29 de octubre 2012 - 00:29

Charlas de Quincho

Luto en Río Gallegos y reclusión de la familia presidencial por un aniversario. Otras cancelaciones de actividades (petroleras, estadounidenses) tuvieron como motivo un huracán de fuerza inédita. Una comida, de claro corte peronista, convocó a exmiembros del Gobierno, a quienes un encumbradísimo funcionario les prometió un pronto retorno tras el actual «descanso». Allí, dos datos claves: el canciller viaja a Sudáfrica (niegan que sea por embargos) y el Gobierno espera un fallo adverso estos días por la ley de medios. Otro hombre de la energía (y también del cine) reunió a una constelación de empresarios, artistas y políticos en una comida a beneficio: un laureado director -al que el anfitrión suele producir sus filmes- contribuyó con un corto. Veamos.

Los secretarios Guillermo Moreno y Guillermo Oliveri (izq.) flanquean al homenajeado Raúl Garré (centro, micrófono en mano) en la noche del jueves en un modesto restorán a la vuelta de la Casa de Gobierno. Mucha información petrolera en la cena de la fundación La Casita de Colores en el hotel Intercontinental, a la que fueron, entre otros, la embajadora de los Estados Unidos, Vilma Martínez (en la foto junto a la presidenta de esa entidad, Nancy O’Toole), y el oscarizado Juan José Campanella
Los secretarios Guillermo Moreno y Guillermo Oliveri (izq.) flanquean al homenajeado Raúl Garré (centro, micrófono en mano) en la noche del jueves en un modesto restorán a la vuelta de la Casa de Gobierno. Mucha información petrolera en la cena de la fundación La Casita de Colores en el hotel Intercontinental, a la que fueron, entre otros, la embajadora de los Estados Unidos, Vilma Martínez (en la foto junto a la presidenta de esa entidad, Nancy O’Toole), y el oscarizado Juan José Campanella
El turbión que cayó sobre la Capital pasó por agua el que pudo ser el quincho macrista más rutilante: el festejo de los 47 años del jefe de gabinete de Mauricio Macri, Horacio Rodríguez Larreta. Hombre que suele ofrecer las mejores fiestas, no sólo por su generosidad y ánimo para festejar sino porque su mujer, Bárbara Diez, es la organizadora de saraos más encumbrada de ese sector de la política. Los funcionarios macristas amanecieron con agua y se acostaron anoche tarde con más agua y debieron suspender fiestas formales. Por eso Larreta, que ya está en campaña para una senaduría por la Capital Federal, citó a ministros y legisladores más afines para una sobria picada en su despacho de Bolívar 1, sede del Gobierno porteño, adonde aparecieron, entre otros, Cristian Ritondo, Marcos Peña, Néstor Grindetti, Carolina Stanley, Daniel Chaín, Miguel de Godoy y Diego Santilli.

Brindaron por la suerte personal y política del funcionario de quien Macri dice puede darle pelea al otro postulante a la banca porteña, Federico Pinedo en una elección interna que sería, si se hace -algo difícil en la Argentina de las listas únicas- el debut del PRO en esas usanzas partidarias que parecen una reliquia que nadie honra (la ley de internas obligatorias no alcanzó el año pasado para movilizar a los partidos en alguna competencia leal importante). En esa reunión se cruzó mucha información meteorológica y también se dieron órdenes de atender esas emergencias que parecen una fatalidad para los gobiernos porque nunca lo que hacen alcanzan para mitigar los desastres, que además son cada vez más grandes; Larreta mismo recordó que habían caído 200 mm en una hora, otro récord.

También hubo en ese cóctel improvisado, tanto que dejó al cumpleañero sin muchos regalos -le prometieron hacérselos llegar- mucho clima futbolero por la cercanía del empate de Boca-River, que festejaron unos y lloraron otros cuando nadie había ganado ni mejorado su posición en la tabla. Pero con un fin de semana en sordina en el oficialismo por el luto por los años de la muerte de Néstor Kirchner, el deporte terminó siendo el justificativo para la concentración masiva de políticos y empresarios. Se vio el domingo mismo en los palcos del Monumental adonde lamieron heridas por las dos casacas una mezcla de asistentes que envidiaría algún partido político o algún acto oficial.

Allí se cruzaron, entre otros, Jorge Brito (h), Alejandro McFarlane, los hermanos Sánchez Córdova (uno, Jorge, es tesorero de Boca), Gustavo Marangoni (presidente del Banco Provincia), Juan Brouchou (Citi), Jorge Enríquez (exdiputado), Matías Garfunkel, Aníbal Ibarra, Luciana Aymar, Eugenio Burzaco, Daniel Angelici, Martín Balza (general retirado embajador en Costa Rica), el gobernador entrerriano Sergio Uribarri, el exjefe de Gabinete del Ministerio de Seguridad Raúl Garré, el exdiputado duhaldista Daniel Basile, el jefe del bloque PRO en la Legislatura Fernando de Andreis, los empresarios Martín Cabrales, Héctor Cavallero, «Lolo» Longinotti, «Tato» Lanusse, Marcelo Figueiras, el exsecretario de Menem Ramón Hernández, el exministro de Agricultura Javier Urquiza, Constancio Vigil y su hijo «Costi», estrellas de antaño como «Mostaza» Merlo y «Beto» Alonso, hombres de ley como Martín Irurzun y Ricardo Hornos y, para cortar con tanta varonía, la vedette Virginia Gallardo.

Algunos de los presentes se apersonaron cuando caía el día en la parrilla La Raya, de la calle Ocampo, y ocuparon la mesa más conspicua de ese lugar, la llamada «mesa de los tenores», por el tono del vozarrón de algunos de sus participantes, «Coco» Basile y «Mostaza» Merlo, a quienes acompañó el exdiputado Basile. Nadie reconocerá que allí se dijo nada por aquello de los códigos de vestuario, pero quienes cogoteaban de otras mesas escucharon el dictamen de que Falcioni llega a diciembre en Boca y, salvo que salga campeón, le ponen maleta con rueditas para que se vaya. Se escuchó que Falcioni es uno de los entrenadores que más ha trabajado de todos los que ha tenido Boca, pero los resultados no se le dan. Esa salida eventual no significa tampoco que vuelva Juan Riquelme, a quien todos ya dan como integrado el año que viene al fútbol de Brasil.

También se oyeron especulaciones sobre una presencia estridente en uno de los palcos de River, el empresario ruso Roman Abramovich, quien vio el partido rodeado de un trío de guardaespaldas tan voluminosos que impidieron que nadie se le acercara. ¿Pudo tentarse con alguno de los jugadores de esa tarde? De ninguna manera, sancionaría la mesa. Basile «Coco» volvió a merodear en la charla su futuro como animador de televisión pero sin abrirles el juego a sus amigos. Quienes lo conocen entienden que levanta el precio del contrato. Al otro Basile le preguntaron sobre su jefe Eduardo Duhalde, quien hace un mes y medio está en España. Vuelve esta semana, supimos, con una agenda de entrevistas con todos los dirigentes de la oposición. De candidaturas, nada, nunca más, pero seguirá moviendo la ligustrina.

Mientras dejaban el local de San Telmo, entre tanto peronista en busca de querencia escuchamos detalles de la tarea del sciolismo de armar un tinglado nacional buscando dirigentes en todos los distritos. El nuevo nombre que quedó anotado en la lista de visitantes de Daniel Scioli es el del diputado por La Rioja Jorge Yoma. Este hombre que fue fuerte con el menemismo y después trabajó estrechamente junto a Cristina de Kirchner en el Senado se ha diferencias últimamente del kirchnerismo al rechazar la ley de poda del Banco Ciudad y al proyecto de «per saltum». 

El casamiento de la semana se lo lleva el «pollster» y consultor Roberto Starke, quien casó a la hija de su mujer Marina Lavallén, con el joven Lucas Vinega y festejó, después de la ceremonia en San Nicolás de Bari (iglesia adonde asiste a misa diaria Elisa Carrió), en la estrellada noche del sábado en el Espacio Darwin, de Palermo. La concurrencia, unas 300 personas, fue en realidad un padrón de clientes de su extensa carrera profesional como consultor. Entre ellos Ricardo López Murphy (muy activo, como siempre, a la hora del baile), Adalberto Rodríguez Giavarini, los economistas Juan Carlos de Pablo y Luciano Laspina, el empresario Alejando Massot, Esteban Bullrich, Raúl Granillo Ocampo, amigos de juventud como Enrique y Federico Pinedo, el memorioso radical Oscar Muino, la dirigente Mónica Almada; colegas como Analía del Franco y Manuel Mora y Araujo.

Excelente el buffet froid y el lomo con terrine de verduras, vinos de alta calidad de la bodega Nieto Senetier. En las mesas se discutía, obviamente, sobre la suerte de la ley de medios y las consecuencias del embargo de la fragata en Ghana. Los radicales anotaban que a su eterno ministro de defensa Horacio Jaunarena nunca le habría pasado. Algún fundamentalista sostenía que había que mandarla a pique. Uno de los presentes, con certificado de curioso, echó a correr una leyenda urbana que dará que hablar. Dijo que el Gobierno de Ghana le dijo al Gobierno argentino que le daba 15 horas para zarpar y escapar de los buitres. Esa oferta llegaría a Buenos Aires, pero fue desechada. La fragata se queda allá, fue la orden. ¿Se sabrá alguna vez la verdad?

La pausa por el recuerdo de Néstor Kirchner a dos años de su muerte en 2010 amortiguó las reuniones en el oficialismo, con Cristina de Kirchner recluida en Río Gallegos con su familia. Allí llegó el viernes por la tarde junto a su hijo Máximo, su nuera, la cuñada Alicia y el secretario de Seguridad, Sergio Berni. Con ellos hizo su única salida del fin de semana, la noche de ese día, para visitar el mausoleo en donde están los restos del expresidente, cuando ya se habían cerrado las puertas del cementerio, abiertas a su pedido para evitar aglomeraciones. El resto del elenco oficial no desatendió, pese a ese medio luto en que vivieron el fin de semana, las crisis que pueblan la agenda del kirchnerismo, como la fragata cautiva y la pelea en la Justicia por qué juez atenderá la causa medios en el fuero civil y comercial antes del 7 de diciembre, fecha límite para el amparo que frena la desinversión de los monopolios.

Lo inevitable pesó en otro punto de la agenda que iba a aportar un supermartes con aroma petrolero. Para mañana estaba prevista la reunión en Washington de Daniel Cameron, secretario de Energía, con el ministro del área de los Estados Unidos, el Premio Nobel Steven Chu, para discutir sobre métodos de extracción de gas y petróleo no convencional, es decir, sobre Vaca Muerta. La causa de la postergación de esa cita, que los petroleros miran con mucha atención porque podría disparar una nueva etapa en el negocio en estrecha colaboración con el Gobierno norteamericano -que fue el que hizo pública la importancia del yacimiento cuando nadie hablaba de eso, pese a que se lo había localizado hacía más de un año-, no es sólo la emergencia de la administración Obama para ganar la elección de la semana que viene, que en términos criollos viene «chiva» (cabeza a cabeza, cuando hace seis meses parecía un paseo hacia la reelección). Es porque Jorge Argüello, promotor de ese encuentro, avisó a Buenos Aires que mejor no viajar porque amenaza a la capital del imperio el huracán Sandy. Tanto, que esta semana se congelan las actividades públicas en Wa-shington y aconsejan que la gente se quede en sus casas y que junte agua y alimentos hasta nuevo aviso.

Argüello, claro, tuvo que ocuparse también él de su integridad. La tradicional residencia del embajador en Washington -a la que Álvaro Alsogaray le agregó hace años una pileta para que nadara María Julia- está en refacciones y la que tiene alquilada en el mientras tanto está rodeada de árboles, pero mandó a tranquilizar a sus amigos de Buenos Aires de que pasará el chubasco sin inconvenientes. Los hombres de negocios lo cuidan a Argüello porque le atribuyen responsabilidades que van más allá de su cargo. Por ejemplo, consideran que actuó de manera decisiva para destrabar la operación de venta de activos de la Esso al grupo Bulgheroni en el momento en que parecía que se caía. Ahora era quien fogoneaba la reunión de los equipos de Energía de los dos países que pasa a noviembre, cuando ya se sabrá si Obama reeligió o tiene que irse a casa. De esto y de otras cosas se habló el miércoles en el quincho benéfico más importante de la semana -y eso que hubo varios-, que acercó mucha gente de la industria porque era convocado por la esposa de un petrolero. Fue la cena a beneficio de la fundación Casita de Colores, que anima Nancy O'Toole, esposa del argentino-colombiano Jorge Estrada Mora, geólogo que tiene negocios en energía y también en el cine, y que además es ciudadano honorario español por su contribución como productor de películas y también cónsul general de Singapur en la Argentina, país donde vive hace más de 40 años.

Fue el miércoles en el hotel Intercontinental, y los organizadores sentaron a la mesa principal a los embajadores de Estados Unidos, Vilma Martínez; de Colombia, Carlos Rodado Noriega; de Canadá, Wyneth A. Kutz (una dama que viene de El Salvador); y el de Gran Bretaña, John Freeman. En las mesas, más de 300 empresarios y pocos políticos (Francisco de Narváez, Horacio Massaccesi, Eduardo Amadeo) festejaron el video que presentó la fundación, del cual fue responsable nada menos que el oscarizado Juan José Campanella, que presidía una de las mesas. La mayoría de los filmes de Campanella ha sido producida por la empresa de Estrada Mora y aportó a la noche con un corto en el que se describían las actividades que hace La Casita con víctimas de la violencia familiar. En otras mesas estaban el economista Francisco Mezzadri y Marcelo Guiscardo, uno de los «magos» de la industria petrolera. Ex YPF en la era Estenssoro, pasó por Pride y ahora tiene una empresa en Mar del Plata en donde construye equipos para extracción de petróleo con tecnología propia y que derivó esos productos a la especialidad de moda, el «shale» (no convencional). Avisó que la semana que viene mostrará en Tecnópolis un nuevo equipo que «le sacan de las manos» firmas locales y del extranjero. Había representaciones de la consultora Ernst & Young -Ernesto San Gil, Gustavo Capatti, Enrique Grotz, Eduardo Coduri- y varios CEO, como Carlos Alberto da Costa, de Petrobras; Luis Blasco, de Telefónica; Juan Waehner, de Telefé; gente de Andes Energy; y el representante de American Airlines, Sergio Hurtado. Como todos los años, el final fue con sorteos y con el petrolero Guiscardo tocando el piano ataviado de «black tie». Este personaje, junto al juez Norberto Oyarbide, es el único que va a estas galas con tuxedo, a la usanza norteamericana.

De estos fastos empresarios pasamos, eligiendo entre lo mucho que hubo en la semana, a una reunión del más rancio kirchnerismo. Fue el martes en el modestísimo restorán San Francisco, de la calle Defensa, a la vuelta de la Casa de Gobierno, donde dos centenares de peronistas olvidaron sus cuitas internas para hacerle un homenaje a Raúl Garré, renunciado jefe de asesores de su hermana Nilda en el Ministerio de Seguridad, por la crisis de los sueldos de las fuerzas de seguridad. Salvo la presencia estelar de quienes presidieron la mesa, el resto era un club de exfuncionarios caído en acción, como Eduardo Valdés (ex Cancillería), Kelly Olmos, Juan Pablo Schiavi (ex Transportes). Organizaba el legendario «Oso Charly», Carlos Monti, que viene ofreciendo cenas políticas desde el fondo de los tiempos, como aquella mítica ñoquiada para Carlos Menem a finales de los años 80. Esta vez «el Oso» eligió ese salón de la calle Defensa porque funciona en la que fue propiedad de Encarnación Ezcurra, mujer de Juan Manuel de Rosas, y está en la cuadra desde donde se organizó la defensa de Buenos Aires en la segunda invasión inglesa. Lo describió con emoción en el discurso para ofrecer la cena y relacionó la ocasión en la imagen de la fragata Libertad en manos de los jueces de Ghana.

Los dos funcionarios que estaban en la cabecera eran dos Guillermos, Moreno (Comercio Interior) y Oliveri (Culto), que se destacaron frente al malón de peronistas que tuvieron cargo o que lo esperan. Más inadvertidos pasaron en mesas laterales Julio Vitobello (Oficina Anticorrupción) o Carlos Montero (Presidencia), el exembajador José Luis Fernández Valoni, quienes habían recibido a Moreno con el saludo de «Good Morning Vietnam»; el polémico secretario partía al día siguiente a Vietnam en otra misión empresarial. Para un peronista, se sabe, no hay nada mejor que otro peronista con cargo; por eso le festejaron a Moreno sus recuerdos de viejas luchas juveniles en el PJ de la Capital Federal. También la mención que hizo a la oportunidad: «La Presidente sabe que estoy acá y les manda un saludo a todos y al compañero Garré».

Éste escuchó atento cómo Moreno decía que «viene para algunos un momento de descanso, pero no por mucho tiempo, porque en cualquier momento los van a convocar a la función. Después de los discursos del «Oso», de Valdés, de Moreno y del agradecimiento de Garré, el secretario de Comercio se retiró apurado. Quedarse, aunque fuera en la cabecera, lo hubiera sometido al besamanos y a los mangazos habituales en cualquier reunión de este tipo. Esa salida llevó los comentarios hacia la prosaica agenda del día a día. Supimos allí un dato clave para la crisis de la fragata: el miércoles, Héctor Timerman viaja a Sudáfrica. Allí permanece en reparaciones, y amenazada por los acreedores, la corbeta Espora. El Gobierno negará que el viaje tenga que ver con eso, y dirá que la agenda del canciller es económica y que era un viaje resuelto mucho antes de los hechos de Ghana.


Con la experiencia de Garré como jefe de asesores de su hermana cuando estaba en Defensa, hubo mucho intercambio de datos. En esas mesas -en donde se podía elegir entre ñoquis, ravioles rellenos o una espectacular milanesa de pollo de un tamaño que no soñó Mazzorín en su peor pesadilla- se criticó a los marinos por insistir en hacer viajes de instrucción de vuelta al mundo. Garré dijo que cuando ellos estaban en Defensa esos viajes se hacían por puertos de países de Unasur para entrenar a los guardiamarinas en hipótesis de conflictos realistas. Contó que siempre existió la dificultad de apartar a los uniformados de algunas tradiciones, como la de que cada oficial del arma de caballería tiene que saber jugar al pato, para lo cual hay que proveerlo de un caballo y mantener canchas de pato. También se recordaron otras tradiciones, muy a propósito de la fragata, como el cuento de la construcción del mascarón de proa de la nave, encargado por la Armada al escultor gallego, residente en Mar del Plata, Carlos García González, conocido con el apodo de «Gegé». Cuando le pidieron la obra, antes de cerrar el trato, un marino se vio en la obligación de decirle a Gegé (quien hoy vive a los 89 años en Mar del Plata) que, según una leyenda naval, quien construía un mascarón de proa sufría una desgracia personal. Gegé firmó igual y antes de terminar su obra perdió a su mujer, en cuyo rostro está inspirado el mascarón, que lleva además la dedicatoria «A Niké», apodo de su fallecida esposa.

¿A qué ritos será expuesta esa imagen en bandera resistente al tiempo y al agua de mar en manos de los ghaneses? Estremecidos, algunos apostaron a la idea de esperar al remate de la fragata, si ése es el destino como prenda de una deuda, y recomprarla. Algunos que presumieron de expertos tiraron un número para el valor de la fragata en una subasta. De base, unos u$s 50 millones; pujando puede llegar a u$s 100 millones, o aún más, gritó uno de atrás, porque tiene motores adaptados al casco que la vuelven única después de las últimas refacciones que le hicieron. Como además algunos le atribuyen un simbolismo especial, podría llegarse a los u$s 200 millones, menos que los u$s 370 millones que están reclamando «los buitres» ante los jueces ghaneses. A esa altura de la semana también se sabía que circulaba la nota de apoyo de los excancilleres argentinos desde 1983 a la posición argentina ante este asunto, una rareza de país normal que llamó la atención por la audacia y por la solidez de ese gesto. La promovió el excanciller radical Adalberto Rodríguez Giavarini (presidente del CARI, ONG a la que este Gobierno le retiró un subsidio que derivó a la escuela del servicio exterior) a través de la excanciller también radical Susana Ruiz Cerutti. Como esta diplomática es la jefa de jurídicos de la Cancillería, no firmó el documento, pero es quien convenció a todos los exministros de que lo hicieran.

Había algunos abogados ya expertos en los meandros de la pelea judicial para el tema medios. Aportaron un dato clave: el Gobierno teme que mañana el camarista Francisco de las Carreras, impugnado el jueves por un viaje que habría hecho con auspicios monopolíticos a Miami, dicte un amparo nuevo a favor del grupo Clarín que puede postergar la desinversión. Es en un nuevo amparo del cual se enteró el gobierno hace una semana y al que no le habían corrido vista y que se presentaría cuando la Corte le puso fecha del 7 de diciembre al amparo anterior. de ahí la prisa en la recusación, que hoy debe resolver la Cámara Civil y Comercial. También por eso se apura esta semana la sanción del «per saltum» que le puede servir para frenar otras oposiciones a la aplicación plena de la ley de medios.

A este peronismo que le toca vivir al país le cuesta salir del túnel del tiempo; y más cuando sus protagonistas han cruzado el ecuador de los 50. Por eso la sobremesa se zambulló en anécdotas de militancias propias y ajenas. Recordaron cuando antes de 1983 habían caído todos en las redes de Vicente Saadi en la agrupación Intransigencia y Movilización, adonde despuntaron muchos, como los hermanos Garré, a la vida política. Ese grupo se alimentaba de una especie de peronismo de izquierda con algo de montonerismo, pero llevaba adentro el germen de la división. Primero fue una pelea de Saadi con Julio Bárbaro, que coincidió con un intento de secuestro de éste. Pasaron los días y pese a esa pelea Bárbaro apareció en las listas que encabezó Ítalo Luder y fue elegido en 1983. El otro cisma lo produjo el recordado acto de la Federación de Box en el cual se subió al escenario Carlos Menem -apadrinado por Saadi- y dio el discurso en el que reivindicaba la figura de Isabel Perón. Dividió a la platea como Perón en la Plaza de Mayo diez años antes y terminó con aquel sueño catamarqueño.


Fino final con fino arte para una semana agitada para ese mundo, que comenzó el lunes pasado con un almuerzo en el Museo de Bellas Artes y culminará hoy, cuando a las 21 horas se cierren las puertas del Centro Cultural Recoleta con la feria Buenos Aires Photo. Para presentar ante coleccionistas los tesoros de la pintura barroca que llegaron con la muestra «Caravaggio y sus seguidores», invitaron a un almuerzo en el nuevo espacio del Museo de Bellas Artes destinado al relax. Los manjares llevaban la firma de Javier Cainzos, un joven coleccionista y empresario de la alta cocina.

Allí, después de una extensa visita guiada a cargo de Ángel Navarro, una eminencia en el tema del tenebrismo, a la hora de las felicitaciones estaban: el gran patrocinante de la muestra, Cristiano Rattazzi, de Fiat; el director del museo, Guillermo Alonso; el presidente de la Asociación de Amigos, Julio Crivelli; el embajador de Italia, Guido La Tella; y el primer consejero, Marcello Apicella. El dueño de la pintura «estrella» que llegó de Milán, Alberto Zoffili, hijo de un coleccionista que luchó 25 años para que le atribuyeran su cabeza de Medusa a Caravaggio (cambio que significó una escalada en su cotización), comentó su experiencia al operador cultural Miguel Frías y a Teresa González Fernández. Luego de los discursos llegaron el champán y una crema de vegetales deliciosa envuelta en salmón rosado, seguida de otras exquisiteces. Allí estaban María Herrero, Claudia Caraballo, Adriana Rosenberg, Magdalena Cordero, Teresa Gowland, Cristina Carlisle, Norberto Frigerio, Felisa Larivière, Josefina Blaquier, Susana de Bary y Javier Vernengo.

El miércoles pasado, para Diego Costa Peuser y Gastón Deleau, directivos de Buenos Aires Photo, y Rodrigo Alonso, su eficiente curador, la feria dedicada a esta disciplina que esta noche cerrará sus puertas en el Centro Cultural Recoleta, comenzó con un desayuno en los jardines del Palacio Duhau. Huevos revueltos, jugos, frutas, cereales y tortas con un sabroso café expreso para comenzar una larga jornada. Con un vernissage matutino se presentó la exposición de fotografías de Santiago Porter en la sala de exhibiciones del hotel Hyatt, un espacio abierto al público que vale la pena visitar. Luego, la feria se inauguró con un almuerzo bajo la sombra del tilo del patio central del Cultural Recoleta.

Allí estaban Amalia Monpelat y Florencia Valls, del Malba; Marta Minujín, que abre la megamuestra con su silueta en tamaño real; los editores Marcela Costa Peuser, Dudu von Thielmann y Jean Louis Larivière; los galeristas Orly Benzacar, Marina Pellegrini, Karim Makarius y Eleonora Molina, entre otros que recibieron a sus pares extranjeros; y Gabriel Werthein entre los coleccionistas y empresarios. El tema de rigor, después de la ensalada Caprese, cuando llegó el pollo crocante, fue el problema que la pesificación impone al mercado. Nos enteramos allí que para participar de una feria internacional de primer nivel hay que disponer de 100.000 dólares. ¿Cómo se las arregla un galerista argentino para que sus artistas no pierdan el terreno ganado en el exterior? Aconsejaron entonces recurrir a la Cancillería argentina, que en estos días presentará en Cádiz, España, a Daniel Santoro, el pintor de la gesta peronista. Sobre el artista elegido para representar al país en la Bienal de Venecia, se dijo que desde hace dos años trabaja la figura de Evita.


El chiste laboral que concluyó los Quinchos del lunes. Cuatro trabajadores están conversando sobre sus perros. Uno de ellos, ingeniero, dice que su can se llama «Escuadra», y que es capaz de dibujar figuras geométricas sobre el papel. El segundo, un contador, replica que el suyo, que se llama «Regla de cálculo», puede traer una docena de galletas con el hocico y dividirlas en pilas de tres. El tercero, un químico, cuenta que su mascota se llama «Medida», y asegura que es el mejor de todos porque puede traer un litro de leche y dividirlo en diez vasos, cada uno de 10 centímetros cúbicos. Después de esto, los tres dirigen su mirada al cuarto integrante del corrillo, su representante gremial, y le preguntan:

-¿Y tu perro? ¿Cómo se llama, y qué es capaz de hacer?

Y el gremialista simplemente llama:

-«Descanso»... muéstrales a estos señores lo que sos capaz de hacer.

El perro acude al llamado de su amo, se come las galletitas, se bebe la leche, ladra de dolor dando a entender que mientras comía y bebía le surgió una lumbalgia dolorosísima, toma el papel con las figuras geométricas y lo usa para llenar una queja por condiciones laborales insalubres, se presenta para cobrar el subsidio por jefe de familia desocupado y se va a la casa con licencia médica.

Vamos a terminar con un chiste levemente machista. Tres convictas, una morocha, una castaña y una rubia, escapan de la cárcel. Rápidamente la fuga es descubierta, y la Policía sale en persecución de las tres prófugas. Las tres mujeres, corriendo por las calles del pueblo donde está el presidio, buscan refugio en un galpón aparentemente abandonado. Allí encuentran tres bolsas de arpillera y se meten cada una de ellas en una de las bolsas. Al rato llega la Policía. Revisan el galpón y no encuentran nada, pero uno de los oficiales le dice a un agente:

-Pateá esas bolsas, a ver qué hay adentro.

El agente obedece, y se acerca a las tres bolsas. Patea una, en cuyo interior se refugia la morocha. La mujer, al sentir el golpe, dice:

-¡Guau, guau!

-Acá hay un perro -dice el policía. Se mueve hacia la segunda bolsa; la patea. La castaña que está escondida ahí susurra:

-¡Miau, miau!

-Acá hay un gato -dice el policía. Finalmente, se aproxima a la bolsa donde está la rubia y la patea. La chica grita:

-¡Papas, papas!

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