Chávez, como el café: marroncito, tetero o guayoyo

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Caracas - ¿Hacia dónde va Chávez en esta crisis? ¿Está en un punto de inflexión? ¿Comenzó a descender, sin baranda ni balaustre, por una rampa sin red? ¿Todavía hay Chávez para rato? ¿Cuál es el Chávez de hoy? Todas estas preguntas están, siempre, desde hace 11 años, en cualquier análisis que se haga de Venezuela. Sea estadístico, sea sociológico, sea económico, sea político, Chávez es la fuerza centrífuga que durante una década viene haciendo girar consigo a toda Venezuela.

La crisis actual, sin embargo, no se parece a las anteriores. Chávez arrastra el esmerilamiento propio de una década de sobreexposición y de sobreoferta de promesas permanentes, encadenadas en una cinta sinfín, que vuelven y vuelven sobre lo mismo. Por eso, mas allá de las particulares circunstancias, procesos y escenarios que Ámbito Financiero buscó describir en esta cobertura especial sobre Venezuela, en cambio, la pregunta pendiente, la última, es ¿y Chávez?

En los últimos tiempos, dicen los «chaviólogos» o traficantes de trascendidos sobre lo que sucede en Miraflores, el presidente Chávez se viene saliendo de la rutina. Come mucho y desordenado, toma más litros de café que antes y, cuando no está frente a una cámara de TV o en un acto público, fuma cigarrillos Belmont uno tras otro. Duerme poco y mal, por eso convoca a ministros, asesores y dirigentes del PSUV a horas destempladas de la noche o de la madrugada.

«Por primera vez en 11 años, a Chávez se lo ve nervioso, angustiado», opina Nelson Bocaranda, uno de los periodistas mejor informados de Venezuela, crítico acérrimo del chavismo desde su columna «Runrunes» en el diario El Universal. «Siempre cometió errores: baste ver que van 157 ministros que pasaron por su gabinete para darse cuenta de que siempre le echó la culpa a algún chivo expiatorio», agrega. Pero a pesar de que «es el mejor showman que ha tenido el país, el mejor comunicador, esta vez se lo nota acorralado», dice a esta enviada especial.

«Ni nervioso ni angustiado: Chávez está en campaña electoral»: así es la instantánea que del bolivariano da Teodoro Petkoff, ácido editorialista del diario Tal Cual. En diálogo con Ámbito Financiero, Petkoff, ex guerrillero que del sueño castrista se rebautizó en el liberalismo cuando se negó a que en 1998 el MAS (Movimiento al Socialismo) apoyara a Chávez, agrega que «todos los últimos hechos de expropiaciones, transmisiones en cadena, visita de cubanos como Ramiro Valdez tienen el propósito de mantener un espacio electoral, de retener a aquellos que todavía lo siguen».

«Chávez siente que se le están escurriendo, pero a la vez, es de lejos, el mejor campañero que ha dado Venezuela», concluye este periodista cuya nota editorial, firmada con su nombre o con el seudónimo de Simón Boccanegra, provoca tirria en el chavismo. «Es un político hábil, que siempre actúa conforme a la realidad, cualquiera sea», concluye Petkoff.

Renovación

«Nunca da tregua»
, define, por su parte, la arquitecta Aixa Armas, dirigente de Espacio Civil, una ONG centrada en la mujer y la causa femenina. «Cuando uno cree que Chávez murió destruido por el fuego de su ineficiencia y corrupción, se renueva sorpresivamente», dice a esta enviada especial. Para Armas, no es tiempo de hablar de malos Gobiernos ni de Gobiernos caídos, «hasta tanto no lo derrotemos a punta de votos, a punta de conquistarle esa masa que lo sigue», proclama con entusiasmo. «Seamos prácticos: aun en baja, su 48% de popularidad es altísimo todavía. Es el mismo porcentaje con que acaba de ganar las elecciones Laura Chinchilla en Costa Rica».

Para Raúl Lotitto, presidente del grupo editorial GEP (publica las revistas Producto, Dinero y PCWorld), «Chávez tiene larga vida». «Mientras el pueblo parece anestesiado, gran parte de la clase dirigente venezolana está en otra cosa y cree que porque la familia se fue a Miami, puede esquivar la realidad de esta dictadura populista», agrega este periodista argentino, ex delegado sindical, ex redactor de Clarín y que en los años de plomo de los 70, perseguido, llegó a Caracas con su familia para reiniciar su vida. «Vine a Venezuela para vivir en democracia, lejos de dictadores y populistas», explica, «y mira dónde estoy ahora», dice a esta enviada casi sin resabios de acento porteño.

«Nunca va a entregar el poder en elecciones democráticas», dice en tanto Froilán Barrios, dirigente sindical y profesor universitario. «La foto de él colocando la banda presidencial a su sucesor no existe», agrega en pesimismo. «Hoy, por las suyas, Chávez no se va», define.

Descripción

Los «chaviólogos» describen a Chávez como un animal político del mejor pedigrí. «Vive la política 24 horas al día porque él, justamente, sigue siendo la política», explican. Tiene, sin embargo, un grave defecto, según explica Alfredo Maldonado, editor de Venezuela Analítica, una publicación on line con base en Caracas. «Chávez piensa y analiza mucho, pero asimismo comenta en público, y demasiado, aquello que está pensando y pasando», dice.

«¿Quieres que te dé un Chávez de spot publicitario?», ofrece Maldonado, de larga trayectoria en el publicismo venezolano. «Hoy es como un helado, que conserva su buen sabor -el que prefieras-, que puedes mirarlo y admirarlo sólo hasta que se disuelva, y que sólo será frío hasta tanto no lo saques de su ambiente, que es cuando se derrite y termina por desaparecer».

Como a la hora de ordenar el café, en la Venezuela actual hay muchos Chávez. Se pide marrón o marroncito, tetero o negrito, guayoyo o con leche corto, con leche oscuro o con leche sola. Matices y variaciones de lo mismo, que como con Chávez, una vez que está en la mesa, uno lo toma o lo deja. Pero no puede dejar de comentarlo.

* Enviada Especial a Venezuela

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