31 de julio 2017 - 23:28

CGT: Gobierno cree que Moyano romperá

El Gobierno alienta el fracaso del intento de la CGT por reunificarse con los sectores disidentes. El plenario de delegados del viernes último, con ausencias significativas entre los actuales referentes de la cúpula de la central y algunos abucheos durante los discursos, alimentó en los funcionarios la perspectiva de que será más espinoso de lo previsto el proceso de retorno a la estructura del Movimiento de Acción Sindical Argentino (MASA) y de la Corriente Federal, los principales espacios divergentes.

Si bien la central sindical confirmó una marcha del 22 de agosto a la Plaza de Mayo, emitió un documento muy duro contra el Gobierno y dejó abierta la convocatoria a un Comité Central Confederal -su máximo órgano resolutivo- como amenaza latente para llamar a un paro nacional, las fricciones internas se mantuvieron a la vista y sembraron dudas sobre los pasos resueltos. Desde la propia cúpula admitieron que la movilización puede volverse en contra de la CGT tanto si se ausentan organizaciones de peso como si suceden incidentes como los que enturbiaron el último acto callejero del 7 de marzo pasado.

La expectativa del Ejecutivo sobre una frustrada reunificación tiene nombre propio: Hugo Moyano. El camionero, de relación pendular con Mauricio Macri pero más volcado a un respaldo silencioso, aprovechó su autoimpuesto bajo perfil para sembrar señales contradictorias y difíciles de decodificar hasta para sus pares. Aunque sus escasas declaraciones públicas así como las de su hijo mayor, Pablo, están plagadas de cuestionamientos a la política económica, el gremio terminó por firmar un discreto 25% de aumento salarial en tres pagos. Y en las reuniones más cerradas el líder desalentó siempre una acción directa contra el Gobierno.

De su sector se destacaron las principales ausencias en el acto del viernes en el microestadio de Ferro. Faltaron Facundo Moyano, Juan Pablo Brey (aeronavegantes) y Julio Piumato (judiciales), entre otros, pero fue más ostensible el vacío que dejó ese núcleo en el espacio que tenía asignado. A último momento debieron reemplazar dirigentes por afiliados rasos. Ese enroque explicó para muchos la rechifla a los triunviros Juan Carlos Schmid y Héctor Daer.

El equipo del ministro de Trabajo, Jorge Triaca, tomó nota de esos episodios. Los interpretaron como una señal de alivio en plena campaña electoral. Creen en el sector del Gobierno con más vínculo con los gremios que las diferencias internas dilatarán la vuelta formal de los disidentes y minarán la efectividad de las protestas al menos hasta las elecciones.

En el núcleo de decisiones de la CGT, de todos modos, mantiene firme la intención, que adelantó este diario, de reformular su estructura tras los comicios con la disolución del triunvirato y el encumbramiento de un solo jefe, por ahora con Daer como candidato.

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