada por el comandante operacional del Estado Mayor Conjunto, general Daniel Camponovo (responsable directo del sostén logístico), y asistieron: en representación de la ministra Nilda Garré, el secretario de Asuntos Militares, Germán Montenegro; el jefe del Estado Mayor Conjunto, brigadier general Jorge Chevalier, y autoridades de la Dirección Nacional del Antártico (DNA) y del Instituto Antártico Argentino (IAA). La campaña se inició en diciembre de 2008, bajo la conducción del Comando Operacional Conjunto, con el objetivo de abastecer las bases, relevar las dotaciones y apoyar las actividades científicas que desarrolla el país en el continente blanco.
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La Subsecretaría de Planificación Logística a cargo de Gustavo Sibilla, comenzará a diseñar el presupuesto de la campaña venidera; los primeros anotados son otra vez los buques rusos. Se sabe que antes de partir a Rusia, la contratista del buque polar Golovnin solicitó para la campaña 2009-2010 la provisión de gasoil en lugar del fueloil que utilizó en la navegación. Insumo que encarecerá sensiblemente el costo del alquiler justo en medio de la poda de más del 20 por ciento que aplicó Economía a las cuentas de Defensa. También hay cuentas sin pagar, una vieja deuda de la campaña 2007/2008 por vuelos del avión Twin Otter de la Fuerza Aérea Chilena (FACH) que, a pedido de la Dirección del Antártico, trasladó científicos alemanes hacia la base Teniente Jubany. Y se arrastra una factura de algo más de 2 millones de pesos, más los intereses, reclamada por la petrolera Repsol YPF por la provisión de combustible (Jet A1 y gasoil antártico) correspondiente a aquella misma campaña.
El buque oceanográfico Puerto Deseado participó para la Cancillería en la recolección de datos de la Comisión Nacional del Límite Exterior de la Plataforma Continental (COPLA) y contribuyó con la Dirección Nacional del Antártico (DNA) en un estudio científico convenido con la Texas A&M University e investigadores españoles de relevancia para el Año Polar Internacional.
El primer afectado de la doble misión del Puerto Deseado -navío gerenciado por el Servicio de Hidrografía Naval dependiente del Ministerio de Defensa- fue el estudio científico Across con norteamericanos y españoles que quedó al 50 por ciento, según se escuchó de boca del director del Instituto Antártico Argentino (IAA) Sergio Marenssi. Es un proyecto que investiga corrientes marinas y biomasa en aguas antárticas del estrecho de Drake. La carga de instrumentos científicos de la Universidad de Texas llegó a Tierra del Fuego con más de diez días de retraso y redujo en esa misma proporción el tiempo útil (45 días) de investigación en el mar del buque Puerto Deseado, recortando así el producido científico.
En la DNA todos señalan al despacho del director Mémolli, pero nadie se atreve a dar explicaciones al investigador estadounidense Alejandro Orsi de Texas University, líder del proyecto multilateral Across. Ni siquiera la funcionaria a cargo de la DNA, Silvina Balsalobre, quien reemplaza a Mémolli que está de gira por Canadá. Una mordaza burocrática firmada por Mémolli el 28 de marzo pasado selló la boca a los funcionarios antárticos. El documento establece que nadie está autorizado a divulgar información institucional o general a organismos de carácter oficial o no oficial y que la notificación a la prensa debe contar con autorización fehaciente del director Nacional del Antártico o en su ausencia del director del Instituto Antártico Argentino. Quedaron otras tareas pendientes, la mayoría eran objetivos de lustre político encargados por Jorge Taiana al director del Antártico, como la inauguración de la casa habitación y del laboratorio para la base Teniente Jubany, operada por la Cancillería. La empresa Solsan trabajó a destajo en la obra que alcanzó el 90 por ciento (sólo paredes y piso), pero no hay ni mobiliario ni instrumentos instalados porque la Dirección Nacional del Antártico no encaminó las licitaciones a tiempo.
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