28 de marzo 2011 - 00:00

Charlas de Quincho

Un famoso actor de Hollywood visitó por estos días más países de América del Sur que su presidente; en esta gira turística pareció elegir las naciones que había obviado Washington ex profeso. De todos modos, su presidente le envió vía un exmandatario chileno un mensaje tranquilizador a su colega argentina. Estuvimos también en dos quinchos radicales, uno con más tinte judicial que político. En el segundo, claro, nos enteramos de las novedades más jugosas de ese partido, que tienen que ver con fechas de internas, candidaturas y hasta de posibles traiciones. Pero como no todo es política, acompañamos a un grupo de psicoanalistas a su peregrinación pagana para ver una obra de arte monumental (por su tamaño) que parece ser un resumen de su objeto de estudio. Veamos.

Convivencias en la vip del recital de Plácido Domingo en el Obelisco: el presidente de la obra social de Gastronómicos, Dante Camaño, con Hernán Lombardi; la diputada y protocandidata a jefa de Gobierno, Gabriela Michetti, y el ministro macrista Marcos Peña; los embajadores Rafael Estrella, Shan Morgan y Vilma Martínez (España, Gran Bretaña y Estados Unidos, respectivamente). No estuvo Macri; se lo perdió, pero acertó en no hacer proselitismo.
Convivencias en la vip del recital de Plácido Domingo en el Obelisco: el presidente de la obra social de Gastronómicos, Dante Camaño, con Hernán Lombardi; la diputada y protocandidata a jefa de Gobierno, Gabriela Michetti, y el ministro macrista Marcos Peña; los embajadores Rafael Estrella, Shan Morgan y Vilma Martínez (España, Gran Bretaña y Estados Unidos, respectivamente). No estuvo Macri; se lo perdió, pero acertó en no hacer proselitismo.
Vinieron bien los efluvios zen que derramó Richard Gere -actor de confesión budista y con una pasión inexplicable por la América morena- sobre estas costas, que transitaron -también sin mucha explicación- un fin de semana largo con aire tan pacífico que permitió que convivieran el jueves, a pocos metros de distancia, una Plaza de Mayo con oficialistas y opositores usando los micrófonos por turnos para exaltar y criticar al Gobierno, y un Obelisco con más de 100 mil personas que se deleitó con el recital de Plácido Domingo y se dispersó sin chocar con las otras barras. El actor, si estuviera enterado de las inquinas domésticas, se habría empleado más como mediador; estuvo unos días en el Perú, donde coincidió con Mario Vargas Llosa, quien hizo un viaje nostálgico a su casa de Arequipa, donde nació hoy hace 75 años. Siguió en avión privado hacia La Angostura, donde meditó pero también compartió una comida con otro emigrado del «finde», Mauricio Macri, que suele visitar esa villa que figura entre lo más exclusivo del turismo de la región.

El jefe de Gobierno viajó hacia allí el jueves por la mañana con la deliberada, y acertada, intención de no estar en el recital de Domingo. Evitó así que le reprochen hacer proselitismo con actos callejeros, algo que suelen enrostrarle a Daniel Scioli por su frecuentación de los escenarios marplatenses y en el conurbano con su grey de «castañas», «julioiglesias», «pumarrodríguez» y «pimpinelas». También cumpliría, si es cierta la leyenda urbana, con una condición que pondrían los activistas del Teatro Colón para acompañarlo a Domingo en el recital callejero: que no estuviera presente Macri.

Después de la comida con Macri, el actor de «Mujer Bonita» se subió con su mujer y su hijo al avión para recaer en Punta del Este, en donde estaban otros emigrados, como Horacio Rodríguez Larreta (también marginado del recital, por voluntad propia o por condición impuesta por los gremios) y algunos nuevos amigos que le presentaron sus productores: Marcelo Tinelli, Adrián Suar, Pablo Codevilla, los hermanos «Calilo» y Daniel Sieleki, con quienes almorzó el viernes en la posada La Huella, de José Ignacio, a la vista de turistas famosos y también ignotos, como la dama que lo interceptó en el pasillo central, frente a la barra, y lo invitó «Shall We Dance?» (título de otra de sus películas).

Miraban otros circunstantes esta viñeta del actor famoso que se esconde en ponchos, anteojos de sol, gorras y camperas, todo para que no lo reconozcan en un lugar como La Huella, el último a elegir si uno quiere pasar inadvertido. Lo saludaron igual otros parroquianos, como los que poblaban la mesa que encabezó Teresa González Fernández acompañada por Marta Acevedo. Manuel Benítez de Castro, «Pepe» Kaufman, Arnaldita Rodríguez Jurado y Anahí Barrenechea, que no por notables son menos cholulas que esa otra fémina que, denunció ayer el diario Perfil, le tocó las posaderas al divo de «Gigoló Americano». Como un cándido de estos tiempos, Gere ató en pocos días a varias tribus gravitantes de la Patria, de Vargas Llosa a Macri, pasando por sus amigos monopólicos de La Huella, sólo por ser famoso y bien acompañado.


Estas globalidades simpáticas transcurrieron al mismo tiempo que otras más densas y que atrajeron la atención de los que mandan aquí y afuera. Cristina de Kirchner, quien dejó Buenos Aires el martes, pocas horas después del tránsito por los cielos criollos de Barack Obama. El mandatario de los EE.UU. estuvo hasta ese día por la mañana en Santiago de Chile, desde donde le envió a la Presidente un mensaje amistoso que Cristina celebró. La vía no pudo ser más insólita, casi laberíntica; el lunes, antes de una cena en el palacio de La Moneda, Obama se reunió a solas con el presidente Sebastián Piñera y los ex mandatarios Patricio Aylwin, Ricardo Lagos y Eduardo Frei (Michelle Bachelet lo desairó, dijo que tenía algo más importante que hacer en la ONU, adonde maneja una oficina dedicada a promover la condición de las mujeres); en esa charla, centrada exclusivamente en temas chilenos, Lagos le preguntó sobre la Argentina, quizás por encargo de Cristina (nunca se sabrá). Obama le respondió pidiéndole a Lagos que transmitiese un saludo personal para la Presidente y las disculpas por no haber incluido a la Argentina en esta gira.

Preguntado que le fue el motivo, Obama usó el mismo argumento que sus funcionarios: omitió a la Argentina y a Perú de esta tournée porque son dos países en donde hay elecciones y no quería que su presencia fuera usada electoralmente. Cristina ya tiene ese mensaje, tan tranquilizador para su deseo de mantener las relaciones en el mejor nivel como la respuesta que le dio el presidente americano al periodista de The Miami Herald cuando le preguntó sobre la crisis por la incautación de pertrechos militares en un avión que traía asesores para entrenar a policías. Dijo que quería que le devolviesen esos avíos, que se lo iba a pedir a Cristina en persona cuando la vea (seguramente en septiembre, en la Asamblea de la ONU), pero que el incidente no va a definir las relaciones de su país con la Argentina («It's not going to be a defining aspect of the US-Argentine relationship»). Esto le bastó a la Presidente para ordenar que ninguno de sus funcionarios, ni por Twitter ni por radio, haga ningún comentario más sobre esta trama, que quiere naufrague en un sumario administrativo de la Aduana y se diluya. Una forma de evitar más fantasías.

Junto con ese mensaje de Obama vía Lagos, también la informaron a Cristina de otros detalles de la visita del presidente a Chile, breve, tumultuosa y distraída por la crisis en Libia («hice este viaje pese a eso», dijo Obama en El Salvador), sin calor popular, con indiferencia de los funcionarios de Piñera, que se rieron de la comparación que hizo éste de su colega americano («tenemos mujeres lindas, venimos de Harvard, somos zurdos y jugamos al básquet») y se dijeron decepcionados de lo que vino a decir desde tan lejos. Como que ayudará a investigar el pasado de atrocidades cometidas por anteriores dictaduras, pero que él responde de las acciones de su Gobierno en el presente, no del pasado. A la cena que le dio en el palacio de La Moneda Piñera asistió, como a los demás actos, con su mujer Michelle (que debuta una silueta adelgazada en más de diez kilos), sus hijos y su suegra, pero no hubo besamanos con los otros 300 invitados, un ritual infaltable en estas visitas.

Se perdió así de saludarlo el embajador Ginés González García, que figuró entre los 15 embajadores que tuvieron el privilegio de compartir el menú de cordero, ostión, locos y papayas con empresarios y burócratas en el Patio de los Naranjos del palacio presidencial. Una distinción al país aunque menos valiosa que ese mensaje de Obama a Cristina que aquí se ha contado. En la mañana del martes se esforzó Piñera por una segunda reunión a solas con el visitante, antes de que partiera hacia El Salvador, pero apenas lo recibió ocho minutos (o sea cuatro, porque en esos encuentros es obligado el traductor, bastante menos de lo que dedicó antes Obama a correr en la cinta de un gimnasio) en un desayuno casi a pie en el Sheraton de Santiago, que es donde se alojó Obama porque ese edificio frente al río Mapocho tiene un piso blindado con paredes de acero que se construyó en los años 90 para que lo usase, sin temor a atentados, Bill Clinton cuando participó en esa ciudad de una cumbre de presidentes. Tan corto fue ese encuentro que el canciller chileno Alfredo Moreno no pudo llegar a tiempo: se lo impidió el cerrojo de seguridad de más de 750 guardaespaldas que paralizaron el tránsito de la ciudad y lo inmovilizaron pese a sus dignidades de funcionario.


Mucho frangollo partidario en la semana, al amparo de los feriados que dan oportunidad para el proselitismo, pero también para la negociación en comedores y otras variedades del quincho. Un grupo de jóvenes se agolpó en el hotel Elevage (establecimiento con solera partidaria: desde sus salones se han puesto y se han volteado gobiernos) para festejarle el lunes el cumpleaños 50 a Javier Concepción, actual miembro del Consejo de la Magistratura de la Ciudad de Buenos Aires y segundo jefe de la SIDE en época de Fernando de la Rúa. Atrajo con un bandejeo de bocaditos fríos de salmón, jamón crudo y palmitos, un sorbette salado de palta y cilantro, y una mesa de sushi, lomitos y bondiolas, a algunos compañeros del Consejo que integra por una lista de radicales, entre ellos, el presidente «Horacito» Corti, la secretaria Gisela Candarle, jueces del fuero local como Ricardo Baldomar, Carla Cavalliere, quien maneja el sindicato de magistrados porteños, y la aspirante a camarista Gabriela Seijas, amiga privilegiada del cumpleañero.

Se acercaron también pesos pesado de la familia judicial, como el ministro Guillermo Montenegro, su segundo Daniel Presti, Calos Stornelli y el camarista federal Freiler, el exdecano de Derecho de la UBA Atilio Alterini y el exdiputado nacional Marcelo Stubrin. Para cortar tanto espíritu de cuerpo, concurrieron Enrique Nosiglia -patrón de la UCR porteña, que esa noche cerraba una lista única de candidatos armada en su oficina, faena que distrajo al titular de ese sello, Carlos Más Vélez, quien quedó fuera de esos listados, pero no del cóctel-, quien se entretuvo con las anécdotas del exjefe de asesores de Cancillería; el peronista boudouista Eduardo Valdez y Sandra Dosh, actual directora de los Cascos Blancos. No faltó al cumpleaños Lautaro García Batallán, que bascula entre sus tareas en la empresa que le maneja Antonio de la Rúa a Shakira y las que cumple como asesor de funcionarios del Gobierno de Mauricio Macri. Con tanto juez, abundaron los chuscos y enigmas que suelen animar estas reuniones. El más jugoso es el que se pregunta quién es el juez federal cuya pasión por los canarios ha mutado en las últimas semanas por la de la cigüeña y espera un hijo que, seguramente, se incorporará algún día a la familia judicial.

También se preguntaron algunos si el Teatro Colón se ha convertido, restaurado, en la plaza en la que se libran los conflictos. El recital de Domingo -que va a poner a la Ciudad en el Guinness de los actos masivos- es una muestra; otra, la negativa de Mario Vargas Llosa al convite que le hizo Mauricio Macri para dar una conferencia magistral por invitación a un selecto grupo de intelectuales y de políticos. No hacía falta la orquesta, claro, pero el premio Nobel prefirió reservarse para otras intervenciones, como la que tiene prevista para hablar de política el Jueves Santo en la Feria del Libro, una oportunidad a toda ganancia para el autor de «El sueño del celta», lo dejen hablar o no. Con el Nobel y las disputas sobre libertad de expresión con los kirchneristas, lo único que hace Vargas Llosa es vender más libros: ya lleva 800 mil colocados de esa última novela. Hasta ahora, la otra actividad que tiene prevista es aparecer en un seminario de la Fundación Libertad de Rosario y, en las afueras de Buenos Aires, en un asado-homenaje de ese sello en un campo de San Antonio de Areco.

Los verdaderos protagonistas de ese cierre radical de candidaturas porteñas reaparecieron unas horas más tarde en la parrilla La Raya para festejar candidatura en la mesa que suele animar todas las semanas el exsenador José María García Arecha, quien ha quedado anotado como postulante a convencional nacional en la nómina que encabezan Rafael Pascual y Florentina Gómez Miranda. Esa rutina es más rica en comentarios y especulaciones, porque salen de mentes entrenadas en la larga espera en la que se han criado los radicales. Ese partido está conmovido por deslizamiento que se cuenta poco y mal en la superficie, porque las decisiones de los grandes caciques del partido discurren por meandros a los que acceden pocos. Aquí revelamos lo más importante de lo que están cavilando:

  • Ernesto Sanz es el más combatido por sus adversarios, que querrían suspender la interna del 30 de abril e instalar al candidato por consenso, que es Ricardo Alfonsín. El senador mendocino sostiene esa fecha, pero ya ha dicho, siempre enigmático, que sólo la suspendería si «cuantitativamente le conviene a la UCR». Es decir, si ve que el 30 de abril habrá una cantidad insignificante de votantes en esa interna que revelen una escasa movilización. Esperaría, en ese caso, anotarse en las primarias del 14 de agosto. Acaricia ahora esa fecha porque cree que tiene mejores apoyos en independientes que en afiliados y teme que la UCR de Buenos Aires reduzca la cantidad de votantes en la interna de 6 mil a 2 mil, lo cual lo obligaría a contar con más fiscales que le controlen los comicios.

  • Julio Cobos se ha instalado en Mendoza a recorrer el circuito de adhesiones posibles para una candidatura que hasta ahora ha negado, la de gobernador de Mendoza. El movimiento que hace en su provincia sobre esta posibilidad ha movilizado a todos sus conmilitones que suspendieron la interna local para decidir candidaturas.

  • El movedizo intendente de la capital mendocina, Víctor Fayad, quien llegó al cargo con apoyos de todas las ramas partidarias (la UCR formal, Carrió, López Muphy, etc.), enloquece a los propios consintiendo la especulación de que puede ser un nuevo Cobos, es decir, ser el candidato del kirchnerismo a la elección a gobernador provincial, cargo al que ya se postuló antes. Lo señalan como participante de reuniones con Juan Carlos Mazzón y por recibir fondos directos para obras del ministerio de Julio De Vido. Nadie cree en serio que después de ser 12 años diputado nacional por la UCR, el «Viti» se convierta en kirchnerista, pero se ha visto cada cosa que nadie tampoco niega esa posibilidad. Fayad sería en ese caso el contrincante de Alfredo Cornejo (hasta ahora, el hombre con más consenso para pelear la gobernación) o de Cobos, si prosperase esta nueva quimera del vicepresidente.

    Nadie faltó al primero de los vernissages de la llamada exposición del año: «El retorno de lo reprimido» de la artista Louise Bourgeois en la Fundación Proa de la Boca. Disfrutando de una luna que esa noche era un 30% más luminosa que de costumbre, estaban los anfitriones, Adriana Rosenberg y Paolo Rocca, atendiendo a 100 invitados especiales, entre otros, Teresa Bulgheroni, Orly Benzacar, Alberto Sendrós, Guillermo Alonso, Ignacio Liprandi, Esteban Tedesco, y varios diplomáticos como Jefferson Brown de la Embajada de EE.UU., Ricardo Calderón (agregado cultural de México), Guido La Tella, embajador de Italia, y Sergio Baur de Asuntos Culturales de la Argentina. Todos homenajeaban a Magdalena Cordero, la directora de la Asociación Amigos del Centro Cultural Recoleta, recuperada de la feroz embestida de un colectivo porteño que la dejó postrada durante meses.

    El tema dominante de la noche fue el anclaje de la imponente araña de varios metros de altura instalada en la vereda de Proa, ya que pesa 22 toneladas y hubo que afirmar cada una de las patas para que los vientos no la derrumben. Se mencionó el riesgo que implica la instalación y se dijo que la misión de un curador comprende también este trabajo. Se recordó a la académica Nelly Perazzo, cuando olvidó asegurar una escultura en el Paseo de la Infanta, su caída le costó la vida a una niñita y, en consecuencia, cerró sus puertas una de las mejores galerías de Buenos Aires.


    Al día siguiente Proa invitó a un vernissage multitudinario, con artistas, coleccionistas, operadores culturales y un público por demás nutrido. Luego, si bien es cierto que cuando se acaba el champán resulta difícil que la gente vaya a ver arte a La Boca, el sábado llegó una auténtica peregrinación. Los psicoanalistas porteños viajaron desde la antigua Villa Freud hasta Pedro de Mendoza y Caminito para contemplar boquiabiertos la araña gigantesca, la «Maman» (Mami, Mamita, en francés) de Bourgeois. De acuerdo con su título, la muestra exhibe un festín de falos, genitales, culpas, bloqueos, introyecciones, proyecciones y angustias. No es de extrañar que los psicoanalistas se deleiten con el influjo de su materia, y además, disfruten de una visita guiada pensada casi especialmente para ellos. Hay piezas clave, como el sangriento banquete de la artista que corta en pedazos a su padre para devorarlo.

    Allí se invita a los psicoanalistas a hablar, a interpretar. Aseguraban que la Argentina fue el país con mayor número de analistas y psicoanalizados del planeta, y se mencionó el silencio que sobrevino en estas dos últimas décadas. Es cierto que el psicoanálisis perdió popularidad, pero en La Boca recupera el protagonismo, revive el nirvana y después de ver la muestra no parece haber nada mejor que tirarse 50 minutos en el diván. En el colmado restorán de Proa con su vista al Riachuelo bullían el sábado las conversaciones temáticas. A las 15 una multitud esperaba la visita guiada que un público, que rondaba entre los 40 y 70 años, escuchó con devoción, como en misa. Los murmullos se silenciaban con autoritarismo. Entretanto, al caer la tarde, para acompañar la noche en vela, se iluminó escenográficamente la araña, y un conjunto de rock comenzó a ensayar los primeros compases de un concierto interminable.

    Vamos a terminar con un toque de humor negro. Los pasajeros comienzan a abordar el avión casi junto con la tripulación. Con horror, ven que el piloto y el copiloto son no videntes: uno lleva un bastón blanco y el otro es auxiliado por un perro lazarillo. Uno de ellos incluso aparta a los pasajeros a bastonazos, hasta que llegan al cockpit y cierran la puerta. Los pasajeros pasan rápidamente del asombro al horror cuando el avión comienza a carretear con esos dos comandantes piloteándolo. Los viajeros se miran entre sí con creciente desconfianza; la aeronave llega a la cabecera de pista y comienza a acelerar para el decolaje. Los pasajeros comienzan a hablar, después a levantar la voz y, cuando la máquina está recorriendo los tramos finales de la pista, el murmullo se convierte en un griterío ensordecedor de pánico.

    En ese momento, el avión se eleva y comienza a ganar altura: quedaban menos de tres metros para el final del asfalto. En la cabina, el copiloto deja salir un suspiro de alivio y le dice al comandante:

    - Un día de éstos no van a gritar y no vamos a saber cuándo despegar...
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