Sorpresa para muchos que visitan Olivos y ven a un Kirchner que se esperanza con llegar a 2011 con posibilidades. «No crean que estoy muerto: voy a darle una sorpresa a más de uno», alardea. Por eso, todos los convocados al diálogo se preguntan por estas horas cuán en serio va esa iniciativa oficial. Estuvimos también en la comida que compartieron un gobernador K y una de las espadas del duhaldismo, para hablar de lo que está por venir en el PJ. La embajada francesa, pese a la gripe porcina, agasajó a 2.000 invitados, y allí se habló desde de alta diplomacia hasta de gimnasios. Más íntima, la vicejefa porteña y diputada electa compartió con unos pocos una dura autocrítica por lo que ella califica como bajo porcentaje de votos. Finalmente, en un restorán gallego, los radicales se esperanzaron por una posible candidatura que los libere de Lilita. Veamos.
Jorge Capitanich y Miguel Ángel Toma. El gobernador y el hombre
cercano a Eduardo Duhalde comieron en la más estricta reserva, y el
ex diputado se explayó sobre lo que puede esperarse para 2011.(arriba) Ricardo López Murphy y el puntero radical «Beto» Larrosa. En el
cumpleaños de este dirigente, el «Bulldog» admitió que podría volver
a fijar su domicilio en la Capital y aspirar a la jefatura de Gobierno
porteño.(abajo)
Para que se enteren en la oposición -y en el oficialismo, que parece igualmente confuso-, el clima en Olivos lo marcan un argumento y una viñeta. El argumento lo explica Néstor Kirchner a los pocos que deja entrar a la residencia presidencial: «Tenemos el 30% de los votos en la Argentina. Eso es muchísimo, y nadie tiene tanto detrás de un jefe». Con eso mantiene el fuego de la esperanza de un 2011 para el matrimonio, algo en lo que pocos entornistas se prenden, temerosos de ser víctimas de la cápsula de poder que sólo deja llegar buenas noticias y frena las señales negativas. La viñeta es casi graciosa, y es Néstor caminando por la oficina que usa en Olivos riendo y gesticulando: «No crean que estoy muerto, no crean que estoy muerto», y remata: «Después, cuando todos crean que estoy muerto, zas, vuelvo más vivo que nunca». Quienes lo escuchan ríen y se van más preocupados que cuando entraron. El testimonio sirve para despejar la incógnita sobre el dato mejor cotizado hoy en la dirigencia política, oficialista y opositora: si el llamado al acuerdo que hizo Cristina de Kirchner es en serio o en broma, es decir, un ardid del Gobierno para tomar oxígeno y contraatacar a sus adversarios con nueva fuerza. Como es tó-pico en el peronismo, el propio oficialismo se ocupó de reinstalar la teoría de los dos demonios: hay una Cristina buena que quiere dialogar emancipada de las furias de su esposo y una Cristina mala que va a la pelea siguiendo una estrategia de alcoba. La Cristina buena actúa como madrina del consenso porque entiende que no hay otra forma de recuperarse después de una derrota con efectos catastróficos para lo que le queda de mandato. La Cristina mala, en cambio, espera el momento de reinstalarse en el Salón Blanco y entonar de nuevo su mejor repertorio de rayos y centellas -eso que captó tan finamente el caricato de Tinelli en su imitación.
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Por eso interesa contar qué dice el matrimonio a solas, y a veces, no tanto, para que los desconcertados punteros partidarios que ya tienen hora en Casa de Gobierno para entrevistarse, según su posición en la escala zoológica, con Florencio Randazzo -los jefes partidarios-, Aníbal Fernández -empresarios y sindicalistas-, la propia Cristina -gobernadores propios y ajenos- o finalmente Néstor Kirchner, que es ante quien tiene que rendir examen de lealtad la propia tropa, fueran empresarios, sindicalistas, gobernadores o jefes de partido. Este enigma sobrevoló todas las reuniones de la semana, fuera en cenas bajo los dorados techos de la Casa Rosada o en modestos quinchos de clubes de barrio del interior del país: todos aportaron algo para acercar alguna certidumbre. La cena del martes en el comedor presidencial de un grupo de empresarios y sindicalistas que le había juntado el banquero Jorge Brito a Julio De Vido aportó bastante. «Una reunión de orejeo», dijo uno de los industriales presentes, en donde llamaron la atención el énfasis que puso Cristina de Kirchner cuando defendió ante el grupo las realizaciones de su Gobierno y el de su esposo. «Con eso nos quiso decir que no habrá cambios», sancionaron varios al salir. También la firmeza con la cual Hugo Moyano alardeó de que nadie en la Argentina puede gobernar sin los sindicalistas como socios. Varios de los presentes ya ven que este Moyano se mueve como un político con aspiraciones presidenciales y le ponen una ficha a esa posibilidad, algo que saluda el cacique sindical porque así gana apoyos en su pelea con sus adversarios dentro del gremialismo, que se han lanzado detrás de su cabeza. Tercero, el tono confesional con el cual los recibió Aníbal Fernández: «Siempre quise ser jefe de Gabinete, ahora ya lo soy, y no es para mirar, sino para intervenir en todo». Con eso quiso decir que la mesa del diálogo económico social no es un negocio exclusivo de Julio De Vido y de Carlos Tomada, como hasta ahora. Más aún: les extrañó tanto la ausencia esa noche del ministro de Trabajo como del ministro de Economía. El resto, orejeos mutuos y, cuanto más, quejas por el maltrato gastronómico. Brito, cuando vio llegar los salmones y los lomos resecos musitó: «Esto en Adeba nunca pasaría, se come mucho mejor». «Y en la CGT -terció Moyano- ya saben los asados que damos. Creo que con este menú nos quieren decir 'mejor no hubieran venido'». Nadie salió con una idea clara sobre si el Gobierno se siente débil y está pidiendo ayuda o si el acuerdo económico y social viene en serio. «Néstor nunca lo quiso», repitieron ante el jefe de Gabinete los industriales. «Esta vez es en serio», repetía Aníbal. Para probar el ánimo presidencial, los industriales presentaron la queja tópica sobre el atraso en la retribución del IVA exportaciones. «Estamos con retrasos que no se veían desde la época de De la Rúa», deslizó José Ignacio de Mendiguren, integrante de la bancada empresaria junto a Héctor Méndez, Carlos de la Vega, Eduardo Eurnekian, Adelmo Gabbi y Brito. Cristina respondió con el único estallido de la noche; «No es cierto, se está pagando, lo único que está demorado es el pago de lo que se tramita por paraísos fiscales, y ya les hemos dicho que eso lo vamos a revisar a fondo». Cristina, que habló casi 40 minutos -todo un monólogo, que llegó a más allá de la medianoche, desplegó toda la furia que ha descubierto el Gobierno contra los paraísos fiscales: como allí están radicados muchos de los poseedores de bonos defaulteados que litigan en Nueva York contra la Argentina, los abogados del país usan el argumento para debilitar el apoyo que pueden llegar a tener en el Congreso o en el Gobierno de los Estados Unidos.
Esa demonización es útil con un presidente como Obama, quien ha llevado a órganos como el G-20 sus críticas a los paraísos fiscales. Todo lo que venga de ahí es usado para debilitar a bonistas y, en la Argentina, para justificar demoras en reintegros de impuestos. «Usan eso porque no tienen la plata para pagarnos», es el argumento que repiten entre sí los empresarios pero que esa noche se cuidaron de alzar ante la Presidente. El final fue con esos ligeros aprietes que hacen los funcionarios a empresarios. «A ver, Eduardo, vos que sos un experto en riego porque tenés la superficie bajo riego más grande de la Argentina, ¿por qué no hacés algo por la sequía en la provincia de Buenos Aires?». Respuesta: «Sequía hay en muchos lugares». «No -responde Cristina con aire de experta- el otro día cuando sobrevolé el sur de Santa Fe ya vi todo verde, pero en el sur de la provincia de Buenos Aires sí está muy seco». Quienes escuchaban, hasta Moyano, echan mano de recursos mucho más sofisticados para hacer diagnósticos sobre sus negocios en los que juegan miles de millones y a veces sin resultados, como el mencionado Eurnekian en la licitación para la compra de acciones de Telecom, trámite más que demorado a raíz del resultado electoral, que le ha hecho perder poder al Gobierno para tomar decisiones de tanta envergadura.
En la misma semana, pero mucho más lejos, la incertidumbre sobre la solvencia real del llamado al diálogo fue tema de otras mesas mucho más plurales. Por ejemplo, la que compartieron el gobernador Jorge Capita-nich -ideólogo y gerente secreto de esta pasión oficial por el dialoguismo- y el ex jefe de la SIDE en la era Duhalde y hoy acólito calificado de Eduardo Duhalde, Miguel Ángel Toma. Este encuentro en el Club Social de la localidad de Presidencia Roque Sáenz Peña (Chaco) habría sido impensable en la Capital Federal. Pero el interior es diferente porque Capitanich gobierna sobre la base de un frente en el cual conviven el Recrear de Esteban Bullrich (que no estuvo como debía en esa cena del sábado a la noche; estaba como siempre, en los Estados Unidos, país al que viaja como pocos políticos criollos, algún día se conocerá la causa) y sectores del peronismo no kirchnerista que tienen terminal en dirigentes como Toma, el ex ministro de Educación de Menem, Manuel García Solá, presente también en la cena, organizada por Atilio Velázquez, un peronista disidente del sector Romero-Puerta, que administra la obra social provincial. Utilísimo este encuentro casi a contrafrente entre el gobernador y Toma para que éste lo actualizase sobre la doctrina que sostiene Duhalde en sus reuniones en oficinas porteñas, mesas de juego -como la del banquero «Chicho» Pardo-, citas en saunas como el del Club San Juan con intendentes y otros foros de discusión política. Toma le explicó el diseño de un país que en 2011 se dividirá entre el panradicalismo encabezado por Julio Cobos, y el panperonismo, del que se desconoce quién lo encabezará. No será Kirchner, ni Cristina, no se sabe si le alcanzará a Carlos Reutemann su poder de convicción; sí quiere Duhalde ser él quien lo lidere, pero no sabe cómo hacerlo posible desde la lejanía en que está respecto del centro del escenario. Según ese esquema, el peronismo tiene que reunificarse detrás de alguno de los ganadores del 28 de junio, que tampoco pueden ser Francisco de Narváez o Mauricio Macri. Ninguno de ellos es peronista ni para Kirchner -que lo recordó en público en Chubut la semana anterior- ni para Duhalde, quien además le dio toda la gerencia de su proyecto a Felipe Solá. Capitanich, que tiene otra edad y más futuro que pasado, escuchó esta explicación, no la descalificó pero tampoco la avaló. Hoy está con Olivos, para cuyos inquilinos cumple tareas de inteligencia política que usan los Kirchner para sus proyectos futuros. Tampoco descarta Capitanich que no haya para él un lugar en el ticket del 2011 por el peronismo nuevo y eso lo encolumna en esa lista de raros y curiosos que se ponen en la grilla, entre quienes están ya el citado Moyano.
Con muchos protagonistas ausentes, los focos se concentraron en la fiesta tópica de julio, previa a la salida de vacaciones de los embajadores de los países septentrionales: el 14 de julio en la Embajada de Francia. Larguísima la fila para saludar al embajador francés, Frédéric Baleine du Laurens, que reabrió el Palacio Ortiz Basualdo, esa imponente edificación de estilo construida en 1912 para la celebración de la toma de la Bastilla. Con poca actividad por la veda de la gripe A, juntó a personajes locales de la política, las artes y el espectáculo con innumerables residentes franceses en la Argentina, simples ciudadanos orgullosos del convite de su embajador. Una orquesta reducida de la Gendarmería Nacional amenizó con música de jazz y tangos, también fue la encargada de tocar los himnos nacionales de Francia y la Argentina. Mirtha Legrand lucía espléndida, hizo una entrada como ésas de sus almuerzos, en compañía de su hija Marcela Tinay-re. Otra star, Marta Minujín, reconocible a lo lejos por sus incansables anteojos de sol, se saludó con Gino Bogani, con el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, la representante de Abuelas, Estela Carlotto, quien se mezcló con el resto de los invitados como quien ya no quisiese ser el centro de esta embajada tan cara a las movilizaciones de los derechos humanos. Sonriente y rodeado de sus colaboradores, Francisco de Narváez cruzó palabras con varios pejotistas, como se reconocen ahora para no entrar en sectorizaciones poseleccionarias, entre ellos Eduardo Amadeo o la kirchnerista diputada María Laura Leguizamón. Este De Narváez debió tolerar las chanzas de doble sentido que le hizo Teresa González Fernández, en el fondo una aliada de él pero que expresa la visión de su ex marido Felipe Solá y de Eduardo Duhalde. «¡Lo que costó! ¡Querías desperonizar pero igual ganamos! Si no hubiera habido desperonización de nuestras listas habríamos ganado por más diferencia». El «Colorado» no tuvo respuesta; es el costo de haberse enfrentado con los duhaldistas -en realidad era una pelea de Alfredo Atanasof con sus ex compañeros que De Narváez hizo suya para fumigar su entorno y erigirse en ganador solitario-. Eso lo ha llevado a un punto de no retorno con el peronismo que nadie sabe cómo remontará. Seguramente mira el futuro con el fatalismo que sus colegas políticos, llegados a cierta altura, se dedican a flotar esperando que la cambiante realidad los ayude a seguir subiendo. Aníbal Ibarra repartía mohínes evitando la conversación de varios que se le aproximaron, uno intuye que los dialoguistas querían conocer la verdad de su mala performance en la última elección.
Los dos únicos notables del Palacio San Martín, el subsecretario de Asuntos Latinoamericanos, embajador Agustín Colombo Sierra y el jefe de gabinete de asesores de Jorge Taiana, ministro Alberto Dalotto, miembros de la mesa chica del canciller, conversaban en un pulcro francés con el embajador de Argelia, Ahcène Boukhelfa: todo sea por estar en forma por si los sorprende un destino en el exterior. Entre los uniformados el comentario sobre vinos, mientras degustaban unos tintos de Flechas de los Andes (bodega que tienen en Mendoza dos socios de renombre: Laurent Dassault y Benjamín de Rothschild), derivó a efectividades más conducentes. Por ejemplo, el avance en las negociaciones de Gobierno a Gobierno para dotar al país de aviones de combate que la fuerza aérea francesa discontinuará en 2011. La Argentina fue uno de los clientes aeronáuticos más importantes de la familia Dassault antes que el Brasil de Lula, quien cerró un negocio hipermillonario a principios de 2008 en submarinos y cazas de última generación Rafale. De la fábrica Dassault, los pilotos de la Fuerza Aérea volaron los Mirage y los aviadores navales los Super Etendard provistos con el misil Exocet, el tándem avión-misil cuyo éxito en la guerra de Malvinas quedó probado con el hundimiento del destructor inglés Sheffield y del transporte Atlantic Conveyor. Ese sistema de armas duplicó los pedidos y ventas a países no abastecidos por las contratistas norteamericanas tras la experiencia bélica en el Atlántico sur. En otro círculo disertaba el diputado Jorge Villaverde, de la comisión de Defensa, junto al jefe y subjefe de la Armada, almirantes Jorge Godoy y Benito Rótolo. Temas de rutina y otros más sensibles como la presunta modificación de la Ley 19101 que impulsa la ministra de Defensa, esta norma rige la vida castrense, cuándo y cómo termina el ciclo activo. Había caras largas porque los funcionarios de Garré liderados por el viceministro Germán Montenegro alumbraron el proyecto sin consultar a ninguno de los cuatro jefes.
Eran tantos los invitados aglomerados en tres salones (casi 2.000 personas), que uno podía ser parte de un diálogo sin conocer a sus interlocutores. Uno de los subordinados del nuevo ministro de Justicia Julio Alak, el prefecto nacional Oscar Arce, brindó datos sobre el nuevo rol de la Prefectura en la Antártida: harán ciencia en la base almirante Brown con la ayuda del navío Houssay, que está en proceso de equipamiento mediante un convenio con la Dirección Nacional del Antártico. El longilíneo embajador Fernando Petrella se movía cual si fuese el canciller, reconocido por todos, políticos, diplomáticos, legisladores y militares, ahora gasta su experiencia asesorando para la carrera diplomática, y cruzó charlas con los invitados más notables de la fiesta, entre ellos el ministro de Educación, Juan Carlos Tedesco, Eduardo Eurnekian, el ex jefe de la Policía Federal Adrián Pelacchi, María José Lubertino, Kelly Olmos, el embajador de Alemania Günter Kniess, el encargado de negocios de la Embajada de Estados Unidos, Thomas Kelly, el juez de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, los diputados Federico Pinedo y Adrián Pérez, el presidente de AR-SAT, Néstor Tognetti, y el infaltable ex fiscal Julio Strassera. Entre los comentarios más prosaicos, hubo risas sobre la peste de la gripe A que se ensañó con funcionarios de Mauricio Macri, quizás a consecuencia del festejo masivo, grupal, casi orgiástico, de la noche del 28 de junio. Supimos que un gimnasio de Barrio Parque, adonde practica el ex enfermo Horacio Rodríguez Larreta, amenazó con demandar a medios que dijeron que allí se había contagiado el jefe de Gabinete de Macri. Aclaró ese spa que el funcionario no había concurrido durante toda la campaña, algo que sí habían hecho Macri y Francisco de Narváez -que usaban el gimnasio como improvisado búnker de campaña- que nunca se enfermaron, como tampoco el economista y funcionario Aldo Ferrer, que se atiza allí todas las mañanas con cincuenta piletas antes de comenzar sus funciones en Enarsa y Siderar.
No faltó el corrillo deportivo, esta vez para reírse un poco de Horacio Usandizaga, que no sabe cómo salir de la crisis en el club Rosario Central. Agobiado por el desmanejo, pidió una licencia que hizo durar unos pocos días, hasta que promovió una marcha de autobombo que pidió su regreso. Volvió y lo contrató como director técnico a Mario Alberto Kempes, hasta ahora dedicado a transmitir partidos por TV. Lo nombró en lugar del anunciado «Patón» Bauza, a quien descartó porque dijo Usandizaga que le salía muy caro. Se salvó Central del descenso, pero no de este dirigente. En este renglón de las trivialidades se anota el examen que hicieron en otro corro algunos invitados a la embajada sobre el corte de pelo y barba del nuevo ministro de Economía, al rechazarle Cristina de Kirchner la designación de Juan Guiñazú como secretario en la cartera porque su padre está procesado por presuntos delitos aberrantes durante la represión clandestina de las guerrillas y tiene arresto domiciliario en Mar del Plata. Guiñazú ya era funcionario en la ANSES y cuando Amado Boudou lo iba a designar, el propio Sergio Massa le advirtió: «Vas a tener problemas, a 'ellos' no les va a gustar». ¿Por qué, si ya lo saben? Sí, pero no para exhibir. Recordaron que el primer procurador del Tesoro que designó Néstor Kirchner fue su abogado personal, Carlos Sánchez Herrera. Duró menos de una semana; los Kirchner sabían que era hijo de aquel general Juan Carlos Sánchez, asesinado en los 70 por la guerrilla y que había actuado como defensor, años después, del ex militar Juan Bautista Sasiaiñ. Pero cuando se hizo público, le pidieron la renuncia y tuvo que dejar el cargo -el de mayor confianza de un presidente porque el procurador del Tesoro es el abogado del Estado- apenas asumió. Con este Guiñazú se repite este doble estándar. A los golpes entra este ministro, a quien la Presidente le dijo al ofrecerle el cargo: «Lo de Moreno estudialo, velo vos y decidí». El ministro corrió a un diario de Mar del Plata, adelantó la salida de Guillermo Moreno y casi pierde el cargo. Lo llamaron al orden y ya ayer decía que este funcionario es una de las glorias patrias. ¿Tanto vale un celular y un auto gratis?
Siempre en la línea de quinchos afrancesados, aportó mucho más un almuerzo discreto que se hizo pocas horas después de la fiesta en la embajada. Fue un organizado el jueves en su residencia particular de la calle Basabilvaso por el segundo de esa representación, el ministro consejero Yves de Ricaud en homenaje a tres ganadores de las elecciones, Gabriela Michetti, el senador mendocino Ernesto Sanz y el diputado reutemista Walter Agosto, que representó en la mesa a la gran esperanza blanca del peronismo para 2011. El motivo era que ese trío conversase con el subsecretario de Relaciones Económicas del Ministerio de Economía de Sarkozy, Jean Marie Paugam, y dos diputados franceses del partido del presidente (uno de ellos el responsable del presupuesto del Parlamento francés). Estaban presentes algunos empresarios pymes con intereses en la política local y en la de Francia, y el motivo era conocer la opinión de esos legisladores sobre cómo estaba el país después de las elecciones. Pero más importante, y de eso se dieron cuenta los invitados a medida que avanzaba el rico menú del ministro consejero (un buffet froid con lengua a la vinagreta, mousse de palmitos, arrolladitos primavera, salmón ahumado y salmón cocido, ensaladas, helados, tiramisú, cheesecake, todo muy fino), era que los anfitriones querían recitarles el rap con su preocupación por la falta de previsibilidad de la Argentina y la posibilidad de que pasaran dos años hasta 2011 sin ningún cambio, incluso con el agravamiento de la situación de desconfianza que tienen actualmente sobre las reglas de juego en nuestro país. Les pidieron a los invitados que armaran con ellos una mesa permanente para mantener una relación más fluida, intercambiar información de manera habitual, lograr algún mecanismo de intercambio de experiencias y viajes de políticos argentinos a capacitarse a Francia (con los gastos pagos, se entiende; después de todo Francia fue alguna vez un imperio y le han quedado algunos gestos de tal). En fin, lo que se le ofrece a todo nuevo legislador; los que escuchaban se extrañaron de que estos franceses quisieran montar un vínculo de país a país pero esta vía informal de los buffet froids. ¿No lo hacen con la Cancillería?, preguntaron. Ni con la Cancillería ni con nadie, les respondieron.
Hay algo peor que la soledad de quien pierde; la de quien gana pero no sabe bien por qué o si lo hizo como los demás esperaban. Es el dilema de Gabriela Michetti, quien no les habló de eso a los franceses, pero sí al grupo chiquito e íntimo que tiene acceso a su casa de la calles Pasco, entre quienes están Marcos Peña, Helio Rebot, Diego Santilli. y alguno más. Con ellos se dedicó a construir su rentreé pública, que será esta semana cuando asista a la convocatoria al acuerdo político del ministro Florencio Randazzo junto a sus compañeros en la oposición Francisco de Narváez, Felipe Solá y Federico Pinedo. Gabriela, entre las fieras con las que está aprendiendo a convivir y con quienes comparte las dudas sobre si estos llamados son un abrazo del oso, o expresan la angustia de una Cristina de Kirchner que cree que es el último recurso que le queda para terminar sin agonías su mandato presidencial. O sea que tiene las mismas dudas de todos. En la percepción que transmitió Michetti a sus contertulios de la semana, es una gran oportunidad que tiene la oposición para mostrarse seria y con posibilidades para gobernar. No es lo que hizo, cree, Elisa Carrió al rechazar la invitación. «Es la contracara de Kirchner», se le escuchó decir a Michetti. Lilita piensa -según la diputada electa- que es una maniobra de Néstor Kirchner que le dice a Cristina: «Entretenelos un rato, que después aparezco yo. Si no hay diálogo ahora, se nos juntan todos en contra en 2011, distraelos». ¿Y si es así?, dudan quienes la escuchan a Michetti: «Es un riesgo que hay que correr, pero sólo hay que ir, dejar los proyectos y esperar su reacción». ¿Cuáles son los proyectos? Tres para la reforma política, 1) internas simultáneas, abiertas y obligatorias; 2) boleta única; 3) lo más novedoso, elegir diputados por circunscripción pero no uninominal, es decir dividir el territorio del país en circunscripciones que elegirían cuatro o cinco diputados aplicando el d'Hont, es decir que tendrían representación de mayoría y minoría. Este proyecto, creen en la oposición, sería una verdadera reforma porque mitigaría el poder de los grandes distritos como Buenos Aires, que desbalancean y desestabilizan cualquier sistema. Una curiosidad, importante: el gobernador Capitanich, cuando era senador, desarrolló una iniciativa igual a la que lleva ahora Unión-PRO con el mismo propósito, quitarle superpoderes a los bonaerenses. ¿Tendrá suerte en el Congreso una reforma antibonaerense, ahora que Kirchner se hizo bonaerense?
Las deliberaciones de esta mesa chica de los «gabistas», en realidad una línea interna del macrismo, dan lugar también a las confesiones, como las que hace Michetti sobre su rol en las últimas elecciones y que algunos han visto como una autocrítica que no parece tal en tan fuerte personalidad como la de la diputada electa. En esas confesiones ante íntimos, se le escucha decir cosas como éstas sobre las elecciones que pasaron:
«Más allá de estar contenta por haber ganado, siendo oficialismo en la Ciudad (ya que casi todos los oficialismos perdieron y si ganaron lo hicieron por muy poco) y con una ventaja de 7 puntos sobre el segundo) dedique este tiempo a pensar por qué no habíamos sacado más, que era lo que yo esperaba.
Hay varios factores que influyeron en el hecho de no haber tenido 4 o 5 puntos más: a) uno, que es exclusivamente personal, y que tiene que ver conmigo y mi performance como candidata. Si bien no tengo claro todavía cuáles fueron las debilidades o errores de mi trabajo en la campaña, está claro que deben haber existido. Me ajusté estrictamente a lo que se me decía que tenía que decir y no decir, y a lo que se me decía que tenía que hacer y no hacer. Tal vez estuve exageradamente formateada y exageré en eso. Me pasé de rosca y lo que se debe hacer con una guía es dejarse guiar, pero no perder la espontaneidad y la esencia. Es mi responsabilidad no haber sabido entender eso. Creo que tenía mucho miedo a meter la pata y me perdí yo misma. Son aprendizajes costosos, pero a mí me salió así... ¡qué le voy a hacer! De alguna manera no logré transmitir por qué era importante votarme. Y eso es un problemón. b) otro, que tiene relación con la gestión de Gobierno. Creo que es imprescindible repensar y reflexionar acerca de las prioridades de nuestra gestión y de la manera en que llevamos adelante la transformación que queremos hacer y cómo la gente la percibe realmente. c) otros, que son externos a nosotros. Estoy segura de que la estrategia de Lilita de victimizarse en las últimas dos semanas y decir que si no los votaban, ella no sería diputada influyó para que mucha gente que la quiere en el Congreso cambiara su voto y se lo diera al Acuerdo Cívico y Social. Fue muy eficaz. También creo que Pino logró captar el voto bronca contra todo, conjugaba la oposición a Kirchner y la oposición a Macri, y en la Ciudad (más en una elección parlamentaria) eso funciona muy bien. Sobre todo con un discurso reivindicatorio como el que planteó, que siempre sensibiliza y deja tranquilas muchas conciencias. d) Tal vez estuvimos demasiado ocupados en ganar la provincia y descuidamos la Capital, porque nos guiamos por el indicador de mi imagen positiva que al día de hoy sigue superando el 60%. Y todos sabemos que la buena imagen no se traduce automáticamente en votos». Sinceridad extrema en una dirigente, que sería deseable en todos.
Para terminar, una referencia a un rebrote radical, esta vez para festejarle en el restorán Lalín, los 70 años al dirigente de Villa Lugano, Roberto «Beto» Larrosa. Fue el miércoles a la noche y el llamado de la paella acercó a notables como Ricardo López Murphy y Marcelo Stubrin, y a un lote de radicales que quieren volver a vivir: el ex concejal y fiel amigo Osvaldo «Pebete» Martínez, el diputado porteño electo Rubén Campos; Héctor «Tito» Lapadú, Humberto Bonanata, Marcelo Meiss (diputado del Acuerdo Cívico y Social, que deja su banca en diciembre de este año y que quedó en la puerta por ser séptimo en la lista del Acuerdo), vecinos y punteros de Lugano a quienes el Beto» invitó como «numerus claussus». La sorpresa de la noche fue por cierto la presencia de López Murphy, quien servilleta al cuello, deglutió todas las delicias gallegas que se le acercaban. El economista cerró el turno de los discursos con una promesa que encantó a los presentes: «En cualquier momento me cambio el domicilio a la calle Juncal, donde vivo desde hace décadas», balbuceó el «Bulldog». Una luz de esperanza para quienes quieren verlo como candidato a jefe de Gobierno de la Ciudad y que los libere de Elisa Carrió, a quien sólo han querido estos radicales cuando les aportó triunfos, pero no cuando sale tercera, como ocurrió el 28 de junio, con un olfato para la oportunidad que casi los hace aparecer como no radicales.
Vamos a cerrar con un chiste de una categoría que parece renovarse de manera constante. Manolo y Juana están en su casa, en un pueblo del norte de Galicia. Es invierno, se muestra especialmente inclemente, y las nevadas -inhabituales en esa región- son cosas de todos los días. Una mañana, desde la radio, dicen: -Hoy caerán diez centímetros de nieve. Por orden del municipio, estacionen sus autos en la vereda de los números pares. Manolo deja de desayunar para estacionar el auto de acuerdo con las instrucciones de las autoridades. Dos días más tarde, de nuevo el noticiero matutino dice: -El pronóstico prevé una precipitación de nieve de doce centímetros. Por orden del municipio, estacionen sus autos en la vereda de los números impares. De nuevo, Manolo se levanta y obedece la instrucción. Dos días más tarde, el locutor informa: -Hoy volverá a nevar, y copiosamente. Por eso, los autos deben estacionarse... Y en ese momento se corta la luz. Manolo, desesperado, se tira de los pelos y grita: -¡¿Y ahora qué hago, mujer, qué hago?! Juana responde: