1 de octubre 2012 - 00:31

Charlas de Quincho

Pese a que se apostaba a grandes quinchos presidenciales en su viaje a Estados Unidos, lo más jugoso de esa excursión al norte lo protagonizó el CEO de una empresa reestatizada: en un almuerzo reservadísimo (del que tenemos todos los detalles), potenciales inversores lo bombardearon con preguntas sobre rentabilidad, remesas de utilidades, conflictos con el personal e inflación. En tanto, en el entorno presidencial se admite que al menos una de las preguntas en Harvard estuvo bien formulada. También supimos qué pasó en una reu-nión entre cancilleres, que levantó no poca polvareda. Más cerca, en el estadio único de La Plata y en el Tattersall de Palermo, se vivieron en simultáneo dos partidos que se jugaron al mismo tiempo: ni un embajador que asistió al match de Los Pumas ni el novio pudieron abstraerse de una infrecuente victoria del club de sus amores. Veamos.

En la vip del Council of The Americas en Nueva York, Eduardo Eurnekian, Susan Segal y el CEO de YPF Miguel Galuccio, quien dio información a más de 50 petroleros y banqueros.; Oscar Parrilli, secretario presidencial, junto al jefe de gabinete sciolista Alberto Pérez y el funcionario Carlos Ginella, del grupo «Encuentro».; El Tattersall congregó al mundo de la moda, la política y empresarios.Fue la fiesta de casamiento de Augusto Rodríguez Larreta y Julieta Spina, (foto junto a Jazmín Alcorta)
En la vip del Council of The Americas en Nueva York, Eduardo Eurnekian, Susan Segal y el CEO de YPF Miguel Galuccio, quien dio información a más de 50 petroleros y banqueros.; Oscar Parrilli, secretario presidencial, junto al jefe de gabinete sciolista Alberto Pérez y el funcionario Carlos Ginella, del grupo «Encuentro».; El Tattersall congregó al mundo de la moda, la política y empresarios.Fue la fiesta de casamiento de Augusto Rodríguez Larreta y Julieta Spina, (foto junto a Jazmín Alcorta)
Cuando todos creían que el viaje presidencial a Estados Unidos iba a ser una usina de quinchos, el carácter público que les puso Cristina de Kirchner a esos días lo convirtió en una vidriera permanente, exhibido hasta por la TV. Se privó de cenas y almuerzos con la comitiva mínima que la acompañó, tan chica como la que hoy llevará a Perú, donde tiene una cumbre de países latinoamericanos y países árabes no musulmanes que puede resultar más tediosa. Pasó el fin de semana en Olivos haciendo balance de lo que ocurrió en las universidades, si pudo evitarse el efecto en el público y si conviene repetir esas apariciones. Aunque se negará, se revisarán algunas conductas que pudieron controlar el diálogo con los asistentes, especialmente en Harvard. También habrá respuesta a lo que la Presidente cree recibió en diálogo en Cambridge, una cobertura que le sacaría de contexto las respuestas, algo que incluirá a la prensa oficial, que por exagerar apoyos omite que la pregunta sobre la reelección fue una pregunta necesaria en cualquier coloquio con ella, y que la respuesta también fue oportuna porque la desmarcó del resto en el debate sobre una reforma constitucional.

Hasta ahora sólo había hablado de eso -en la cúpula del poder- Daniel Scioli, colocándose él en el debate de la mejor manera. Con la respuesta de Harvard de que no desea una reforma y que va a hacer lo que puede y debe en ese punto, gana tiempo y espacio político y sepulta las expectativas hasta nuevo aviso.

Ausente ese viaje de «quincho opportunities», lo mejor de la semana lo aportó el megaquincho que le organizó a Miguel Galuccio el viernes la directora del Council of the Americas para cerrar el road show internacional del CEO de YPF. El entusiasmo de los organizadores era por el arco de empresas que habían pedido esta ahí, tantas que hubo que acomodar más mesas en el comedor de la sede del Council de 680 Park Avenue y aumentar las viandas de cordero que se les sirvieron a los invitados, que pidieron que la reunión fuera «off-the-record», confidencial; reclamaron a los organizadores que no dieran sus nombres para tener libertad de preguntar y, si fuera el caso, discutir y repreguntar. Igual tarjetearon tupido con el lote de argentinos presentes: Eduardo Eurnekian, Carlos Bulgheroni, Jorge Argüello, Tomas Hess -speaker de la Exxon-, Eduardo Valdés, Bernardo Kliksberg -experto en pobreza que funciona como un asesor informal de Cristina de Kirchner-, José Luis Manzano, Sergio Uribarri y alguno más, quienes se llevaron los datos de directivos de Pluspetrol, JP Morgan, Evercore Partners, del banco Bradesco, Citigroup, Goldman Sachs, BNP Paribas, Northern Estates Corp., Riverwood Capital, Greenberg Taurig, Chevron, Fitch Ratings, FTI Consulting, Mizuho Securities, Mason Capital Managements, Amad Holdings. Aunque sea tediosa la enumeración -ocultando a pedido los nombres-, importa para que se sepa quiénes escucharon revelaciones clave del «Mago» Galuccio ante preguntas de estos petroleros y banqueros que pagaron la tarjeta para escucharlo.

La respuesta más importante -tanto como la pregunta- vino después de una exposición breve de Galuccio, quien preguntó si era necesario explicar el plan de YPF con filminas (es como llama Cristina de Kirchner al Power Point). Levantó algunas risas que expresaban que habían escuchando tanto a Galuccio sobre ese plan que podría privarlos de esa carga. Uno de los comensales le preguntó si quienes inviertan junto a YPF en la Argentina podrán girar utilidades a sus casas matrices. El invitado respondió que en la Argentina siempre las empresas pudieron girar utilidades al exterior. Ante la marea que vio venirse, remató y dio un dato, el más importante de toda la exposición: en la última asamblea de esta empresa se autorizó a un pago de utilidades del 5%. Es cierto que no vamos a volver a la etapa anterior, cuando se distribuían ganancias hasta el 85%. El petróleo, saben ustedes, es un negocio que necesita inversiones intensivas para tener algún resultado. La barra quería más y pidió que arriesgue un número: hay que pensar que en los próximos años la distribución de utilidades va a estar en algo así como el 10%. Ya con eso se justificaba el precio de la tarjeta para el almuerzo.


Entusiasmado con tanta franqueza, otro de los empresarios presentes quiso interesarse en lo que no debe y preguntó: «¿Podría decirme usted con qué cálculo de inflación se han hecho las previsiones del plan de inversiones de YPF?». Galuccio se rió y dijo: «Aunque esta reunión la han pedido como confidencial y off the record, no me van a sacar ninguna información sobre ese asunto». Más risas. Otro quiso interesarse sobre los conflictos gremiales en la actividad petrolera, mirando a Bulgheroni, víctima de los «dragones» de Chubut y a quien habían sentado en la cabecera. El salvajismo de algunas protestas en la zona sur sigue en la retina de los inversores. El invitado encapsuló la respuesta a lo que él le compete en su empresa y eludió referirse a esos conflictos en otras. «Desde que asumí -explicó-, he tomado la política laboral como tema mío. Los trabajadores -agregó- no son un problema exógeno a la empresa, son parte de ella y por eso cerramos una paritaria salarial no a un año, como ocurre en otras actividades, sino a 18 meses. Los trabajadores -declamó- son parte principal de YPF, tienen un representante en el directorio y además vamos a crear 10 mil empleos más».

Lo bajó al terreno otra pregunta odiosa, porque señalaba el eje de la política energética del Gobierno desde 2003 hasta este año, cuando se admitió que era errónea y que había que darle un giro, un cambio de paradigma, diría Cristina de Kirchner. Le preguntaron sobre cuál iba a ser la política de precios internos y si pensaban en alguna modificación para arriba que justificase las inversiones de afuera. Como si fuera algo ya conocido y asumido por todos, dijo que todos los proyectos del sector tienen asegurada la sustentabilidad porque de lo contrario no serían viables. Agregó que ya hubo un aumento de 400 por ciento de gas comprimido en boca de pozo el mes pasado, que la nafta tuvo en los últimos años un incremento mayor que la inflación. El silencio que siguió tenía nombre: ¿y el gas? Y siguió: con relación al gas futuro el Gobierno va a definir una política de precios que permita lo más rápido posible sustituir las importaciones actuales que se realizan a un precio muy superior al que se puede producir en el país. Podremos -se ufanó- producir gas en la Argentina a mucho menos de la mitad de precio de lo que lo importamos hoy. Ya en lo adjetivo, dijo que así como cuando alguien piensa en offshore piensa en Petrobras, el día de mañana cuando se diga «no convencional» se pensará en la Argentina, que es un país que va a lograr su soberanía energética como los Estados Unidos, y que a va volver a ser un exportador de gas y petróleo.

Hubo otra pregunta de los inversores, sobre la posibilidad de que Repsol inicie acciones en algún terreno para interceptar el plan de la nueva compañía. No -descartó Galuccio-, y el acuerdo con Chevron lo demuestra; no ha habido ninguna reacción de los españoles. Tampoco han dicho nada de lo que hablamos con el presidente de Exxon ayer (por el jueves). No hoy ningún problema a futuro con Repsol. Los criollos presentes tuvieron su turno, todo para elogiar el plan Galuccio y al propio «Mago». Bulgheroni dijo que la gestión de Galuccio ordenaba el camino para todas las empresas. Hess (que había estado el día anterior junto a su jefe de la Exxon con la Presidente) dijo que lo que habían conversado el día anterior implicaba el despliegue inmediato de equipos de trabajo. Se sumó el iraní Alí Moshiri, vicepresidente de la Chevron para América Latina, que ha firmado acuerdos con YPF, para derramar elogios sobre Galuccio y su equipo, por si hiciera falta. Se lo habían dicho en persona ya en el breve cóctel para un grupo vip en otro piso del Council. Argüello no se quedó callado; había hecho noche en Boston después de la conferencia de Cristina en Harvard y se había pasado la mañana de ese viernes en un tren para llegar a tiempo al almuerzo: sé que esta gente se va ahora de regreso al país, pero las puertas de la embajada en Wa-shington están abiertas para cualquier consulta.

La tarde del viernes quedó desolada y sin argentinos en Nueva York. Galuccio y los suyos emprendieron el regreso a Buenos Aires, Héctor Timerman fue a la previa en Perú de la cumbre de mañana, Argüello se fue a su casa en Washington. Los mirones de todo lo que había ocurrido en la semana tenían, sin embargo, mucha información para traficar, lo que ocurrió en un café a pocos metros de la sede del Council, y que sintetizamos telegráficamente para no distraer al lector en adiposidades de la prosa:

  • El Gobierno centrará su respuesta a los Estados Unidos y a organizaciones de la comunidad judía argentina ante las críticas por abrir el turno de negociaciones por el atentado a la AMIA en Ginebra en este argumento: Irán pidió ese diálogo y no se le puede negar porque es lo mismo que la Argentina le pide a Gran Bretaña por Malvinas. En la reunión de Timerman con el canciller Alí Akbar Salehi la delegación argentina le aclaró que en esas negociaciones no se incluirá ningún otro tema que AMIA, ni asuntos comerciales ni políticos como el plan nuclear. ¿Razones por las cuales se acepta pagar el costo de esas críticas? Que las víctimas del atentado merecen este round, que puede haber juicio en tercer país porque Irán da señales de entregar a sospechosos. Si eso fracasa, será por culpa de Irán.

  • Como en otros temas, el Gobierno cree estar ante un cerco informativo de opositores. Minimizó el fin de semana las críticas de la subsecretaria de asuntos hemisféricos Roberta Jacobson sobre que «una relación con Irán desde la perspectiva de Estados Unidos no es algo benigno». En la tarde del viernes, Timerman se encontró en la calle con esa funcionaria del Departamento de Estado; se saludaron bajo una fuerte lluvia en la puerta del restorán Alcalá -el único que quedaba pegado al edificio de la ONU, y que está cerrando sus puertas por quiebra- y Roberta le contó a Timerman que venía de una conferencia de prensa. ¿Dijiste algo importante?, le preguntó el canciller. Nada, le respondió Roberta, que habla español porque estudió en la Argentina, las mismas cosas de siempre.

  • También el comunicado de la Embajada de Israel en Buenos Aires le parece al Gobierno nada del otro mundo. Ese mismo día, cuando se conoció en la Argentina la crítica a la negociación con Irán, Timerman se sentaba a conversar con el canciller de Israel, Avigdor Lieberman. Cuando se sentaron, Timerman le dijo: Avigdor -así lo trata el argentino-; pensé que ibas a levantar la reunión.

    Lieberman: ¿Por qué me decís eso?

    Timerman: Por el comunicado de tu Gobierno sobre la reunión con Irán.

    Lieberman: ¿Qué comunicado? (y mira a dos jóvenes asesoras que lo acompañaban) ¿Hay un comunicado? Con gestos le dicen que no saben nada.

    Lieberman: ¿Tenés ahí el comunicado?

    Timerman: No lo tengo, pero si no lo tenés vos...

    Lieberman: No lo tengo, porque ni mi Gobierno ni yo hemos hecho ningún comunicado sobre ese tema. Será cosa de la embajada.

    Timerman sonrió pensando en que se abría una brecha en la burocracia del Gobierno de Israel. Igual hablaron del tema y Timerman le preguntó si la Argentina debería invadir o bombardear a Irán ante el caso AMIA: Lieberman sonrió con gestos negativos. ¿O mandamos a matar a alguien? Noooo. Timerman: ¿Entonces por qué no deberíamos negociar? Negocian ustedes, negocia Estados Unidos, negocia Europa, negocia Alemania por separado. ¿Y nosotros no podemos negociar? Se habla de un silencio como respuesta y de un remate: ¿Acaso las críticas encierran la posición de quienes no quieren que haya un juicio y les conviene que esta situación se prolongue? El tiempo aclarará todos los enigmas que se cuentan con discreción y en voz baja para no levantar más pájaros.

    Para ir bajando a tierra en estos quinchos sobrevolamos el llamado estadio único -no es el único, se sabe- de La Plata, adonde en la noche del sábado jugaron los Pumas con los All-Blacks. Daniel Scioli, Alberto Pérez, Julián Domínguez, Cristina Álvarez Rodríguez, Agustín Pichot y una nube de invitados se instalaron en el palco oficial, debajo de lo que está identificado como el palco presidencial y que nadie usa, salvo un primer mandatario -ocurre lo mismo con el palco presidencial del Teatro Colón-. Una marea de gente hizo que las miradas se dirigieran a ese palco, creyendo muchos que aparecería Cristina de Kirchner a ocupar ese lugar privilegiado con una heladera con vituallas para los ocupantes y un cómodo televisor para ver la transmisión. Ante la vista de todos, se instaló en el palco presidencial el embajador Ginés González García con tres acompañantes: el ministro de Defensa de Chile, Andrés Allamand; el ministro de Trabajo de ese país; el sindicalista Luis Mayol, y el alcalde de la coqueta comuna de Vitacura, Raúl Torrealba.

    Los visitantes reclamaron la presencia de Scioli, a quien saludaron y le recordaron que venían sin custodia ni protocolo nada más que para mirar el partido. Sí, decía Ginés, vamos a ver el partido, mientras sintonizaba el televisor del palco con el partido de su casaca, Racing Club, con San Lorenzo, que se jugaba a la misma hora. Ginés, que como muchos no termina de entender eso de usar una pelota ovalada, atendió más al televisor que a los Pumas y gritó, solitario, los cuatro goles. El embajador había hecho pasear a los chilenos -todos exrugbiers- por algunos santuarios gastronómicos como El Mirasol y Marcello, y recién ayer se los entregó a Arturo Puricelli, ministro de Defensa, quien les propinó un asado en el quincho de Campo de Mayo. En la charla con Scioli quedaron de verse pronto. El 7 de noviembre se hace en Buenos Aires una reunión de todos los gobernadores argentinos y al día siguiente una reunión conjunta de los dos gabinetes. No está previsto que participen Cristina de Kirchner ni Sebastián Piñera -quienes coincidirán desde esta noche en Perú durante 24 horas-, pero seguramente ese día estarán en la foto. ¿A qué tanto boato? Es el marco para un anuncio importante, una modificación del tratado minero entre los países -el único binacional del mundo- para incluir la explotación del litio, el recurso vedette hoy para la fabricación de baterías para todo, desde celulares hasta autos.


    Más que un casamiento fue un maratón. Comenzó a las 18 y se extendió más allá de las 4 de la mañana. Nadie lo sintió: fue fruto del armado del evento, DJ, catering, bebidas, shows e invitados propensos a ello. Se trató de la fiesta de casamiento de Augusto Rodríguez Larreta con Julieta Spina en el Tattersall en Palermo. Tras varios amagues durante el día de posibles lluvias, finalmente el clima les jugó ampliamente a favor a los novios. Emotiva ceremonia inicial, con los clásicos consentimientos para el registro civil y palabras del padre Guillermo Marcó, capellán universitario e infaltable en reuniones de este nivel. Después todos al cóctel con la presencia de políticos (el 99% del PRO, obviamente), economistas, banqueros, periodistas y modelos. Estuvieron el jefe de Gabinete porteño, Horacio Rodríguez Larreta (hermano) con su mujer, la wedding planner Bárbara Diez; el ministro de Educación, Esteban Bullrich, con María Eugenia Sequeiros; Gabriela Michetti; Diego Santilli; Jorge Telerman; Rogelio Frigerio (n); el ministro de Gobierno, Emilio Monzó; el presidente del bloque del PRO, Fernando de Andreis, entre otros.

    También estuvieron Gabriel Martino (HSBC) con María Florencia Perotti, Tato Lanusse con Silvina Pueyrredón, Luis Betnaza (Techint), Adrián Kaufmann Brea (Arcor), Clarisa Estol (ex Hipotecario), Alejandro Macfarlane, Marcos Gastaldi y Marcela Tinayre, Federico Polak, el diseñador de moda Pablo Ramírez, Hernán Nisenbaum, Charly Ronco, Santiago Lacase (Burson), Juan Bautista Ordóñez y Lucila Maldonado (en tránsito de Roggio a la gerencia de Comunicaciones de LAN Argentina), Juan Carr, Luis Sessa, Lara Bernasconi, Paula Chávez, el ex Puma Nani Corletto con Jazmín Alcorta, Roberto Giordano, Pablo Duggan, Ari Paluch, Luis Sessa. Pasaron a saludar también Eduardo Elsztain y Miguel Peirano.

    Música de arpa acompañaba las conversaciones a esa hora concentradas en los resultados de dos eventos que se estaban produciendo en paralelo: el partido de Los Pumas ante los All Blacks en La Plata y el clásico de Racing contra San Lorenzo. Chanzas de los simpatizantes de los primeros a los segundos ante la goleada producida. Poco antes de pasar al salón principal llegó Mauricio Macri con Juliana Awada. Con los 300 invitados sentados en sus respectivas mesas, hicieron Augusto y Julieta su entrada con el saludo de servilletas al voleo, cual estadio de fútbol. Rápidamente pasaron por las mesas las frugales y ponderadas entradas y platos principales (tartas de salmón, carne con papas) y la pista de baile comenzó a ser desgastada. Casi nadie eludió ese paso, incluso Macri fue protagonista activo después de sacarse el saco.

    Ya en el primer tema, a Augusto y Julieta los habían levantado en andas, y todas las piruetas que se hacen en estas ocasiones. El novio se subió al escenario, donde recordó a su padre y a un íntimo amigo («el sapo»), que murió el año pasado, que fue quien lo metió en la música. Cantó dos temas: el primero (de Paul McCartney) con su hijo Marcos en guitarra y el segundo (de Elton John) con su hija Jazmín. Antes se vieron los videos producidos con divertidas palabras de Mirtha Legrand en su rol de «la Dueña»; y de Moria Casán, que acusó a Julieta por el «bijou-gate de Paraguay». Otro video ponderado fue el show con un tema de Abba que le hizo la novia a Augusto, acompañada por Cristina Díaz Alberdi y Jimena Alfaro. Entre tanta energía desplegada en las pistas se hablaba en el evento del inminente veto de Mauricio Macri a la ley de aborto no punible, y de los mercados financieros lógicamente. En este caso llamó la atención un dato que recomendó seguir un banquero: si Capriles llegara a ganar el domingo próximo en Venezuela, el boom de los títulos argentinos que se vivió hasta ahora puede multiplicarse. Pero claro, tiene que perder Chávez.


    Con empanadas y vino tinto, el menú convencional (o histórico) de toda celebración peronista, más de doscientas personas -entre ellos, un gran número de militantes del autodenominado «Encuadramiento»- se agolparon en el salón Cátulo, de Anchorena y Zelaya, del Abasto porteño, para el lanzamiento editorial. La historia de esos militantes, apodados Los Demetrios -por el nombre de Tarazzi, uno de sus fundadores-, del peronismo juvenil de los 70, paralela o antagónica a Montoneros, es un capítulo poco explorado del pasado reciente. Por allí pasaron, entre otros, Oscar Parrilli (secretario presidencial) y Juan Carlos Maqueda (exlegislador, exvicejefe de Gabinete y hoy juez de la Corte), entre otros. Un tramo, además, fascinante y colorido de un grupo que comenzó, como la mayoría, con un puñado de militantes y logró, en el 73, alinear a unos 3.000 cuadros de la JP: su punto de reunión eran las islas del Tigre, donde se congregaban para recibir instrucción política y militar.

    Hubo, como indica el protocolo, palabras de los autores -Susana Shanahan y Alfredo Masón- y del coordinador del libro, el funcionario sciolista Carlos Gianella, para quien revisar esa historia es revisar parte de la historia familiar. Mucha mención a la «lealtad a Perón», una de las claves que definió la Biblia de Los Demetrios. Exmilitante del espacio, Parrilli estuvo en la presentación del libro donde figura como uno de los entrevistados. Allí se entreveró en una charla con el jefe de Gabinete provincial, Alberto Pérez. Puede, quizá, leerse como una continuidad de la tregua entre la Casa Rosada y La Plata. Un par de meses atrás, una foto compartida hubiese sido casi imposible. Estuvieron, además, el vicepresidente del IOMA; Roberto Passo; el dirigente del sindicato SUTACA, Vicente Fabbro, y funcionarios del Gobierno provincial como el subsecretario de Gabinete, Juan Pablo Álvarez Echagüe; su par de Coordinación Gubernamental, Alejandro «Topo» Rodríguez; el subsecretario de Articulación Territorial del Ministerio de Desarrollo Social, Nicolás Milazzo, y el titular del Ente Regulador de la VTV, Miguel Ángel Solís, entre otros militantes y funcionarios.

    En otro extremo del dial, empresarios animaron en el Palacio Ortiz Basualdo, sede de la Embajada de Francia, el acto del emba-jador Jean-Pierre Asvaza-dourian para entregarle a Carlos González Fernández, director de la filial argentina de PSA Peugeot Citroën una distinción como Chevallier de Legion d'Honneur de la República de Francia. Hermano de la empresaria Teresa «Colorada» González Fernández, también militante en el peronismo disidente en el nuevo partido FE, que conduce el sindicalista de los rurales, Gerónimo Venegas, acompañó al resto de la familia; otros hermanos como «Toco» y Ramón, y otros festejantes de la cucarda, como Luis Ureta Sáenz Peña (Peugeot Citroën), Osvaldo Baños, Juan Pablo Maglier (La Rural), Archibaldo Lanús y los embajadores de Italia, Guido La Tella, y de Irlanda, James McIntyre, atareado este último dado que recibe en unos días en la Argentina al premier de la República de Irlanda, Michael Higgins, quien en agosto pasado ha dedicado tres semanas a aprender castellano para prepararse para su viaje institucional que realizará por la Argentina, Brasil y Chile.

    Final con artes, como es habitual en estos quinchos como una forma de arrimar al lector a unas orillas menos pantanosas y más tranquilas que las de la política y los negocios. Fue la fiesta de la Semana del Arte en el palacete estilo francés que la firma Moët Hennessy Argentina estrenó este año, en la calle Ortiz de Ocampo. Los invitados de Chandon y la editorial Arte al Día, copa en mano, apreciaron las obras de remodelación de una casona de 2.000 metros rodeada de jardines, que perteneció a los Alvear. Un entendido aseguró que allí, en la década del 20, durante la presidencia de Marcelo Torcuato de Alvear, se hacían festejos inagotables. Consultada la pintora Josefina Robirosa, aclaró que su parentesco con los Alvear (el apellido de su madre) es alejado del presidente que heredó y derrochó varias herencias, se casó con la cantante Regina Pacini y supo ser amigo de artistas e intelectuales.

    El anfitrión, Ramiro Otaño, contó sobre los años que trabajó para la firma en Barcelona y sobre su arribo al país. Ponderó la suerte de tener oficinas lejos del microcentro, en una ubicación privilegiada y un entorno urbano distendido. Para disfrutar de los bocaditos deliciosos y el champán estaban Julio Suaya, Cynthia Ballester, Diego Costa Peuser, Gastón Delau y Luis Sessa, quien edita los libros de fotografías de Aldo Sessa, su padre. El fotógrafo Facundo de Zuviría celebraba esa noche junto al presidente del Rabobank, Jorge Correa, la donación al Museo Nacional de Bellas Artes de una colección de fotografías cotizada en medio millón de dólares. Las donaciones son un tema candente. Y no sólo por los pedidos del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires a los artistas (que se resisten), sino también porque en el MALBA, que había sido el museo elegido en un primer momento por el Rabobank para donar ese rico conjunto de fotografías (dado que Jorge Correa integra la Asociación de Amigos), dudaron, demoraron en contestar y lo perdieron. «Eduardo Costantini titubeó, mientras el director del Bellas Artes, Guillermo Alonso, avanzó, prometió la exposición que exhibe en estos días y aseguró el patrimonio», contó De Zuviría, que acaba de realizar un libro con Gabriel García Márquez.

    Entretanto, cerca de ahí, en el restorán Edelweiss, como si se tratara de un clásico Boca - River, dos hinchadas, ambas de la música, coincidieron al finalizar funciones casi simultáneas. Por un lado llegaban desde el Colón los amantes de Rossini, de ver «La Cenerentola», con la glamorosa puesta de Sergio Renán; por el otro lado, venían los vanguardistas del Teatro San Martín, apabullados por la contemporaneidad extrema y transgresora de la «Conferencia sobre Nada», de John Cage, con la interpretación de Bob Wilson. Cada cual partió por su lado, pero al momento de comer todos coincidieron en el mismo restorán. Aunque la sociabilidad de ese lugar es mejor que la comida que sirven, la noche tuvo su encanto.

    A medida que llegaban las estrellas tronaban los aplausos de todos, sin rivalizar entre bandos, al parecer, distantes. Gino Bogani tuvo su noche de gloria con el vestuario de «La Cenerentola»; Bob Wilson acaparó curiosidad y ovaciones; Renán se vistió para la ocasión, majestuoso con capa oscura y logró que lo vivaran. El chucrut, el gulash y las salchichas alemanas con puré compatibilizaron las posibles tensiones, sin contar el efecto balsámico de la cerveza y el vino, que tornaron imperceptibles las diferencias en las mesas en las que se distribuyeron, entre otros, Germán Neuss, Teresa Bulgheroni, Alberto Sendrós, Gloria Cesar, Martín Bauer, Adriana Rosenberg, Ricardo Calderón, Esmeralda Mitre, Norberto Frigerio, María Teresa Villa-roel, Miet Ferrecio, Mini Zucheri, Julio Olivieri, Sabine de Moschini y Hugo Petruschansky.


    Vamos a terminar con un chiste étnico-marketinero. Un vendedor de una famosa bebida cola regresa a su país después de haber estado en una de las naciones menos desarrolladas del Medio Oriente. Su informe no puede ser más desalentador: no sólo no pudo vender ni una botella de la bebida sino que, además, lo expulsaron del país en pésimos términos. Su supervisor lo interroga para entender qué había pasado. El vendedor explica:

    -Como usted sabe, nuestro producto es virtualmente desconocido en ese país, así que pensé que tenía una buena oportunidad de ganar el mercado.

    -¿Y qué le pasó entonces?

    -El problema es que yo no hablo árabe, así que imaginé que una serie de posters con imágenes podrían comunicar bien el concepto de nuestro refresco.

    -Hasta acá vamos bien...

    -Sí; así fue que encargué tres posters. El primero mostraba un hombre arrastrándose por el desierto, sediento, en harapos. El segundo, el mismo hombre bebiendo uno de nuestros refrescos; el tercero, ese mismo hombre fresco, aseado y bien vestido. Contraté paredes y carteleras por todo el país, donde se veían los tres posters, uno al lado del otro. No sólo no vendí nada, al otro día me escoltaron a la frontera con custodia militar...

    -Me parece todo perfecto... ¿Qué pasó?


  • -No me acordé que los árabes leen de derecha a izquierda...